Un valiente en las trincheras

Sargento York (1941), de Howard Hawks

Por Miguel Olid

Como se suele decir, ante la duda siempre hay que acudir a los clásicos y nadie mejor que Howard Hawks como paradigma de cineasta clásico, que aportó a la historia del cine grandes películas, especialmente en la comedia y en el western.

Aunque siempre será  recordado por las maravillosas “La fiera de mi niña”, “Bola de fuego”, “Luna nueva”, “Scarface”, “Hatari”  o por sus westerns con John Wayne, su filmografía incluye algunas pequeñas joyas menos conocidas como “Código penal”, “Vivamos hoy”, “La comedia de la vida” o “Rivales”, todas de los años 30 y algunas de ellas con guión del genial Ben Hecht, habitual colaborador de Billy Wilder.

“Sargento York” no figura desde luego entre este grupo de películas desconocidas de Howard Hawks pero tampoco se sitúa entre las más aclamadas por la crítica por lo que merece a todas luces ser reivindicada y figurar entre las recomendaciones de este verano.

Lo primero que llama la atención de este filme es el trabajo de Gary Cooper, que pasa de ser un pendenciero alcohólico e inconsciente al principio de la película a convertirse en un hombre muy religioso, de sólidos principios y valiente al final de la película. La paulatina transformación de su personaje, Alvin York, el más condecorado soldado de la I Guerra Mundial, está muy bien marcada en un guión, en cuya redacción participó nada menos que John Huston, otro de los grandes. Esta es otra de las constantes en el cine de Hawks: saber rodearse de los mejores guionistas. Además de los citados Hecht y Huston, William Faulkner y Billy Wilder también escribieron para el autor de “La fiera de mi niña”.

Sorprende la importante presencia que tiene la religión y la fe en “Sargento York”, cuando el propio Howard Hawks confesaba que no le interesaba para nada estas cuestiones. Por el contrario, sí es “marca de la casa” su facilidad para recurrir al humor, en esta ocasión como contrapunto en medio de una crucial batalla. Tampoco debe sorprender la elegancia y maestría con la que rueda Howard Hawks las secuencias de guerra en las trincheras, que no tienen nada que envidiar a las de un título clave, “Senderos de gloria”, de Stanley Kubrick. Además de su extraordinario olfato para rodar comedias, Hawks siempre brilló por su modo de planificar todo tipo de batallas, ya sea en tierra, mar o aire, como se puede apreciar, por ejemplo, en “Vivamos hoy”. No obstante, “Sargento York” no narra, a pesar de estas secuencias y de su título, una historia bélica, sino que es una película entrañable, plena de momentos inolvidables (ese Gary Cooper que se retira con su perro a meditar sobre una importante decisión que debe tomar) y en la que seguimos la fascinante trayectoria de un hombre redimido y ejemplar.