Ciclo “Cine y política” en Café Kino + Programación (mayo 2014)

Por Claudia Lorenzo

Decía Groucho Marx, en una de las genialidades que parió para el cine y para la historia de la humanidad, que “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”. Si Groucho le dio una nueva identidad al “marxismo” de toda la vida (muchos seguimos al que se refiere a los hermanos antes que al del autor del Capital), la política, desde siempre, le ha dado al cine algo de lo que hablar.

Es curioso cómo, a la hora de definir las diferentes artes según su modernidad y su apego a las circunstancias en las que se crean, el cine camina más lento que, digamos, la novela o el teatro. Si ocurre algo rompedor en el panorama político, es raro verlo retratado en poco tiempo en la gran pantalla. Tal vez sea porque de la mayoría de las películas no sólo se exige un rendimiento artístico, sino también monetario, y meterse en jardines ideológicos parece ser veneno para la taquilla. Sin embargo, hay una argumentación cierta y pertinaz a la hora de declarar que, comedia romántica mediante, el mayor éxito de la historia del cine español a día de hoy, Ocho apellidos vascos, es un filme puramente político que, como muchos alegan, no podría haberse dado en otras circunstancias sociales.

El gran dictador es cine político. Teléfono rojo: volamos hacia Moscú es cine político. Plácido es cine político. Los grandes, aunque parapetados tras el chiste inteligente, siempre han hecho cine de la política, por una simple razón: no importa quién sea el público, qué crea, a quién vote (o siquiera si vota) o qué opina del gobernante de turno. Las vidas de todos los ciudadanos se ven irremediablemente afectadas por la política y las historias que contamos también. La audiencia, sin embargo, peca de muchas cosas menos de tonta. La mayoría de las veces, todos aquellos que se sientan en la sala quieren ver algo que fomente su capacidad crítica, que les abra los ojos, que inicie un diálogo, que sugiera nuevos caminos por los que ir. La audiencia nunca quiere que el director o directora de turno les diga qué pensar.

Vivimos en una situación, real y ficticia, muy cínica. Ya no veneramos la utopía de Sorkin en El ala oeste de la Casa Blanca porque hemos abrazado la versión que creemos más cercana a la realidad de nuestras clases gobernantes, la acidez, dureza y maldad de House of Cards. Si todos quisimos a Josiah Bartlet como presidente, ahora nos conformamos con alguien que, si no va a arreglar las situaciones a las que nos vemos abocados, al menos no las empeore. Los superhéroes, hoy por hoy, también son política, son la necesidad de un público a confiarse a unos ideales que, si no fuese por el Capitán América, la Viuda Negra reconvertida o el Hulk descontrolado, fenecerían. Los superhéroes son los parches que le ponemos a la realidad corrupta. Son el Bruce Wayne que abrazamos porque, de alguna forma, el Joker ha podido con Harvey Dent.

En el resurgimiento del documental estos últimos años, tanto el más taquillero como el independiente, tiene mucho que ver lo muy pegado a la actualidad que está, la sed que tiene el público por ver y reflexionar sobre los temas que ocurren actualmente. The Square, The Act of Killing, The Unknown Known, The Invisible War y tantísimos otros ejemplos, analizan realidades de países y mundos diferentes, siempre bajo el sombrero de quien todo lo organiza, la situación política de un lugar.

Pensar en filmes apolíticos, que seguro que los hay, es difícil. Casi todas las historias tienen una agenda que cumplir y casi todas, en mayor o menor medida, se relacionan a sus circunstancias, ésas tan influenciadas por los gobiernos. Este año los Óscar premiaron alegatos a favor de la libertad del individuo y denuncias sobre una sociedad corrupta: 12 años de esclavitud, Blue Jasmine, Dallas Buyers Club o incluso Frozen definían sus historias a partir de quienes mandaban. Discutir si cine y política están relacionados puede ser tan trivial como discutir si el arte y la sociedad lo están. La retroalimentación es mutua. En pocos pero sonados casos, el cine ha cambiado el rumbo de la política, en muchos, la política ha dirigido los pasos del cine.

El ciclo que ha programado Café Kino para el mes de mayo nos viene al pelo con las elecciones del 25 de ese mes, elecciones en las que se vota al Parlamento Europeo. Esta es la lista de películas, para todos los gustos, que se proyectan en su versión original con subtítulos en español:

Reseñas por Guillermo Logar, Claudia Lorenzo, Ángeles García y Rau García.

Edifico España (2014), de Víctor Moreno

Lo que en un primer momento parecía un documental más, costumbrista, un análisis de una sociedad dentro de una Torre de Babel gracias a la rehabilitación de uno de los edificios emblemáticos de Madrid, situado en pleno centro de la capital, se tornó en una lucha contra la censura cuando la opinión pública supo que Edificio España, la película que Víctor Moreno había grabado durante meses entre las paredes del mastodonte, había sido vetada por el Banco Santander, propietario del inmueble. El propio Botín creía que su visionado complicaría la venta internacional del mismo. Más de 1.600 personas firmaron el manifiesto “Quiero ver Edificio España” y, tras quince meses de censura – aunque sólo dos de lucha masiva-, en marzo el documental se pudo proyectar públicamente en una sala comercial. Previamente a la prohibición, el Festival de cine de San Sebastián, el Festival Internacional de cine deBuenos Aires BAFICI, DocumentaMadrid o DOC LISBOA , entre otros, habían respaldado el proyecto. Originariamente Moreno sólo quería ser testigo del procesode cambio que iba a sufrir uno de los símbolos de prosperidad del franquismo, a partir de la mezcla de nacionalidades de los trabajadores participantes y de los intercambios generados en el lugar. Sin embargo, la decadencia previa del edificio, la simbología del parón al cual el filme fue sometido, y la variedad de razas de todos aquellos involucrados en su restauración, crean una tremenda metáfora sobre los tiempos que vivimos y lo que podemos hacer con ellos.

Europa en 8 bits (2013), de Javier Polo García

Vergüenza debería darles a todos aquellos que ha desterrado las viejas consolas GameBoys, NES, Atari ST, Commodore 64 o la Amiga al fondo del armario o, peor aún, a la basura. Porque lo que Javier Polo viene a contar en este documental, financiado en parte gracias al crowfunding y ganador del primer premio VOD en Vimeo, gracias al cual le han dedicado un mes exclusivo de campaña mundial en la plataforma, es que esas consolas son herramientas para hacer música. Sí, la llamada música chip, o música en 8 bits, que está en auge y promete un sonido nuevo, innovador y moderno. Entrevistando a artistas de diferentes partes de Europa (Italia, Alemania, Francia, Inglaterra, Suecia, Noruega, Holanda y España), continente en donde el movimiento se ha desarrollado con más fuerza, Polo muestra cómo esas máquinas de ocio que tanto nos hicieron disfrutar en los 90 se pueden convertir en instrumentos musicales inesperados. Europa en 8 bits se estrenó en el Festival de Cine Documental de Amsterdam (IDFA) y desde entonces se ha proyectado en el Festival de Cine de Miami, IndieLisboa, Dock of the Bay y el Festival de Málaga. Esta película demuestra, no sólo que cualquier moda vuelve, sino que a día de hoy no podemos considerar ninguna tecnología como obsoleta, sobre todo frente al poder de la imaginación.

50 días de mayo. Ensayo para una revolución (2012), de Alfonso Amador

Rodado entre Valencia y Madrid (aunque el movimiento ciudadano 15-M se expandió casi simultáneamente en toda España), el documental retrata en blanco y negro el surgimiento en 2011 y posterior organización de esta protesta (pacífica) social histórica consistente en acampar de forma indefinida en las principales plazas de las ciudades, frente a los ayuntamientos y ministerios. Para quienes no se sentían y siguen sin sentirse representados por la actual “clase política”, significó la esperanza de un cambio, que sirvió para generar, al menos, una reflexión política y un dialogo que desde el gobierno se intentó silenciar en repetidas ocasiones. El movimiento, que fue un estimulante despertar de la impotencia y la frustración de los ciudadanos ante una serie de injusticias, tuvo tal repercusión que posteriormente en países como Egiptotuvo lugar un acontecimiento masivo similar muy importante. Mucha gente, de todo tipo, simpatizante con el movimiento, no pudo estar presente en la acampada o participar activamente en las reuniones y manifestaciones, pero desde sus casas lo siguió puntualmente. Un documental como éste también es una forma de protestar y de prolongar el mensaje qué todavía sigue sin solucionarse, producto de la escasa vocación de los políticos en general por servir a la sociedad, que desencadena en un desencanto y una desconfianza de la política por parte de los ciudadanos. La estela del 15-M sirvió además para demostrar que el pueblo puede conseguir cosas si “lucha” unido, y desde entonces sigue haciéndolo en estos tiempos en los que hay que revelarse y exigir nuestros derechos a los que tienen el poder, para que hagan un buen uso de él.

Los idus de marzo (2011), de George Clooney

El escritor Thornton Wilder (tres veces galardonado con el Pulitzer) publicó Los idus de marzo en 1948.Una narración en forma epistolar que toma como título la fecha en que asesinaron a Julio César. Política, avaricia,intrigas y ausencia total de principios forman la salsa de esta historia de aires shakespearianos que ha servido de inspiración para la película Los idus de marzo, un filme dirigido, producido, coescrito e interpretado por George Clooney junto a Ryan Gosling. La historia se sitúa en plenas elecciones primarias del partido Demócrata en Ohio. El candidato, GeorgeClooney es un hombre que no está dispuesto a hacer concesiones para ganar votos. Su única religión –se insiste- es la Constitución. Predica en contra de la invasión de países para conseguir petróleo. Está a favor del aborto y en contra de la pena de muerte. Al frente de su equipo de comunicación está el insobornable Ryan Gosling, un profesional tan encantador como temido, dispuesto a darlo todo por el líder honesto al que admira.De poner las cosas en su sitio se encargan Philip Seymour Hoffman y Paul Giamatti, los terribles (y muy creibles) jefes de campaña electoral de los dos candidatos rivales. Marisa Tomei, personifica perfectamente a una periodista independiente. La desencadenante del drama es la joven y bella Molly (Evan Rachel Wood) una especie de becaria que trabaja entregada a la campaña. Al igual que en Buenas noches y buena suerte, George Clooney demuestra que es un magnífico director y que está en situación de escoger temas comprometidos acordes con sus convicciones políticas (la fotografía de su arresto frente a la embajada de Sudán, acompañado de su padre). A base abundantes primeros planos y mucho claroscuro, Clooney muestra al espectador como los principios morales de unos y otros van cayendo. La quiebra no lleva al panfleto antipolítico. Va mucho más allá. Conviene reflexionar sobre ello y mirar a nuestro alrededor.

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Mi nombre es Harvey Milk (2008), de Gus Van Sant

“Es imposible que Sean Penn lleve décadas haciéndonos creer que interpreta bien a personajes heterosexuales”. Así presentó Robert De Niro la nominación de su amigo a los Óscar por encarnar al activista gay Harvey Milk. Penn, que se llevaría el premio esa noche a casa, estupefacto porque, como él mismo dijo, “soy consciente de que lo pongo difícil a la hora de caeros bien”, borda su papel en una interpretación que, de acuerdo a lo que mencionaba De Niro, podría quedarse en la gestualidad histriónica de unos personajes que no tienen por qué presentarse así ante la audiencia para definirse como homosexuales. Su modo de expresarse, excesivo, como el propio Harvey era, es, sin embargo, sólo la cortina de humo que oculta una gran historia del activismo americano, aquella del primer político abiertamente gay de California que quiso proteger a sus amigos de leyes injustas que hoy, cuatro décadas después, suenan a barbaridades. Harvey Milk fue más que un supervisor de distrito, fue un símbolo, un luchador de la calle, un tipo que sufrió en sus carnes aquello que luego deseó abolir. Pero a su alrededor también orbitaban grandesconocedores de la situación que mantuvieron vivo su legado. James Franco, Emile Hirsh o Allison Pill dan la réplica a Penn en una historia que logra que la tristeza del desenlace se vea compensada por la esperanza de lo que surgió después.

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Bananas (1971), de Woody Allen

República bananera es un término peyorativo para un país que se ha considerado como políticamente inestable, empobrecido y atrasado donde la corrupción es práctica corriente en cada aspecto de la vida cotidiana. Un escenario que se presta a los gags y bromas clásicas del autor neoyorkino en su época más gamberra y absurda. Es una comedia de Woody Allen sobre un neoyorquino que, tras ser abandonado por su novia (activista) viaja a un pequeño paísde América Latina y acaba enredado en una rebelión. Es la representación Alleniana de la Revolución Cubana. Partes del guión están basadas en el libro del escritor estadounidense Richard P. Powell Don Quijote, U.S.A. de 1966. Bananas pertenece al grupo de películas pre-Annie Hall del director:Toma el dinero y corre (1969), Sueños de un seductor (1972), Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo…(1972), El Dormilón (1973) y todas aquellas primeras comedias que arrastraban la influencia de los autores europeos y el cine independiente americano en el que los nuevos directores hacían uso de los movimientos rápidos de cámara y una cualidad en la imagen un tanto gastada que otorgaba a sus obras una estética casi de cinema verite que se asociaba a la vanguardia y en el que Allen explotó su don para la construcción de diálogos rápidos. El Instituto de Cine Americano (AFI) sitúa en el número 69 de su ranking de las películas más divertidas de la Historia esta obra de Allen.

Patty Hearst (1988), de Paul Schrader

La historia real de Patricia Campbell Hearst ( Natasha Richardson en la película), nieta del magnate William Randolph Hearst (Citizen Kane) una niña rica de California secuestrada a los 19 años por el Ejército Simbionés de Liberación, una de las muchas sectas surgidas en California en los años 70 a partir de una mala interpretación del movimiento hippie y como reacción a las sucesivas políticas exteriores de los gobiernos de EEUU (Vietnam principalmente). Schrader, amigo y colaborador deMartin Scorsese (firmó junto a Marty los guiones de Taxi Driver y Toro Salvaje) se encargó de llevar al cine la historia del secuestro y posterior transformación de Patricia Hearst en miembro de la secta. Patty Hearst puede recordar a la más reciente Martha Mary May Marlene (2011) aunque ninguna de las dos son grandes obras si merece la pena revisarlas para entender un tema tan complejo como es las infinitas interpretaciones y sus efectos en lasociedad estadounidense de la segunda mitad del siglo XX. En esa categoría desatacaría The Master (2012) y su acercamiento al fundador de la Cienciología, la gran estafa americana en lo que a sectas se refiere.

Pussy Riot: una plegaria punk (2013), de Mike Lerner y Maxim Pozdorovkin

“El arte no es un espejo que refleja el mundo, sino un martillo para darle forma”, con esta contundente frase de Bertolt Brecht arranca el documental producido por la HBO. Y efectivamente, estas chicas que se autodefinen artistas son el martillo de la sociedad rusa “influenciada por el gobierno de Putin y la iglesia ortodoxa”. Juegan a la provocación, empezando por el nombre del colectivo, para intentar cambiar las cosas, desde el régimen político actual, pues a veces sólousando la polémica como arma puede pasar algo y trascender a medios de comunicación de todo el mundo. Pero no se engañen, aunque vayan con pasamontañas, no son un grupo peligroso, aunque hacen pensar a la sociedad rusa más conservadora y tambalear la estabilidad del gobierno, y esto sí es peligroso. Cuenta la historia desde la fundación de las Pussy Riot (no confundir con las ucranianas de Femen), ungrupo de música punk activista político-feminista, concentrándose en el arresto y posterior proceso judicial que condenó a prisión a Nadezhda Tolokónnikova, María Aliójina y a Yekaterina Samutsévich por hacer una de sus performances en el altar de la catedral de Cristo Salvador de Moscú. Sólo les dio tiempo a cantar una canción punk durante 30 segundos, suficiente para encender la chispa. Y es que estaban jugando con fuego, pero eran conscientes y consecuentes, aunque después de lo caro que les costó, y aunque siguen en activo (y se han extendido a otras partes del mundo), no sabemos si volverían a actuar del mismo modo. En el documental se entrevista a personas de todo tipo de pensamientos, a favor y en contra, incluidos sus propios padres. De esta forma cada cual sacará sus propias conclusiones. ¿Rusia sigue anclada políticamente en su pasado o ha evolucionado? ¿Dónde empieza la libertad de uno y empieza la del otro? ¿Realmente hay libertad de expresión en este país? ¿Se hizo justicia o fue un proceso ilegal? Son algunas de las cuestiones que plantea el documental. La controversia está servida.

Inside Job (2010), de Charles Ferguson

Matt Damon narra este documental pionero y fundamental para entender la ola de cine de ficción y documental sobre la crisis económica del 2008 o ‘Gran Recesión’ que surgió entre el 2009 y la actualidad y que nos ha dejado títulos como The Company Men (2010), Margin Call (2011), Capitalism: A Love Story (2009),Heist: Who Stole the American Dream? (2011), Too Big to Fail (2011), The Flaw (2011) etc… Inside Job ganó el Oscar® al Mejor Documental en el 2011 y se ha convertido en un referente de su categoría. El documental de Ferguson es importante porque entendió que un tema tan complejo y técnico como el mundo económico y sus instituciones debía ser explicado con pausa y rigor al más puro estilo Salvados además de tomar un punto de vista para no quedarse en un simple intento de recopilación de datos y nombres. El mensaje de Inside Job es claro y urgente. Charles Ferguson habla de la corrupción sistémica de la industria de los servicios financieros de EEUU y las consecuencias globales que provocó esa corrupción. Dividida en cinco capítulos y con una duración total de 108 m. Inside Job es una película imprescindible para entender cómo hemos llegado hasta aquí y que podemos esperar en el futuro de un sistema que sigue igual acomo estaba cuando todo estalló. Inside Job recaudó cerca de 8 millones de dólares a nivel internacional. Una cifra espectacular para un documental, lo cual habla de la alta demanda de cine de este tipo en tiempos en los que el público desconfía de los medios de comunicación tradicionales y busca nuevas voces que aclaren un poco el panorama.

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The Corporation (2003), de Mark Achbar y Jennifer Abbott

Ganadora del Premio del Público al mejor documental internacional en Sundance 2004, esta obra de no ficción canadiense intenta analizar la personalidad de las corporaciones, fundamentalmente en Norteamérica, que poseen desde 1886 derechos como “personas jurídicas” equiparables a los de las “personas físicas”. A partir de estos referentes, los directores y Joel Bakan, co-guionista de la película y profesor de Derecho en la Universidad de British Columbia, se preguntan si las corporaciones también pueden estudiarse psicológicamente y, si se pueden, a qué espectro de la población corresponderían. Las referencias a la psicosis abundan pero también las explicaciones de por qué estos grandes conglomerados se han convertido en lo que son hoy en día. Rodado a la par que Bakan escribía su libro The Corporation: The Pathological Pursuit of Profit and Power, el documental fue elogiadopor los críticos a pesar de su larga duración (más de dos horas y media) y ofrece un punto de vista psiquiátrico acerca de unas sociedades muy presentes en nuestro día a día.

Team America: la policía del mundo (2004), de Trey Parker

Uno de los creadores de South Park, los dibujos para adultos “políticamente incorrectos”, no aptos para sensibles, ataca de nuevo con una película muy peculiar hecha con marionetas con un diseño parecido a la clásica muñeca Barbie y su novio Ken. Pero estos son unos juguetes muy peligrosos… Personajes, muchos de ellos inspirados en personas de verdad (aunque supongo que en estos casos, para cubrirse las espaldas, hay que señalar que “cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”, a pesar de llamarse incluso igual). Controlados por hilos, pero con una movilidad impresionante, puede ser perfectamente una metáfora de cómo funciona el mundo. Mezcla dosis de comedia acida, sexo y política (desde la perspectiva americana), un cóctel explosivo sobre la paz mundial y la lucha contra el terrorismo en el que aparecerán personajes como Bin Laden, entre otros personajes que reconoceremos, aunque estén hechos de plástico.

 

 Germinal (1993), de Claude Berri

Basada en la novela de Émile Zola publicada en 1883 (no es la primera vez que se hace una adaptación cinematográfica), es un retrato de la clase obrera, sobre todo, pero también de su contraste con la burguesa de finales de siglo XIX. Una historia sobre la revolución industrial que toca condiciones y derechos laborales, la huelga, ideologías, etc., cuyos protagonistas son los trabajadores de una mina. Hemos avanzado mucho desde entonces, gracias a lo que se reivindicó en el pasado, pero nos hará reflexionar ver que algunas de las cuestiones que plantea la película recuerdan a la situación actual de algunos oficios y según en qué países. Eran otros tiempos cuando Gérard Depardieu protagonizó numerosas películas sobre diferentes etapas de la historia francesa que ensalzaban a su país. Ahora, residente y nacionalizado en Rusia por un desencuentro político por unas medidas económicas ante la crisis que le iban a perjudicar, hace pensar que no volveremos a verle en producciones con argumentos de este tipo. Esperemos estar equivocados.

Samsara (2011), de Ron Fricke

Llamado documental no narrativo, Samsara, película que sigue la estela creada por un proyecto anterior de su director, Baraka (1992), sumerge al espectador en un espectáculo de potencia visual abrumadora. Rodada a lo largo de cinco años, en más de cien localizaciones de veinticinco países diferentes, en 70mm (lo que hace casi obligado su visionado en pantalla grande), Samsara pretende ser testigo del ciclo de la vida que todos los organismos recorren, cada vez que comienza, se desarrolla y termina. Escrita una vez grabada, narrada gracias a su edición siguiendo la vieja idea de Eisenstein del montaje intelectual, la película proporciona una fiesta a todos los sentidos de nuestro cuerpo. Es, sin ir más lejos, un filme bello, que promete lo que es, imágenes que no se han visto nunca y que no dejan de contar una historia, la historia de nuestro mundo.

 

 

 

PelículaEstiloJafarPanahiPelícula al estilo Jafar Panahi (2013), de José Luis Cubillo

Cuando Jafar Panahi rodó Esto no es una película, desconocía la condena a la que sería sometido por el régimen iraní. Con la colaboración de Mojtaba Mirtahmasb, Panahi parió algo que “no era” un filme al uso pero que expresaba su angustia y la incertidumbre en la que vivía. En Película al estilo Jafar Panahi, José Luis Cubillo reflexiona sobre la crisis económica y los valores occidentales de hoy en día mientras homenajea al director iraní. Exaltando la libertad de expresión audiovisual, Cubillo se convierte en hombre orquesta, encargándose de todos los departamentos de su película y defendiendo la creación personal y alternativa por encima de modas e industrias.

 

 

 

 

Robin Hood (1973), de Wolfgang Reitherman

Muchos han dado vida a este arquero del folklore inglés medieval: Douglas Fairbanks, Errol Flynn, John Cleese, Cary Elwes, Sean Connery, Kevin Costner, Rusell Crowe… pero ninguno puede igualar a este carismático zorro. Una vez más, Disney recurre a la fábula para contarnos una historia muy humana que gusta tanto a niños como a adultos. El director de clásicos como 101 dálmatas, Merlín el encantador, El libro de la selva o Los aristogatos, también trabajó como animador en las películas más emblemáticas de la factoría Disney, que los niños de hoy en día deberían descubrir, sin dejar de lado el cine de animación contemporáneo. Un cuento cuyo personaje protagonista, un ladrón que roba a los ricos para dárselo a los pobres, por tanto, héroe para unos y forajido para otros, que nunca pasa de moda (tampoco en nuestros tiempos), pues sin ir más lejos, se podrían nombrar varios Robin Hoods en nuestraépoca, pero estos ya no habitan en los bosques, sino en las grandes ciudades.

 

CARTELERA CAFÉ KINO (MAYO 2014)