El mundo rural

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Amama (2015), de Asier Altuna

Por Joan Colás

Asier Altuna (Begara, 1969) siempre ha apostado por su tierra. Toda su filmografía se desarrolla en el País Vasco desde que se iniciara en el corto con Txotx en 1997 y nunca pasó desapercibido para el Festival de San Sebastián quien premió su primer largometraje, Aupa Etxebeste (2005), con el Premio a la Juventud.

Ahora tras varios cortos, televisión y su incursión en el documental que supuso Bertsolari (2011), vuelve al festival donostiarra con Amama, el primer film que escribe y rueda en solitario y que recupera las señas identitarias que impulsaron su carrera.

Siguiendo la línea de sus cortos, Amama se sumerje en los paisajes naturales de el País Vasco para contar una historia dura, como hiciera con sus primeros cortos Txotx o Topeka. Historias repletas de violencia y humor negro y con unos personajes tan rudos como naturales, rurales, que se juntan en la taberna y discuten fervorosamente incluso llegando a las manos y que condensan una violencia que impacta contra personajes y espectadores pero que, en definitiva, son un retrato de una tradición y de un estilo de vida.

Altuna parece abandonar la violencia física en Amama, pero vuelve a los paisajes verdes. La película cuenta la historia del responsable de un caserío que recibe la visita de su familia. Ellos han preferido la vida de la ciudad y han dejado la vida rural y es entonces que se genera el conflicto. La violencia se genera cuando el casero se siente atacado por sus hijos que critican el estilo de vida del campo

Pese a que en los primeros guiones Altuna introdujo su peculiar sentido del humor, el cineasta asegura que durante el rodaje de su nuevo film ha podido más el drama. Un drama que se narra a través de silencios y paisajes que ayudan a contar la historia pero que no pretende ensalzar la vida en el campo, simplemente reflejar las diferencias entre generaciones y estilos de vida, explica el director.

Asier Altuna sabe de lo que habla. Durante más de 18 años ha vivido en un caserio vasco, en la Euskadi rural, ha convivido con el tipo de gente que retrata en sus película y ahora, como los hijos de sus protagonistas se ha ido a la ciudad. Por eso, insiste el director, no se trata de crear una historia que ensalce el ideal de la vida en el caserío sino el hecho de que la sociedad está cambiando, dejando atrás un estilo de vida que ha forjado a un país.

Un país que lo sigue acogiendo, como lo hace el Festival de San Sebastián que ha programado el film en la sección oficial colocando a Asier Altuna al mismo nivel que otros grandes cineastas.