Una amistad de juventud

Photo by  Nicola Dove

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Crítica

Ginger & Rosa (2012), de Sally Potter

Por Sara Méndez

Ambientada en el Londres de los años 60 durante la crisis de los misiles de Cuba, “Ginger & Rosa” es un retrato íntimo y sutil sobre amistad y juventud. Sincero y desgarrador, el film (escrito y dirigido por la cineasta británica, Sally Potter) cuenta la historia de Ginger (Elle Fanning), una joven activista de 17 años angustiada por sobrevivir en un mundo a punto de desmoronarse, y su relación con Rosa (Alice Englert), una adolescente rebelde que sueña con encontrar el amor eterno.

Unidas desde su nacimiento, las protagonistas comparten secretos y aventuras mientras buscan desesperadamente llenar el vacío provocado por el abandono físico y emocional de unos padres heridos y egoístas. A medida que las jóvenes descubren su sexualidad, las acciones de Rosa abren una brecha irreparable en el alma de Ginger, cuyas consecuencias resultan devastadoras tanto a nivel emocional como familiar.

A través de los versos escritos por Ginger, Potter desvela el lado más frágil de las personas y muestra sin tapujos el dolor causado por el amor y el desengaño. Sin embargo, a pesar de la honestidad con la que la cineasta plasma la amistad de las adolescentes, la película resulta demasiado lenta y los personajes, un tanto monótonos. La relación entre Ginger y sus padres, interpretados por Christina Hendricks y Alessandro Nivola, es penetrante y reveladora, y la interpretación de la joven Fanning es sorprendentemente madura para su edad. Su aspecto etéreo y la inocencia con la que envuelve a su personaje es conmovedora, y su sufrimiento es puro como el de una adolescente profundamente herida cuyo único consuelo son los cuadernos donde ahoga sus penas.

La ambientación del film está bien lograda. El diseño de producción es, al igual que el mundo de los personajes, decadente y sombrío, y las localizaciones son bellas. El movimiento pacifista y las manifestaciones contra la guerra son elementos fundamentales en la historia que ayudan a entender una época a punto de explosionar.

La fotografía juega con tonos cálidos y fríos creando un ambiente intimista donde colisiona el ardor de los sentimientos y pasiones que viven las protagonistas. Así mismo, el uso de cámara al hombro nos acerca a los personajes y actúa como metáfora de la inestabilidad y disfuncionalidad del mundo en el que se desarrolla la trama.