El último tango en París

Maria Schneider y Marlon Brando

La última película maldita

Por María Solá

La luz necesita de la oscuridad así como las notas de los silencios, la vigilia del sueño y los folios de espacios vacíos. Las teclas negras de un piano destacan por el simple hecho de contrastar con las blancas: siempre menos comunes, siempre menos tocadas, siempre más atractivas. Y así es como, mediante la unión de los opuestos, en el mismo barco encontramos a un Marlon Brando adulto que necesita de una joven Maria Schneider.

Corría el año 1970 en Italia cuando el hijo pródigo del poeta Attilio Bertolucci debutaba a sus 20 y pico años como aspirante al Óscar por su trabajo en El Conformista. Dos años después sería nominado a mejor director por El Último Tango en París; aquella película “maldita” que logró noquear a un prometedor cineasta pero que, sin embargo, también lo catapultó hacia un éxito desmesurado (de nuevo, la luz necesita de la oscuridad). Bernardo Bertolucci se había codeado hasta entonces con grandes figuras del séptimo arte como Sergio Leone y Dario Argento, ejerciendo también de asistente de producción en Accattone (1961), el primer largometraje de Pier Paolo Pasolini. Realmente su amistad se remonta mucho tiempo atrás, cuando la familia Bertolucci se traslada a Roma y Bernardo comienza la universidad. Se cuenta que los dos artistas vivían a un par de portales de distancia, y que fue la profunda admiración del joven Bernardo por Pasolini lo hizo de este su mentor y segundo padre.

El Último Tango en París comienza a rodarse según Bertolucci termina El Conformista. El elenco de la película parece estar conformado tanto por personalidades conocidas como por caras nuevas,  como la de una joven aunque precoz María Schneider, que se estrenaba en el celuloide como actriz revelación. 

Todos conocemos la historia: Sumido quizá en sus pensamientos, Paul (Brando) deambula por un París decadente cuando se cruza con una chica preciosa (Schneider). A Paul no le interesa saber quién es. Lo único que desea es usarla para liberar todos esos sentimientos de dolor reprimidos y ceder la palabra a su instinto animal. Ella, aunque prometida con un director de cine que quiere convertirla en estrella (Jean-Pierre Léaud), acepta el juego y se somete a su voluntad. Et voilà! Esto es el film; una encantadora historia sobre el desencanto basado en el rechazo, la soledad y el dolor físico y psicológico. Una pieza dotada de ritmo, música y colores excepcionales que logró ensalzar la figura del director y el actor estrella, haciendo que una vivaz e ilusa diecinueveañera acabara recluida en un psiquiátrico. Cuando esta firmó por su papel en la película, no se le ocurrió pensar en qué clase de conflictos se vería envuelta años después. Involuntariamente escandalosa, fue una película censurada en España ya que, debido a la sombra de la dictadura, no pudo verse aproximadamente hasta seis años después. La proyectó por primera vez un pequeño cine de Barcelona, el 16 de enero de 1978. Sin embargo, fueron muchas las personalidades que durante la fecha de su estreno cruzaron la frontera para ver aquella película prohibida que tanto incitaba a hacer el amor. Gracias al trabajo fotográfico de Vittorio Storaro la película consiguió llegar a su máximo esplendor, archivándose en la memoria de todos los espectadores que durante aquellos años tuvieron la oportunidad de verla en la gran pantalla.

En 1974 El Último Tango en París fue la primera película en ser procesada bajo la Ley de Publicaciones Obscenas de Gran Bretaña, ordenando así eliminar la famosa escena de la sodomía con mantequilla.

La enigmática ciudad se alza entre la niebla, el sentimiento de claustrofobia pero morbo que produce ese antiguo piso dónde corretea alguna que otra rata muerta, la atracción de dos personas fundiéndose, aislados, sin saber ni sus nombres; obviamente la pieza levantó más que polvo en todo el mundo por sus polémicas y controvertidas escenas de sexo. Durante la década de los 70, Bertolucci es sometido a diversas acusaciones en las que el Tribunal le suspende el derecho al voto durante cinco años y retira todas las copias del film. Racionalmente perverso, el mundo sucumbe a su cinta y se consagra, mediante una carta maestra, su fama mundial.

En 1974 El Último Tango en París fue la primera película en ser procesada bajo la Ley de Publicaciones Obscenas de Gran Bretaña, ordenando así eliminar la famosa escena de la sodomía con mantequilla. Pero lo más importante no fue la cantidad de sexo explícito que había en la cinta, si no todas las críticas implícitas y explícitas respecto a las instituciones sagradas (la religión y la familia) a las que Brando hace apología durante todo el film. La película estaba disponible en una versión censurada R-rated y en una (que tuvo mayor difusión) sin cortar X (o NC-17). En la misma Italia, la película fue prohibida y acusada por su «contenido obsceno” y a mediados de los 70 Bertolucci fue condenado a cuatro meses de prisión condicional por “alteración la decencia pública”. Pasolini murió de forma prematura en 1975 y un año después le siguió Visconti. Así pues, en 1977 solo quedarían dos grandes figuras destacadas del cine italiano; Bertolucci y Fellini.

El último tango en ParísTítulo original:Ultimo tango a Parigi (1972)

Duración 129 min.

País: Italia, Francia.

Director: Bernardo Bertolucci

Guión: Bernardo Bertolucci, Franco Arcalli, Agnès Varda y Jean-Louis Trintignant

Fotografía: Vittorio Storaro

Música: Gato Barbieri

Reparto: Marlon Brando, Maria Schneider, Jean Pierre Léaud, Massimo Girotti, Maria Michi, Catherine Allegret
Giovanna Galletti.

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