Tensión sexual en el ambiente

Ilustración: Clara Santos

Crítica

La venus de las pieles (2013), de Roman Polanski

Por Rau García

Antes de que empezara la película, una señora de unos setenta años, muy elegante (me recordó a una de las vecinas de Mia Farrow y John Cassavetes en Rosemary´s Baby), se sienta a mi lado y me dice con desparpajo: “A ver con qué nos sale esta vez… Siempre con los mismos temas extraños, desagradables, ¿verdad? ¿Es que no puede hacer algo más normal, que le guste a todo el mundo? No sé, digo yo. Por ejemplo, ¿viste aquella en la que salía Catherine Denueve? Pues eso. Puede que me vaya antes de que termine. ¿Tú sabes de qué va?” Impaciente por ver su reacción y viendo que la película ya va a empezar le contesto muy brevemente: “Creo que sobre sadomasoquismo”, mientras me pregunto en qué dichoso momento se le habrá ocurrido meterse a ver esta película. “¡Uy!, ¿Ves? No sé si aguantaré, seguramente me saldré antes”. Y se quedó hasta el final.

La verdad es que sabía poco sobre la película, sólo había visto unos segundos del trailer. Procuro no verlos enteros porque a veces desvelan cosas importantes de la trama que prefiero no conocer previamente para así sorprenderme más. Efectivamente, cuando lo vi entero, a posteriori, comprendí que hice bien, porque es un guión lleno de constantes giros al estilo de películas como Tape o La huella, un duelo de personajes. Os animo a que hagáis lo mismo, pero más abajo os dejo la tentación. Lo que vi en el trailer no me convenció demasiado, tampoco me disgustó, pero no me importó, pues que Polanski estrene una nueva película siempre es motivo para ir corriendo a verla. Por alguna razón esperaba que La venus de las pieles fuera más oscura que lo que se percibe en el trailer y pensé que a lo mejor me iba a decepcionar, unas espectativas parecidas a las que tenía la señora sentada a mi lado, pero tanto uno como otro estábamos equivocados. No fue tan oscura, al menos del modo en que habíamos imaginado, por eso y a pesar de eso nos encantó.

A veces me olvido del sentido del humor que tiene Polanski, unas absurdo y retorcido, otras sutil e inteligente, incluso en sus películas más perturbadoras. El tono y el ritmo de La venus de las pieles se acerca más al de su anterior película, Un dios salvaje. En ella eran cuatro actores en una casa, en ésta son solamente dos en un teatro (las películas que transcurren principalmente en una sola localización y en las que, además, intervienen pocos actores tienen un encanto especial). Ambas producciones de modestos presupuestos y de una dirección técnica no muy compleja, pero la calidad del guión y las interpretaciones son sencillamente magnificas. Un tipo de películas con un enfoque claramente teatral (Un dios salvaje es una adaptación cinematográfica de la obra Le dieu du carnage de Yasmina Reza) que permite a su director concentrarse sobre todo en la dirección de actores, en lo que Polanski es un maestro. Aún sin ser una de sus grandes obras maestras a las que nos tiene acostumbrados y teniendo en cuenta que parece que últimamente se le resisten los finales, es una película muy recomendable.

Es importante analizar al reducido elenco de esta película, pues hay un par de curiosidades más allá de la historia que merece la pena saber, pero primero conozcamos el argumento: Thomas, un director de teatro desesperado por no encontrar a la actriz que necesita. Se ha pasado todo el día en un pequeño teatro de París haciendo pruebas a actrices que no dan la talla y cuando está apunto de irse aparece otra actriz que llega tarde. El director se niega a darle una oportunidad pero la actriz se las ingenia para poner la situación a su favor y así poder demostrarle que se ha preparado el papel. Todo cambia cuando empieza la prueba y para sorpresa del director, la actriz interpreta al personaje a la perfección. La obra que Thomas está montando y qué él mismo se ha encargado de adaptar a teatro es la novela de 1870, muy atrevida para su época, catalogada como erótica, llamada La vénus à la fourrure, del austriaco Leopold von Sacher-Masoch (el término “masoquismo” proviene de su apellido), que ya ha sido llevada al cine varias veces, pero la más interesante y con un estilo muy diferente es Venus in furs, de Victor Nieuwenhuijs y Maartje Seyferth en 1994.
Mathieu Amalric, que da vida al director de teatro, Thomas, y Emmanuelle Seigner, en el papel de la actriz, Vanda, ya trabajaron juntos en La escafandra y la mariposa (2007), de Julian Schnabel. La anécdota morbosa es que Thomas se parece bastante en apariencia física a Polanski (unos años más joven, eso sí). Se trata sin duda de un personaje alter ego del director, como ha habido tantos en la historia del cine, pues por las entrevistas que he visto de Polanski, su personalidad, en un contexto de trabajo, bajo presión y un poco caricaturizado, podría ser cercana a la de Thomas. Emmanuelle Seigner es su mujer en la vida real, así que supongo que es inevitable ver la película e imaginarse a Polanski en el papel de Thomas. Con ella ya trabajó en Frenético (1988), Luna de hiel (1992), La novena puerta (1999) y en un montaje teatral de la obra Hedda Gabler, de Henrik Ibsen, en 2003. Empezó su ecléctica carrera a los 14 años como modelo, poco después debutó en el cine y más tarde también en la música.

Pero la cosa llega más allá, porque la historia de la novela original tiene mucha verdad. Detrás de los dos personajes ficticios, con nombres inventados, se esconde una mujer real, Fanny von Pistor, y el propio Sacher-Masoch. Una relación ama/esclavo en la que ambos buscaban voluntariamente el placer por la humillación, que llegaron a firmar un contrato, como se refleja en la obra, en el que ambos asumían su rol y estipulaban unas reglas inquebrantables de dominación/sumisión, en la que también entraba en juego el fetichismo del modo de vestir. Esto remite a otra película suya de 1976, El quimérico inquilino, y la representación idolatrada del sexo femenino, así como los juegos de carácter sexual, recuerdan a Luna de hiel. Por tanto, Polanski vuelve a explorar estos mundos en los que la fantasía es infinita y en el que hay espacio para un amor entregado y no convencional, en el que el sufrimiento es placentero y no sólo en el sentido sentimental de la expresión.

No es la primera vez que Mathieu Amalric interpreta a un director en la ficción. Ya lo hizo en Actrices (2007), de Valeria Bruni Tedeschi, y en otra película, por cierto, dirigida por él mismo, con la que se ganó el premio a Mejor Director en el Festival de Cannes, Tournée (2010), interpreta el papel de un director de cabaret. En 2012 dirigió uno de los cortometrajes que forman parte de Hopper Stories, en las que ocho directores se inspiraron en la obra del pintor Edward Hopper. Próximamente le veremos en Gran Hotel Budapest, de Wess Anderson.

La venus de las pieles es una obra teatral escrita por el dramaturgo David Ives, basada en la novela La vénus à la fourrure, que ya fue estrenada hace unos años en off Broadway y que en colaboración con Roman Polanski, rodeado una vez más de su equipo habitual, han convertido en un delicioso guión cinematográfico.

http://www.youtube.com/watch?v=9ch5-zFcDY4