Entrevista con José Luis Angulo

Siempre he entendido el doblaje como copiar el original

Anécdotas y reflexiones de un apasionado experto de la voz en el cine.

Por Rau García

Escuchando la voz de José Luis Angulo en mi grabadora para transcribir esta entrevista, da la sensación de ser aún más joven de lo que es, quizá porque al haber tenido ocasión de conocerle en persona pude comprobar que también es un hombre joven de espíritu. Este actor y director de doblaje es tan versátil que lo mismo puede hacer de Gargamel, el malo de Los Pitufos, de Lord Voldemort, de Harry Potter, o del “Señor Rosa” que encarna Steve Buscemi en Reservoir Dogs. Y la lista es interminable, pero una de las más memorables es la voz de Michael Knight (David Hasselhof) en la serie El coche fantástico. Algunas de las películas más recientes y conocidas cuyo doblaje ha dirigido son: La invención de Hugo, Argo, El curioso caso de Benjamin Button, El caballero oscuro, A propósito de Llewin Davis, Gru, mi villano favorito o El destino de Júpiter, la última película de los hermanos Wachowski. Entre las más emblemáticas están American History X o Eyes Wide Shut, ésta última codirigida junto a Carlos Saura, pues me cuenta que Stanley Kubrick quería que hubiera siempre un director de cine español en el doblaje de todas sus películas. “El comienzo de este doblaje coincidió con la muerte de Kubrick, pero los preliminares sí que pudo supervisarlos. De vez en cuando mandaba emails a la distribuidora para que yo le respondiera a preguntas como qué solía hacer en mi tiempo libre o cuales eran mis películas favoritas… Alucinante, quería saberlo y controlarlo todo. Era un hombre muy meticuloso”.

Pedía a mis compañeros de la mili que se aprendieran los diálogos de películas y luego movieran la boca al mismo ritmo para doblarles. Lo pasábamos bien, montábamos un espectáculo.

La educada y entrañable forma de ser de José Luis y su elegante aspecto de caballero con un estilo entre clásico y moderno (viste un traje con pajarita y lleva una cuidada barba y bigote blancos), unido a su imponente voz, hacen posible imaginarle como un carismático personaje cinematográfico. En el acogedor Café La Piola (Calle del León, 9) del madrileño barrio de Huertas creía disponerme a hacerle una simple entrevista, pero no iba a ser así: estaba a punto de recibir una clase magistral de doblaje.

The Knight Rider.

Solo hay que ver cómo cuenta cada anécdota para darse cuenta de que ama su profesión, una pasión que contagia a quien le escucha. Lleva toda la vida en esto y le gusta desde que era muy pequeño, pero en su familia no ha habido nadie que se haya dedicado a ello ni al mundo artístico. “Quizá fue gracias a mi tío, al que le gustaba mucho el cine y recuerdo que me hablaba de las voces. Me gustaba tanto que, cuando era niño, me reglaron un magnetófono y me iba a los cines, grababa los diálogos para luego escribirlos en casa y tratar de hablar como en las películas. Antes no existían tantas academias como ahora, así que buscaba en las guías telefónicas estudios de doblaje para llamar y preguntar si podían hacerme una prueba. Un buen día me presenté a una. Pensé que lo había hecho muy mal, pero al poco tiempo me llamaron y empecé a trabajar. Antes, me permitieron ver las sesiones de grabación y yo iba haciendo los doblajes en voz baja. Entonces tendría unos 15 o 16 años”.

Su primera película importante como director de doblaje fue L.A. Confidencial (1997), de Curtis Hanson.

Previamente a ser director de doblaje ya hizo sus propias prácticas en sitios tan insólitos como en la mili. “Pedía a mis compañeros que se aprendieran los diálogos de películas y luego movieran la boca al mismo ritmo para doblarles. Lo pasábamos bien, montábamos un espectáculo”. Pero antes de eso hizo de todo, hasta dirigió el doblaje de películas porno, en las que, asegura, ponía el mismo empeño que en cualquier otro trabajo. Esto me hizo recordar que hace poco dirigió el doblaje de La vida de Adèle, en la que hay una larga escena de sexo. Me cuenta que este tipo de escenas son muy delicadas. Otra de las películas recientes que también ha dirigido y en la que la voz tiene un peso muy especial es Her (2013), de Spike Jonze. “Cuando la vi se me hizo un nudo en la garganta. Enfrentarse a un doblaje así es un reto. Partíamos de la voz sensual y rota de Scarlett Johanson, así que había que encontrar a una actriz, sobre todo, con una voz muy natural. Quedó muy bien, pero antes de empezar sufrí un poco, porque no solamente esa voz es importante, todas las voces en off también lo son. Además, hay que mandar al director o al supervisor y a la distribuidora de la película las voces de los protagonistas para que den su opinión o elijan entre una pre-selección”. Super 8 (2011), de J.J. Abrams, fue otro desafío para él, pues trabajar con niños siempre es complicado, aunque muy agradecido, reconoce. A través de la imitación y con mucha paciencia y mano izquierda, consiguió hacer un trabajo del que quedaron muy satisfechos. “Fueron dos meses de doblaje con niños que se escogieron por sus voces, pero no tenían ninguna experiencia en doblaje, y eran unos papelones. Pero poco a poco, sobre la marcha, fueron aprendiendo”.

Después de muchos años de experiencia, su primera película importante como director de doblaje fue L.A. Confidencial (1997), de Curtis Hanson. En realidad era el trabajo de un compañero suyo, pero se la encargaron con tan poco tiempo de antelación y estaba tan ocupado que le preguntó a José Luis si estaba dispuesto a dirigir el doblaje, y él aceptó. A partir de entonces no ha parado. Una de las cosas que recuerda con especial cariño es el casting para elegir al actor que sería la voz de Kevin Spacey. Gustó tanto que el mismo doblador continuó prestándole su voz en otras películas. Sobre este tema reflexiona con perspectiva: “Oigo muchas veces que la gente se queja de que siempre doblan los mismos. Esto también puede deberse a que sean buenos actores o a que tengan voces especiales. Pero para mí lo ideal sería que el actor de doblaje fuese diferente en cada película, pues habitualmente el actor se lo lleva a su terreno. No trata de ser el de la pantalla, sino que el de la pantalla sea él, y esto me parece un error”.

La industria ha crecido, por tanto el futuro de esta profesión tiene garantizada su supervivencia.

También charlamos sobre cómo influyó la etapa del franquismo y la censura en el doblaje español. Cambios de palabras o de diálogos, algunos de ellos que afectaban al argumento para suavizar u ocultar el significado de algo que no interesaba que fuera tan explícito, e incluso cortes y versiones con escenas rodadas dos veces, una de ellas para esquivar a la censura en algunos países. “Pero poco a poco se fue teniendo acceso a más información y por la prensa se podía saber lo que habían obligado a modificar, porque los guiones que llegaban  al estudio de doblaje iban a misa. Ahora me viene a la memoria estar viendo una película de Milos Forman en un cine de arte y ensayo en el que se proyectaban películas extranjeras en versión original subtituladas en español, y cuando llegó una frase que todos sabíamos que se había cambiado (el público en su mayoría estaba compuesto de estudiantes), la sala entera se puso a patear en señal de protesta por la traducción”.

Una de las que más sorprendió a su generación, me cuenta, fue la primera versión de El exorcista (1973), de William Friedkin, en la que permitieron decir tantos tacos que la gente no estaba acostumbrada a escuchar en el cine. Aun así, la traducción española estaba un poco retocada. Casualidades de la vida, años más tarde dirigió el montaje del director de El Exorcista, una versión extendida con más metraje que querían volver a doblar entera y, de paso, grabar con más calidad, algo que se suele hacer hoy en día. “A un lado me puse la película original y en el otro la nueva versión con sus respectivos guiones y traducciones para ir comparando y dejar lo mejor de cada una. Lo único que conservé fue la famosa frase de “¿Has visto lo que ha hecho la cochina de tu hija?”, porque me parecía un clásico, aunque en la versión original no dice esto exactamente”.

Me esfuerzo para que, si alguien compara con el original, más allá del idioma no note la diferencia.

Algunos se empeñan en afirmar que el doblaje en el cine tiene los días contados en España, pero no es verdad, igual que no lo es, asegura José Luis, que la gente sepa menos idiomas por culpa de ver películas dobladas, algo que se dice mucho en la calle. “Estoy de acuerdo en que si la gente escuchara todos los días un idioma distinto al suyo acabaría conociéndolo más o menos, pero para aprenderlo en profundidad hay que estudiarlo o hacer algo más que ver películas”. Quizá exista una tendencia a que, cada vez más, las nuevas generaciones vean películas en su versión original porque cada vez saben más idiomas, en concreto inglés, pero no en todas las ciudades hay cines en versión original. Además, puntualiza, hay mucha gente que demanda ver películas en su idioma. “Ahora hay mucho más trabajo que cuando yo empecé. Antes no se estrenaban tantas películas cada fin de semana, y no había tantas series, tantos canales de televisión, webs, por no hablar de los videojuegos, dibujos animados, publicidad…”. La industria ha crecido, por tanto el futuro de esta profesión tiene garantizada su supervivencia.

En las series de televisión, por ejemplo, se trabaja a un ritmo más rápido y el cliente exige calidad. Él lo sabe pues ha dirigido desde Padres forzosos hasta series más actuales como Misfits. “Nos mandan los capítulos un día o dos después de su emisión, a veces el mismo día de su estreno, y tiene que estar listo para el día siguiente. Pero el trabajo sale adelante porque las traducciones que nos mandan son buenas, los actores que elegimos son rápidos y eficaces, etc. Sin embargo, en cine puedes probar cosas, trabajar más despacio, porque hay que cuidar cada detalle, cada matiz. Yo me permito trabajar con gente nueva porque hay tiempo para poder repetir y repetir hasta que quede perfecto”. A pesar de esto, el actor de doblaje no tiene el mismo tiempo que el actor de la película para preparar el papel, de hecho lo más común es llegar al estudio sin saber exactamente lo que va a tocar hacer ese día. Por eso, al actor de doblaje se le exige fluidez. Me pone como ejemplo el papel de Colin Firth en El discurso del rey. Para conseguir ese tartamudeo seguramente estuvo semanas o meses ensayando con un coach o un logopeda, pero el actor de doblaje debe escuchar lo que hizo el actor de la  película y tratar de reproducirlo igual. Así que en estos casos comprende que haya cinéfilos que tengan interés en ver el trabajo del actor. “Por eso me esfuerzo para que, si alguien compara con el original, más allá del idioma no note la diferencia”.

Para dedicarse a esto no hace falta ser actor gestual, aunque estos conocimientos pueden ser útiles, ni tener una gran voz, señala José Luis

José Luis Angulo es además profesor de doblaje. Al acabar la entrevista me invita a presenciar una clase que dará comienzo en media hora, y yo acepto encantado. La escuela donde él enseña se llama AM Escuela y está en la Calle Atocha, 10 (a 1 minuto de los cines Ideal). Por el camino me cuenta que ahora está haciendo practicar a sus alumnos con la serie Downton Abbey, porque aparecen personajes de diferentes clases sociales que hablan de distinta manera, o con Titanic, donde además de esto, hay acción física. También les pone ejercicios con Four Rooms, en la que deben “desdoblarse” con el personaje de Tim Roth, y alejarse de su forma de hablar normal. Pero hoy tocan escenas de la película Un funeral de muerte. Es una clase en la que solo hay cuatro alumnos, un técnico de sonido y Angulo, como le llaman allí. Cuando empiezan a trabajar me quedo petrificado, pues sin haber visto nunca la película que les pone, en tres o cuatro visionados del “take” (fragmentos en los que se divide el doblaje) ya han tomado nota en sus guiones, que son como una partitura sobre un atril, y saben doblar con soltura, a falta de ir sincronizándose mejor con los labios y movimientos de los personajes, de matizar y de remarcar algunas palabras o intenciones de las frases.

Para dedicarse a esto no hace falta ser actor gestual, aunque estos conocimientos pueden ser útiles, ni tener una gran voz, señala José Luis a los que estén pensando en formarse en esta bonita profesión, pues se necesitan voces de todo tipo, pero es preciso saber modularla para poder hacer diferentes personajes y adaptarla a sus personalidades y a las exigencias del guión. “Ya no abundan las voces profundas, con presencia, como las que había antes. No son mejores ni peores, son diferentes. Las voces y la forma de doblar han cambiado, igual que la forma de interpretar y el perfil de los actores y las actrices actuales. A veces prefieren una voz maravillosa a las que tiene el actor de verdad, pero yo no soy partidario de esto. Yo creo que si el actor (el de la pantalla) tiene una voz peculiar, aguda o nasal, tiene que ser así, lo más semejante posible, sea quien sea. Ahí están los ejemplos de Humphrey Bogart o de Al Pacino. Pero mucha gente prefiere escuchar al actor de doblaje en vez de las voces reales. Por eso algunas personas dicen que el doblaje puede mejorar una película, pero es porque además de esto, se acostumbran a sus voces dobladas y cuando escuchan las que tienen en realidad no les acaba de convencer”. Pasa lo mismo con los actores de doblaje. Por las voces te los puedes imaginar de una manera y luego, a lo mejor, no son así, añade.

José Luis evita que los actores vean la película entera antes de doblarla, pues desde su punto de vista es contraproducente.

Me recomienda que vea Doblajitis, de Álvaro Moro, un cortometraje realizado por profesionales del propio sector que caricaturiza con simpatía, demostrando que saben reírse de sí mismos, algunos de los vicios de los actores, en cuanto a la entonación y la interpretación. “Intento que las nuevas generaciones traten de hacer un doblaje lo más cercano posible al original. Pero con frecuencia se cae en el error de hablar bajo emitiendo, y esto, aunque en el estudio de doblaje sí se escuche, suele convertirse en un susurro o en hablar con aliento. Se tiende a hacer intimista y cuando llega el momento de las mezclas en las que hay que incluir la banda sonora, estas voces se quedan en aire y no se entienden. Yo siempre he entendido el doblaje como copiar o intentar aproximarse al original. Afortunadamente, al igual que la tecnología del cine está evolucionando, la del doblaje también y ahora pueden solucionarse este tipo de cosas con un buen técnico de sonido, pero lo ideal es encontrar el tono adecuado en la fase de la grabación del doblaje”.

El método que sigue José Luis Angulo es curioso. Cuando llega el momento de empezar con los actores, después de haber hecho un arduo trabajo de producción y selección del reparto, ajuste y adaptación de la traducción de los diálogos a la película, analizando cada frase y ensayándolas él mismo para saber en qué puntos el actor tendrá dificultad, va contándoles e indicándoles poco a poco lo que tienen que hacer, el contexto de la escena y los antecedentes, quién es su personaje, cuál es su estado de ánimo, qué palabras tienen que subrayar, etc. Evita que los actores de doblaje vean la película entera antes, pues desde su punto de vista es contraproducente. Por experiencia, me cuenta que si les dices a algunos que su personaje es el asesino, por ejemplo, pondrán “voz de asesino” desde el principio. Se anticipan, se hacen su propia película en la cabeza. “A veces pienso que soy demasiado perfeccionista. Hay pequeños matices, tan mínimos que el espectador no los hubiera notado, ni siquiera el cliente, pero si sé que esa pausa no es la correcta, que esa coma se ha hecho muy rápida y se pierde… yo no sería capaz de pasar por alto estos detalles. Y si sé que el actor no está dando el 100%, trabajamos hasta conseguirlo”.

Sobre si piensa que habría que reivindicar el premio Goya a Mejor Actor/Actriz de Doblaje o Mejor Doblaje, pues a veces parecen estar olvidados por los compañeros de la industria, y que el público no valore lo suficiente el trabajo que hay detrás, responde. “Por supuesto, lo deberían considerar porque hay doblajes extraordinarios que merecen absolutamente premiar a un actor o a una actriz de doblaje, o a todo el conjunto, que incluye al director, actores, técnicos, traductores, etc. Por otro lado, sería más mágico si el actor de doblaje permaneciera en el anonimato porque creo que es más misterioso escuchar una voz que no sepas de quién es. Así te crees más, creo yo, que esa voz es la del personaje y no te viene a la mente la imagen del actor de doblaje. Tiene más encanto, pero ahora es muy difícil porque hay mucha información”.

Para terminar, le pregunto por alguna voz del doblaje español que recuerde con especial cariño, esas que casi interiorizamos como inseparables del personaje. “Una voz que me ha encantado toda mi vida ha sido la de Manolo Cano o la de Rogelio Hernández, y de mujeres la de María del Puy que hizo un trabajo brillante como “Sally” en Cabaret, la de Matilde Conesa, voz de Bette Davis, o la de Ava Gardner que ponía Mari Ángeles Herranz. Podría nombrarte a tantos… Eran voces míticas”.

Personalmente, a partir del día en que conocí a José Luis Angulo, es difícil no admirar el trabajo de todos los que intervienen en el doblaje de una película.