Un año de fracasos para la igualdad

Por Claudia Lorenzo

“No tenemos el coño para más ruidos”, dijo Yvonne Blake al finalizar su discurso tras recoger el premio Mujer de Cine 2014 en el Festival Internacional de Cine de Gijón. Se quejaba así de que, aunque ha habido avances en las desigualdades entre sexos en nuestra sociedad, aún queda mucho camino por recorrer.

También queda mucho camino por recorrer en el cine español. En el año de mayor recaudación de su historia reciente (123 millones el 10 de diciembre de 2014, según La Federación de Asociaciones y Productores Audiovisuales de España, FAPAE, sin contar con el dinero que siguen ingresando muchos estrenos en pleno apogeo), el papel de las mujeres delante y detrás de las cámaras ha quedado reducido a un puñado de personajes con una identidad vaga, una reiteración de estereotipos culturales añejos y unas pocas películas que han visto su equipo encabezado por una directora, normalmente proyectos independientes.

Para las mujeres, este año han quedado las morrallas del presupuesto, lo que se traduce casi siempre en poca visibilidad, una muy limitada exhibición en las salas y una recepción muy menor.

Para muestra, un botón. En los Premios Feroz, galardones que entrega la Asociación de Informadores Cinematográficos de España, sólo hubo una mujer nominada “tras las cámaras” (Clara Roquet, coguionista de 10.000 Km), ninguno de los filmes candidatos a Mejor Película (drama o comedia) estaba dirigido por una mujer y sólo uno de los intérpretes nominados pertenecía a una película firmada por una directora (Elena Anaya, que optaba al premio a Mejor Actriz Protagonista por Todos están muertos, de Beatriz Sanchís). En el Premio Cinematográfico José María Forqué, ninguno de los filmes candidatos venía dirigido por una mujer. En los Premios Gaudí, María Ripoll compitió en la categoría de Mejor Película en Lengua Catalana con Rastros de Sándalo (con nominaciones también a mejor actriz y actriz secundaria) y Clara Roquet repitió como única guionista entre las candidatas. Fueron las únicas representantes y ambas, en este caso, se llevaron a casa los galardones.

Beatriz Sanchís, directora de 'Todos están muertos'

Beatriz Sanchís, directora de ‘Todos están muertos’

Los Goya, el gran faro del cine español, cuentan sólo con una mujer directora candidata, la novel Beatriz Sanchís, y una guionista, Anna Soler Pont, por Rastros de sándalo. Y entre todas las categorías a Mejor película, sólo una está firmada por una chica: La distancia más larga, de Claudia Pinto Emperador, que compite por el premio a Mejor Película Iberoamericana. Es cierto, sin embargo, que hay dos películas capitaneadas por mujeres en las candidaturas de interpretación: Elena Anaya, repitiendo nominación de los Feroz, y María León y Goya Toledo, nominadas a mejor protagonista y secundaria respectivamente por Marsella, de Belén Macías. También hay dos mujeres nominadas a Mejor dirección de producción, Esther García por Relatos Salvajes y Manuela Ocón por La isla mínima. Sin embargo,  sólo dos de los catorce cortos nominados están dirigidos por mujeres y ellas sólo obtienen representación en las categorías técnicas dentro de los departamentos de Maquillaje y Peluquería y Diseño de Vestuario.

No es que no haya mujeres en nuestra industria. Las hay: Isabel Coixet (que acaba de inaugurar la Berlinale), Iciar Bollaín, Belén Macías, Chus Gutiérrez, Gracia Querejeta, las propias Sanchís y Ripoll… Son muchísimos nombres de muchísimas directoras con demostrada calidad. Sin embargo, “el tipo de producciones a las que acceden las mujeres en puestos claves es de menor presupuesto, lo que implica, en cierto sentido, menor ambición”, explica Virginia Yagüe, presidenta de CIMA, Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales, “y se está parcelando el territorio para ciertas películas dirigidas por mujeres”. Mª Ángeles Cabré, escritora y directora del Observatorio Cultural de Género, lo explica aún más claro: “Para las mujeres, este año han quedado las morrallas del presupuesto, lo que se traduce casi siempre en poca visibilidad, una muy limitada exhibición en las salas y una recepción muy menor”.

Volviendo a las candidaturas iniciales de los Premios Feroz, que incluían 123 películas estrenadas en 2014, sólo 18 contaban con mujeres en el puesto de directoras, y cuatro, con mujeres codirigiendo con hombres. Un gran porcentaje de esos 22 filmes eran documentales, lo cual limita todavía más su papel en la ficción cinematográfica española. “Obviamente, nos congratulamos de los datos de la industria este año”, añade Yagüe, “pero tenemos una visión muy crítica, de alarma, sobre el papel de las mujeres. Parece que el año que viene habrá más presencia femenina, pero este año ha sido muy malo”.

Repasando las películas españolas más vistas del año encontramos, a la cabeza, el éxito histórico de Ocho apellidos vascos, una comedia romántica que se ríe de los prejuicios entre andaluces y vascos. Amaia, la protagonista femenina, interpretada por Clara Lago, “es un personaje totalmente plano, una excusa para que los personajes masculinos se desarrollen y crezcan”, menciona María Castejón Leorza, historiadora, crítica en la revista Píkara y autora del libro Fotogramas de género. “Por no hablar de la imagen estereotipada que se da de las mujeres vascas, desde el flequillo hasta el hecho de que sean unas frígidas”.

Clara Lago en 8 apellidos vascos

Clara Lago en Ocho Apellidos Vascos

Incluso genera dudas el éxito de crítica Magical Girl, ganador de la Concha de Oro en el último Festival Internacional de Cine de San Sebastián. La historia tiene a una compleja y manipuladora mujer en el centro, interpretada por Bárbara Lennie, un ser enigmático y perturbador que intenta en todo momento controlar a los hombres que tiene alrededor y que, según Castejón, a pesar de todo lo interesante que resulta el producto final, estigmatiza una vez más la figura de “la mujer con sexualidad disidente, aquella que se sale del molde, y a la que retratan como lesbiana, con tendencia a las prácticas sadomasoquistas, con esas marcas que le cubren el cuerpo y que no se sabe muy bien de dónde salen”.

El Niño y La isla mínima, los dos thrillers de éxito del cine nacional en 2014, están dirigidos por Daniel Monzon y Alberto Rodríguez, respectivamente, y cuentan con elencos mayoritariamente masculinos. La propia Lennie se hace cargo del personaje femenino de la primera, una policía que acompaña al personaje de Luis Tosar en sus investigaciones. En el caso de La isla mínima, si bien las víctimas son, como en la mayoría de los casos de misterio y asesinato, mujeres, el único personaje con cierto peso en pantalla es el interpretado por Nerea Barros, que ejerce de madre. Y así, todo el año. 

Las cifras son reveladoras: un 91% de directores masculinos, un 1% de dirección compartida y un 7,9% de películas dirigidas por mujeres.

“Quizás sólo una película de bajo presupuesto, Carmina y amén, ha ‘feminizado’ un poco nuestras pantallas, aunque detrás de las cámaras siga habiendo un hombre”, dice Leorza. “Hay que destacar, también dirigida por otro varón, 10.000 km, que ha hecho un gran trabajo de dignificación de la mujer, donde ni siquiera aparece un desnudo integral femenino aun tratándose de una historia de amor, mientras por el contrario sí aparece el protagonista masculino desnudo”. Precisamente su coguionista, Clara Roquet, valora la capacidad de Carlos Marqués-Marcet (director y coguionista de 10.000 km) de dibujar un prototipo de mujer muy pegado a la realidad y con una sensibilidad muy actual. No siempre son así los casos, pero cada vez se intenta que los responsables masculinos de las películas piensen en sus personajes femeninos de forma más lógica, más moderna. Otro ejemplo del 2014 es un filme que merecía mayor repercusión, Loreak, una historia de tres mujeres dirigida por José Mari Goenaga y Jon Garaño, y coescrita por ellos y Aitor Arregi.

“Hay una relación directa entre el hecho de que detrás de las cámaras estén hombres”, explica Yagüe. “Y entiendo que saquen un punto de vista mayoritariamente masculino. Pero si no hay mujeres contando historias, se reducen los puntos de vista, y ahí tenemos un problema”. En el Observatorio Cultural de Género han hecho un estudio del porcentaje de mujeres cineastas en puestos de responsabilidad dentro del cine catalán. Las cifras son reveladoras: un 91% de directores masculinos, un 1% de dirección compartida y un 7,9% de películas dirigidas por mujeres. En guión, los porcentajes quedan en 76,2%, 13,8% y 10%, respectivamente. En producción, 77,8%, 10,7% y 11,5%.

Natalia Tena en 10.000 km.

Natalia Tena en 10.000 km.

Según Mª Ángeles Cabré, son “cifras extrapolables al resto del país, lamentablemente. Una media de un 10% de mujeres en los altos cargos de responsabilidad del cine es ahora una triste realidad y no tiene visos de cambiar a corto plazo si no se toman medidas de corrección urgentes, que por supuesto pasan por incentivar el cine hecho por mujeres. La escasa presencia de mujeres detrás de la cámara repercute en una escasa presencia de protagonistas femeninas y secundarias y, asimismo, en una muy dudosa representación de las mujeres, donde el sexismo y la perpetuación de estereotipos se dan la mano demasiado a menudo”.

Se necesitan más mujeres en los consejos directivos de las televisiones, en los festivales, en los órganos más altos, para que estén presentes a la hora de tomar decisiones

Rastros de sándalo, éxito inesperado de final de temporada, basó parte de su promoción en el hecho de que muchos de sus departamentos están encabezados por mujeres. Idea de Anna Soler Pont, su guionista y productora, María Ripoll, directora del filme y cofundadora de CIMA, no se muestra completamente de acuerdo con la decisión tomada, pero admite que fue una gran estrategia de marketing. “Es muy fuerte, y triste, que una película con jefas de departamento mujeres sea noticia por eso. Como forma de visibilizar el problema, dieron en el clavo. Sin embargo, a mí no me parece que sea el camino a tomar. Tengo muchos colaboradores chicos de toda la vida con gran sensibilidad con los que me gusta trabajar”. Ripoll considera que el cine es un entorno muy bueno para las mujeres: “Tenemos personalidades integradoras, conciliadoras, trabajamos muy bien en equipo. En Ahora o nunca [la nueva película que acaba de rodar con Dani Rovira y María Valverde] muchos departamentos tenían ya mujeres a la cabeza, por eso no creo que haga falta imponerlo. Pero está claro que es una reivindicación necesaria y yo en Rastros de sándalo también trabajé muy contenta”.

El problema, añade Ripoll, está en la cumbre: “Se necesitan más mujeres en los consejos directivos de las televisiones, en los festivales, en los órganos más altos, para que estén presentes a la hora de tomar decisiones”. Precisamente al hacer las cuentas en Estados Unidos, donde el tema de la representación femenina en el cine es un debate diario, se ha descubierto que los grandes estudios sólo han rodado tres películas dirigidas por mujeres: Selma, de Ava DuVernay, Invencible, de Angelina Jolie, y Endless Love, de Shana Feste. Universal, estudio actualmente dirigido por una mujer, Donna Langley, es responsable de las dos últimas. Sin embargo, Sony, estudio dirigido (hasta esta semana) por otra mujer, Amy Pascal, no estrenó ni una sola película con una directora a la cabeza.

Sorprendentemente, seis de las diez películas españolas más vistas en el extranjero en toda nuestra historia están encabezadas por personajes femeninos: Lo Imposible, Los Otros, El laberinto del Fauno, Volver, El orfanato y Todo sobre mi madre.

Roquet se suma a las observaciones y añade algo más: “No hay suficientes buenos papeles escritos para mujeres y películas escritas o dirigidas por mujeres y creo que la crítica tiene un papel clave: denunciar este hecho, concienciar a la población y denunciar las películas donde se objectifica y sexualiza a las mujeres innecesariamente”. “No tiene sentido que no haya ninguna referencia en la crítica, por ejemplo, a Torrente 5 y su retrato de la feminidad; es un esperpento”, comenta Castejón Leorza. “Hay un gran desconocimiento de qué es y qué significa el feminismo como categoría de análisis, además de un rechazo muy claro a asumirlo porque supone de entrada un cuestionamiento de privilegios. Existe la creencia de que el feminismo es un asunto de las mujeres y no de la sociedad en su conjunto”.

“La crítica cinematográfica, al igual que la crítica de arte o la literaria, en un 95% vive de espaldas a la realidad. Si fuera una crítica responsable, hace tiempo que hubiera invitado a corregir esa desigualdad lacerante”, denuncia Cabré. “Claro que, ¿cómo va a invitar la crítica a hacer un cine igualitario en cuestión de sexos si apenas hay críticas mujeres y nadie parece haber reparado en ello ni trata de enmendarlo? “

No todo son siempre malas noticias. Sorprendentemente, seis de las diez películas españolas más vistas en el extranjero en toda nuestra historia están encabezadas por personajes femeninos (Lo Imposible, Los Otros, El laberinto del Fauno, Volver, El orfanato y Todo sobre mi madre), frente a cuatro en el caso de las películas más vistas dentro de nuestro territorio (Lo Imposible, Los Otros, El orfanato y Ágora). Sin embargo, todas ellas están dirigidas por hombres (J. A. Bayona, Alejandro Amenábar, Guillermo del Toro y Pedro Almodóvar se reparten ese pastel) y todas menos dos (Ágora y El laberinto del fauno) son primordialmente historias sobre la maternidad. Son protagonistas ricos en matices y complejos, pero siguen funcionando en torno a un rol femenino que muchas veces en cine parece el único rol femenino existente.

“Queda mucho camino por recorrer”, reflexiona Yagüe. “Necesitamos personajes femeninos activos, es nuestra asignatura pendiente, pero hay que ir dando pasos. Primero, necesitamos protagonistas y punto”. “Es impensable, no sólo por presupuesto, sino por cultura, un personaje como Katniss [protagonista de Los juegos del hambre] hoy en día en España”, comenta Castejón Leorza, defensora del personaje interpretado por Jennifer Lawrence en la saga adolescente, una chica con personalidad, matices y decisiones propias, definida por sí misma y no por el hombre que lleva a su lado.

 Aina Clotet protagoniza Rastros de Sándalo

Aina Clotet protagoniza Rastros de Sándalo

Cabe la posibilidad de que las cosas cambien más rápido de lo que esperamos. Las facultades están llenas de mujeres, el feminismo vuelve a ser un tema candente y en otras industrias de cine el debate sobre el papel de las mujeres es una constante. María Martínez Cortés estudia el doble grado en Comunicación y Publicidad en la Universidad Antonio de Nebrija con vistas a dedicarse al montaje y la postproducción. En su clase, como en la mayoría de las universidades españolas, hay mayoría femenina. Confiesa que, “como mujer que se quiere dedicar a la comunicación, el tema me preocupa mucho. Es cierto que cada vez vemos más mujeres en cargos directivos y nombres como Beatriz Sanchís han dado de qué hablar este año; pero si nos fijamos bien, todavía no nos movemos en el circuito ‘comercial’ y de las grandes producciones. Parece que todavía no confían en nosotras para las películas con grandes presupuestos”. 

El camino es aún largo y complejo, y se necesita visibilizar el problema: alegría por lo que trae un año tan bueno para el cine español, preocupación por el hecho de que la mitad de la población y la mayoría de las asistentes a las salas no encuentran una representación adecuada de sí mismas ni delante ni detrás de las pantallas de cine. “El mundo es redondo”, dijo Cate Blanchett el año pasado al recoger el Óscar a Mejor Actriz por Blue Jasmine y defender las películas encabezadas por un personaje femenino. “No son, como aún muchos creen, películas para un público minoritario”, añadió, “sino que en realidad hacen mucho dinero”. Queda por demostrar que en España podemos echarnos un Blue Jasmine, un Juegos del Hambre o un lo-que-toque a la cabeza. Tal vez sea 2015 el año en que eso ocurra. Porque, como dijo Blake, no está el coño para más ruidos.