Violencia en los campos de algodón

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Crítica

12 años de esclavitud (2013), de Steve McQueen

Por Guillermo López García

La tercera película del cineasta, fotógrafo y escultor británico Steve McQueen 12 años de esclavitud (2013) continua con maestría el ciclo cinematográfico abierto el pasado año con las películas Lincoln de Steven Spielberg y Django Unchained de Quentin Tarantino. Tres obras que responden a la necesidad de la sociedad estadounidense de mantener abierto el debate sobre el racismo hasta que de una vez por todas se pueda entender la verdadera dimensión de los crímenes contra la humanidad perpetrados desde el s. XVII hasta el s. XIX por el hombre blanco, amo y señor del país recién colonizado y que establecería las bases de su economía sobre la indudable necesidad de explotación del hombre negro. Y como toda gran obra de arte, y 12 años de esclavitud lo es, la idea de la película se puede identificar en muchas otras sociedades aparte de la estadounidense. En el que ejerce de “ser superior” confluyen la arrogancia, la ira y el hambre de poder siempre junto a un temperamento violento e imprevisible. Sean nazis, esclavistas, fascistas o religiosos radicales por poner algunos ejemplos.

La maldad en su esencia más pura. Aquí con el rostro de un irrepetible Michael Fassbender. En oposición, la víctima. Un hombre libre que es secuestrado y vendido de amo en amo, Solomon Northup, inolvidable Chiwetel Ejiofor. Una niña con cuerpo de mujer que necesita morir para poder salvarse, la espléndida y bella debutante Lupita Nyong’o, además de una interminable lista de secundarios de primera entre los que destaca el productor de la película, Brad Pitt en sí mismo.

12 años de esclavitud es en esencia una aterradora historia real narrada por un artista enorme que acierta en la duración de cada escena como pocas veces sucede en el cine. Es difícil de ver. Por momentos imposible. Cruda.

La importancia de esta película es indudable. Que los premios la hagan justicia y ayuden a que más gente pueda descubrirla. Hay que estar preparado para lo que se va a ver. Muchas veces el espejo al que nos obligan a mirarnos los buenos cineastas nos devuelve una imagen difícil de digerir.

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