Entrevista con Isabel Coixet

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Isabel Coixet en Barcelona Foto: Joan Colás

“Está muy bien hacer películas en las que nadie quiere cortarse las venas”

Por Joan Colás

Tras hacer llorar a medio mundo y pasearse por el cine documental y de terror, Isabel Coixet (San Adrián de Besós, 1960) regresa a las pantallas con una comedia bajo el brazo. Aprendiendo a conducir narra la historia de Wendy (Patricia Clarckson), una crítica literaria que de repente se ve sin marido -quien la abandona por otra- ni hija -trasladada a la universidad- y que decide sacarse el carnet de conducir con Darwan (Ben Kingsley), un profesor de origen sij que le ensañará cómo enfrentarse a la carretera y al mundo real.

La Critica ha podido entrevistar a la directora catalana para saber como ha sido enfrentarse a un guión ajeno y a un género que, hasta ahora, parecía estar muy lejos de su estilo.

¿Comó llegó al proyecto?

Todo surge del rodaje de Elegy donde Patricia Clarkson me pasó el cuento, de hecho un relato autobiográfico, de Katha Pollitt. A mi me gustó mucho y también a Ben Kingsley, así que decidimos que si algún día se convertía en película, estaríamos aquí para rodarla. De esto ya hace ocho años. En todo este tiempo ha habido varios intentos para llevarla a la pantalla. Clarkson encargó un guión a Sarah Kernochan y yo he ido proponiendo mis ideas, pero en Estados Unidos todo depende de si se está en un Sindicato. Y tras una montaña rusa de propuestas y financiación (HBO Films quiso producirla) hemos podido llevarla a cabo. Ha sido complicado pero estoy contenta con el resultado.

¿Por qué Aprendiendo a conducir?

De hecho es el título del libro y mantener el nombre original fue requisito indispensable de su autora. Y engloba muy bien lo que cuenta la historia. Conducir tiene esta cosa “zen” en la que sólo estás tú y el resto de coches, nada más. Y eso es lo que debe aprender Wendy, a estar sola. Así que también tiene algo de metafórico.

¿Cómo ha sido pasar a un tono más cercano a la comedia romántica?

No creo que sea tan romántica. Pero sí es una comedia, al menos tiene un tono más ligero. No puedes vivir siempre dramatizando. Igualmente no decidí esto, me gustó la historia y la hice. Y luego ya vi que sí, que está bien hacer una película donde los personajes no se quieran cortar las venas y los espectadores ,cuando salen de la sala, tampoco. Pero sinceramente, fue la historia la que me atrapó. Es muy sencilla y te va llevando por caminos que nunca te esperas.

Igualmente, en el film vuelve a tocar temáticas sociales como en el resto de sus películas, en este caso la integración de los emigrantes…

Si, la historia refleja muy bien esa idea tan hipócrita de Estados Unidos y también de todo Occidente de no darle papeles a personas que trabajan llevando taxis, limpiando casas, cuidando niños... No es pragmático y quiere marcar unas distancias de clases que poco tiene que ver con la idea que tenemos de la democracia.

¿Cómo fue su aproximación a la cultura sij?

Hice una búsqueda de información y es lo quise reflejar en el film. Cada día un taxista sij (como el personaje que interpreta Ben Kingsley) recibe un insulto. Y especialmente tras el 11-S, ¡cuando no tienen nada que ver! Me gusta mucho la escena en la que el taxista Darwan cuenta de una forma nada traumática cómo su cultura ha sido perseguida en la India y en los Estados Unidos. Y en esta misma escena se ve como gente supuestamente intelectual, como es Wendy, tampoco sabe nada de una cosa tan cercana e inmediata con la que se encuentra cada día. Y da por hecho que un conductor de taxi no ha cogido nunca un libro. Esta escena para mi es fundamental y Ben está brillante interpretándola sin ningún tipo de sentido trágico.

¿Y la aproximación a esa crítica de libros?

Wendy es una amante de los libros y los libros son también fundamentales para mí, pero son una abstracción y no están relacionados con la vida… Enamorarse de los libros, como la protagonista, porque plantean un universo que no es el tuyo o está alejado del tuyo, es escapismo intelectual, pero escapismo.

La película y la consecutiva evolución de los personajes suceden en un taxi. Hay un cambio interior que sucede en un espacio cerrado, tanto por parte de él como el de ella.

Sí, han de convivir en un espacio reducido en el que se han de entender para seguir adelante siendo coherentes y él lo incorpora a su vida. Él intenta llevar un matrimonio de conveniencia y en Occidente nos han hecho creer en el ideal romántico. ¡Que esta muy bien tener estos ideales y es fundamental!, a veces pasa, pero también pueden pasar muchas otras cosas alejadas de todo esto. Hay matrimonios de conveniencia que acaban bien y otros mal, pero los matrimonios en los que los dos eligen con quién se quieren casar acaban igual. Pero se ha de trabajar y querer trabajarlo. Y lo bueno de la película es que no sabes como acabarán los personajes.

¿Cómo ha sido repetir con Ben Kingsley y Patricia Clarkson?

Con Ben tenemos una gran confianza, es un actor consumado con el que tenemos una relación plácida y tranquila, basada en el respeto mutuo. Del mismo modo, tengo confianza con Patricia y eso hace que a veces queramos matarnos la una a la otra. Ella es un poco como la Wendy de la película, pura fuerza de la naturaleza y muy inteligente.

¿Nos puede avanzar algo sobre sus futuros proyectos?

Nadie quiere la noche (película que inauguró el pasado Festival de Berlín) es una película de invierno, así que se estrenará, esperemos, en enero de 2016. Y en octubre está previsto empezar el rodaje de La librería, pero poco más puedo decir.