Una película sin género

Rocky

Crítica

The Rocky Horror Picture Show (1975), de Jim Sharman

Por Heider Tunarrosa

Es difícil colocar The Rocky Horror Picture Show en un género específico. Estudiemos su trama: una pareja joven se pierde en un castillo donde un científico desquiciado ha creado un ser humano para su beneficio. Suena como una película de terror, pero Rocky Horror también tiene grandiosos momentos musicales y una carga erótica impresionante. Ahora podríamos ser más concretos: un musical de ciencia ficción en donde dos prometidos se pierden en medio de la nada y llegan a una mansión en la que un desquiciado travesti científico ha fabricado su propio monstruo de Frankenstein para su propio placer físico y sexual.

La película nos muestra a una hermosa Susan Sarandon y a un divertido Tim Curry (como el travesti científico), homenajeando a las películas de serie B de los 50 y los 60. Su número musical de apertura describe una historia en donde todos los personajes de las películas de ciencia ficción se conectan y entrelazan y hace continuas referencias al principio de mostrar dos películas por el precio de una.

Rocky Horror también trata temas como la bisexualidad y el despertar físico en las personas. La canción de Susan Sarandon “Toucha Toucha Touch Me” es la mejor descripción del placer y el deseo que existe en un musical. Es sucia, erótica, confusa y descriptiva. Y el personaje del travesti muestra un lado distinto a lo que un científico debe ser. Es una película sexual y cómica al mismo tiempo. La dirección de arte tiene influencias de Drácula, Frankenstein y Bettie Page.

Los personajes son arquetípicos y originales al mismo tiempo. No son buenos, ni malos, son sátiras de todos los héroes, heroínas y villanos de las películas de terror. No hay sangre, pero sí canibalismo, no hay sexo explícito, pero sí varias escenas sobre la pérdida de virginidades. Es un deleite visual y musical que nunca envejecerá y que jamás podrá ser imitado.