Wes Anderson, El niño Cool

Por María F. Valencia

Colores primarios y uso del travelling entre muros que se pasean de habitación en habitación desvelando nuevos escenarios y nuevos personajes concentrados en las más mundanas y dispares  actividades. Situaciones un poco excéntricas siempre vistas desde un punto de vista muy muy  zen. Escenas en cámara lenta. El uso de miniaturas como instrumento de dramatización ( ya que nos transporta directamente a una escenografía teatral). Música  clásica y de bandas independientes (¿se le puede seguir llamando independiente a bandas como Sigur Ros?) y como no, Bill Murray.

*Estos y muchos elementos más están incluidos en la obra de Wes Anderson.

Las tramas pasan de ser el foco principal de sus filmes – sin ignorar sus traumas de la infancia, los que son tema constante en sus guiones – la atención la consiguen acaparar los colores y los encuadres pintorescos. Pero, ¿es suficiente la estética, aún cuando el contenido termina siendo simplemente entretenido, sin ir más allá? ¡Y vaya que son entretenidos!.

Es hora de hablar de un director como Wes Anderson. No solo porque Moonrise Kingdom acaba de estrenarse sino porque siempre, al parecer, ha sido hora de hablar de él para un grupo importante de seguidores del director. Y al hablar de él como un ícono, ¿no lo convierte inmediatamente en la antítesis de toda esa gente que tanto le idolatra?.

Anderson tiene un estilo muy definido, eso queda más que claro. Sus personajes tienden a ser unos niñatos malcriados y enrarecidos, siempre a causa de sus desavenencias familiares y del peculiar entorno que los crecen. Entornos familiares disfuncionales. El propio Anderson siempre se encarga de darle un toque de cotidianeidad en la que si nos sentimos ajenos no es por lo peculiar del entorno, si no porque simplemente no encajamos en él. Anderson nos intenta siempre poner en frente de los personajes.Nos arrastra  hacia ellos poco a poco, logrando que nosotros como espectadores tengamos esa epifanía junto con los personajes con ese sentimiento particular wesandersiano de nostalgia y a la vez con pizcas de felicidad y emoción por un nuevo re-nacer, seguido por el desenlace de la trama, la cual se desliza suavemente como si fuera cuesta bajo.

Wes y el Hipsterismo

Pero lo que pongo aquí en cuestión, no es su estilo, que queda muy claro que va mas allá de creativo e ingenioso – aunque cansino- pero sí la reacción de ese grupo de seguidores de la obra del director ante su peculiar forma de hacer cine.

Me refiero a ese sub-género en la cultura moderna que se empeña en representar a esa porción “diferente” de la sociedad, realmente es materia de estudio. La única razón por la cual me niego a llamarles de cierta manera y ponerles una etiqueta específica  es solo porque rehúso a darles la razón, a darles la oportunidad de rechazar esa etiqueta y de esa forma crear una etiqueta “anti-etiqueta”. Lo cual sería más molesto aún.

Al director americano se le ha venido a llamar el “mesías” de esa sociedad “alternativa”. Y es que ya nada se puede llamar diferente. “El Mesías” porque viene a representarlos, y a salvarlos de la corriente mainstream que tanto atormenta a estos pobres que solo intentan no intentar, crean sin crear, a los que solo quieren conformarse en su propia no-conformidad. ¿Y qué dice Wes Anderson? Dice “No estoy seguro qué puedo tener en común con ‘ellos’. Quisiera saber más al respecto.” ¡Vaya revés! El mismo no se ve representado por sus semejantes.

Más y más gente se sentará en la sala a reírse después de cada línea como si fuera el público de un sit-com, vendrán más y más aplausos al finalizar la película. Más exclamaciones de asombro ante la genialidad de Wes. Pero, ¿Qué no les importa, por ejemplo, que el vestuario sea de Louis Vuitton, entre muchos otros? ¿Qué no va en contra de su manifesto que se porten zapatos de marca como Timberland, por mencionar alguna…? Tal vez hay algo que no me ha quedado claro aún, puedo estar en un error. Pero todo apunta a que ese look creado a propósito y cuidadosamente de manera que parezca lo contrario: descuidado, viejo y “pasado” de moda (y cool, claro que si), tal vez tiene más reveses de lo que pensábamos. Ahora nos encontramos con la oposición de este mismo individuo ante lo que él mismo se dice ser. Una desmitologización.

En Moonrise Kindom encontramos una caricatura en el puro sentido de la palabra. Una caricatura en la que podemos encontrar al típico bueno y al típico malo. Al ‘bueno’ le cae un rayo y sigue con vida; mientras tanto, al ‘malo’ lo apuñalan y corre despavorido casi con los ojos saliéndosele de las órbitas.

La historia es acerca de Sam (Jared Gilman) y Suzy (Kara Hayward), dos pre-adolescentes descubriendo y experimentando su primer amor, el cual supone ser tan fuerte y tan en contra de cualquier norma y estatuto impuesto por la sociedad de su pequeño pueblo en New England, que se ven forzados a huir juntos y embarcarse en una expedición, gracias a los conocimientos de boy-scout de Sam.

Con un gran reparto. Además de Bill Murray, aparece el encantador Edward Norton como el pobre Scout Master Ward al que vemos como se le derrumban sus ilusiones; un magnífico Bruce Willis, cuyo Captain Sharp logra que esa mirada penetrante que tiene el actor, se convierta en un tierno cachorro al que dan ganas de acarícialo y protegerlo; Frances McDormand como la madre de Suzy, cuya actuación es eso: actuación; una mínima aparición de Harvey Keitel; una Tilda Swinton que normalmente puede ser espeluznante, aparece sin fuerza. Y es que reitero, es una caricatura. Entretenida sin más, pero que cuando en la sala de cine todos rompen a reír en situaciones forzadas, cada cinco minutos, es cuando se hace evidente el fenómeno un tanto pérfido por lo que muchos de los personajes de los que anteriormente hablé, se distinguen. Eso, ó te hace preguntarte si el que no ha entendido la broma eres tú porque, falta de sentido del humor no es.

Lo mejor es  la música. A los que normalmente no suelen quedarse para los créditos, se lo recomiendo: The Heroic Weather-Conditions of the Universe, Part 7  por Alexandre Desplat, es bonito y vale la pena escucharlo dentro de la sala a oscuras .

Lo mejor de la película: la escena en la playa, el baile con la canción de Françoise Hardy “le temps de l’amour”.

Wes Anderson, me gusta tu trabajo previo…pero espero tus seguidores no se enfaden contigo…por ser tan exitoso, que según muchos de ellos por ahí no va el camino. A los otros, a los radicales, les encantará.

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