Rebelde sin causa

Ilustración: Clara Santos

Crítica

Joven y bonita (2013), de François Ozon

Por Rau García

“Nadie es serio a los 17 años”, esta es la traducción al español del primer verso de un poema de Arthur Rimbaud muy dicho en Francia que se cita en la película (la forma correcta quizá sea “Nada es grave a los 17 años”), sobre el que unos estudiantes de literatura hacen sus propias reflexiones (que no estaban escritas en el guión). Este verso aplicado a la protagonista de Joven y bonita requiere hacer algún matiz, pues Isabelle no es una adolescente cualquiera. Por su mirada melancólica, su silencio y su presencia, parece haber superado ya la adolescencia, pues el hecho de prostituirse no significa ser inmadura. De hecho, cuando la vemos relacionarse con sus compañeros del instituto, estos sí reflejan ser los típicos adolescentes, un contraste que muestra claramente que ella va un paso por delante de sus semejantes. Pero la madurez no va siempre implícita en la edad, sino en las personas, independientemente de los años que tengan, pues hay adolescentes muy maduros y adultos que parecen intelectualmente niños.

“Había llegado a esa edad difícil y poco atractiva de la adolescencia, sin diferenciarme del modelo emocional propio de todos los muchachos de trece a diecinueve años. Era un adorador de lo temerario y de lo melodramático, un soñador y un inconsciente, rabiando contra la vida y amándola, una mente en ciernes que, sin embargo, tenía brotes súbitos de madurez. Me dejaba llevar por este laberinto de espejos deformantes, mientras mi ambición se desbordaba. (…) Vivía solitario en medio de esta niebla y esta confusión”, escribe Charles Chaplin en su autobiografía.

Después de En la casa, adaptación cinematográfica de El chico de la última fila, obra de teatro del dramaturgo español Juan Mayorga, y tras películas tan dispares dentro de su filmografía como 8 mujeres, con escenas musicales, Ricky, con un toque fantástico, Bajo la arena o Swimming pool, llega Jeune et jolie, de François Ozon. La mujer en diferentes tesituras y etapas de la vida está muy presente en su cine, que aborda casi siempre con suspense, tienda hacia el drama o a la comedia. Su último trabajo trata sobre una chica de 17 años que sin tener ningún problema aparente por el que necesite ganar dinero, empieza a prostituirse por voluntad propia. Pero no es una historia esencialmente sobre prostitución (tampoco es la de una de esas jóvenes que se prostituyen para pagarse sus estudios universitarios, porque es dinero “fácil” y rápido). Como afirma el director, que estuvo presente en la rueda de prensa que tuvo lugar en los cines Golem de Madrid, seguramente podía haber contado algo muy parecido eligiendo otros temas como las drogas, la anorexia, el bullying, el suicidio, etc., pero se decantó por éste, sin adentrarse en el mundo oscuro de las redes de prostitución y tráfico de menores, aunque para escribir el guión se documentó con policías y psicólogos.

Muy distintas son las motivaciones de una persona que elige prostituirse, sin que un proxeneta le obligue a ello. La película hace que el espectador se plantee las razones por las cuales Isabelle decide hacerlo, y aunque se pueden sacar varias conclusiones, lo cierto es que su mirada melancólica es indescifrable, al mismo tiempo que expresa mucho sin necesidad de hacerlo verbalmente. Este misterio se mantiene hasta el final, pues en palabras del propio Ozon, “no quiero dar respuestas, sino plantear preguntas, que el espectador rellene las elipsis y complete el final, que siga pensando en la película después de haberla visto”, y así es. Aludía también a otra película contextualizada en una época distinta, que también se acercó a la prostitución ejercida libremente, Belle de Jour (1967), de Luis Buñuel, protagonizada por una joven y bonita Catherine Deneuve, actriz con la que Fracçois Ozon ha trabajado en un par de ocasiones. Una de las cosas que el cineasta francés quería mostrar es lo fácil que es prostituirse en la actualidad. Mientras Belle de Jour enseña que para conseguirlo es preciso entrar en un negocio organizado, Joven y bonita muestra que Internet puede ser una herramienta para conseguir clientes de forma discreta, pero el alto riesgo de caer en una mafia en ambos casos es el mismo.

No hace falta haber vivido una infancia difícil o estar traumatizado para ser un adolescente problemático. Isabelle, por ejemplo, pertenece a una familia de clase media alta con la que tiene una buena relación. Lo único que podría haberle afectado negativamente (es sólo una hipótesis) es la ausencia de su padre biológico, pero el hombre con quien su madre rehizo su vida le quiere como a una hija. Algunos adolescentes tienen prisa por ser adultos y se comportan como tales prematuramente, algo muy común. En la fase más temprana, unos fuman, beben, se maquillan, o usan un lenguaje forzado y gesticulación diferentes para comunicarse, como una imitación de los modelos que ven a su alrededor, en la televisión (el cine también puede ser influyente en este aspecto) y en la sociedad en general. Otros llegan más lejos, se escapan de casa, coquetean con el peligro, la adrenalina, la desobediencia a los padres como acto de rebeldía para dejar de sentirse precisamente eso, adolescentes, una palabra que a veces tiene una connotación negativa. Pero lo que le ocurre a Isabelle, que ya ha perdido esa inocencia, está muy por encima de todas estas chiquilladas superficiales. Está directamente conectado con su sexualidad. Después de cumplir 17 años y perder la virginidad, Isabelle comienza una etapa sombría en la que se crea otra identidad y pone a prueba sus límites para conocerse. Ozon toma distancia desde el principio y deja que las cosas ocurran ante nuestros ojos sin juzgarlas (como en otra película suya, El refugio), eso se lo deja al público.

Un personaje entrañable con el que el sexo masculino se sentirá identificado es el hermano de Isabelle. Él también está viviendo un periodo interesante, justo anterior a la adolescencia, la pubertad, lo que suele ir ligado a otra característica influyente en la personalidad que se conoce popularmente como “la edad del pavo”. En Joven y bonita también hay espacio para el sentido del humor y la sutil ironía. Protagonizada por la modelo y actriz Marine Vacth, que hace un trabajo delicado, contenido y realista, igual que el resto de actores, la película explora la adolescencia femenina, lejos de como lo hacen algunas en Hollywood a las que se refiere Ozon, como Crepúsculo, que representa a los adolescentes como monstruos. Las escenas que Isabelle comparte con Georges (Johan Leysen), uno de sus clientes, con su madre (Géraldine Pailhas) o con la actriz Charlotte Rampling, cuyo personaje es tan inquietante como conmovedor, son especialmente memorables. Un “periodo hormonal” en el que hay descubrimientos maravillosos, pero también grandes decepciones. A través de las cuatro estaciones del año y de cuatro canciones de Françoise Hardy asistimos a un cuento íntimo, frío e intrigante, en el que François Ozon, cómo él mismo explica, coge el camino menos obvio, igual que sus personajes.

* El texto citado pertenece a “Mi autobiografía”, de Charles Chaplin. Bodley Head, 1964 / Taurus / Editorial Debate.

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