¿Orgasmo intelectual?

Photo by Christian Geisnaes

Crítica

Nymphomaniac. Volumen 2 (2013), de Lars von Trier

Por Rau García

Viendo Nymphomaniac (vol.2) no pude evitar acordarme de una de las escenas más divertidas de una película muy diferente: Mi mujer es una actriz (2001), de Yvan Attal, en la que el personaje de Charlotte Gainsbourg, que interpreta a una actriz llamada como ella, Charlotte, casada con un periodista deportivo, cuyo papel lo interpreta el director de la película, tiene que rodar desnuda una escena en la que simula hacer el amor con otro actor. Un día, su marido (en la ficción y en la vida real), el cual últimamente no lleva nada bien que su mujer se dedique a esta profesión pues implica que tenga que besarse con otros actores, se presenta sin avisar en el rodaje y encuentra a todo el equipo desnudo, por orden del director, para que Charlotte se sienta más “arropada”. Por pura diversión, imagino que estas dos películas están conectadas, de modo que visualizo al personaje que da vida Yvan Attal en Mi mujer es una actriz apareciendo por sorpresa en el rodaje de Nymphomaniac. Puede que hiciera esta conexión porque en Mi mujer es una actriz, antes de rodar la escena comprometida, Charlotte le pregunta al director si es estrictamente necesario su desnudez, si se podría sugerir en vez de enseñar. Algo parecido a lo que le pasó en Nymphomaniac. Lars von Trier le pidió a Charlotte Gainsbourg que masturbara a un actor, pero se negó. Tampoco aceptó aparecer en el mismo plano en el que un actor se masturbaba de verdad. Y conociendo la trayectoria de Gainsbourg, no es por pudor o falta de profesionalidad, pues desde temprana edad se ha caracterizado por ser una actriz valiente en ese sentido, pero de la ficción a lo explícito hay una línea que von Trier le propuso cruzar, y en lo referente al sexo, en el cine hay ciertos límites.

Cuando el guión exige que un actor o actriz muestre una parte íntima de su cuerpo y además tenga contacto comprometido con otro actor, para evitar malentendidos en este tema tan delicado puede llegarse hasta reflejarlo en un contrato (y en la cuenta bancaria). En producciones más pequeñas el actor o actriz llega hasta donde quiere, pero es conveniente pactarlo previamente, de palabra. Aún así pueden haber problemas, como los que surgieron, por ejemplo, durante el rodaje de la reciente La vida de Adèle, de Abdellatif Kechiche. Por eso es importante ante todo crear un buen ambiente (los actores que trabajan con Lars von Trier suelen repetir, a pesar de ser rodajes extramadamente duros, aunque hay otros que no lo quieren ver ni en pintura, como Björk). Lars von Trier ya tiene experiencia en el rodaje de sexo explícito, no es la primera vez que lo hace, ni la primera que se hace en cine, pero muchos lo ven como si fuera una novedad. En Nymphomaniac se usan trucos como dobles actores porno, técnicas digitales o el propio montaje. Pero, por poner un ejemplo de muchos que hay, en The Brown Bunny, Vincent Galo rodó una escena en la que Chloë Sevigny le hace una felación. Gainsbourg eligió no hacer cosas de este tipo, así que von Trier podía haber elegido en su lugar a una actriz que estuviera dispuesta a hacer todo lo que él propusiera. Sin embargo, por su calidad interpretativa (que seguramente no tenga una actriz porno), por su rasgos físicos perfectos para el papel, por la química explosiva que tiene con el director y a saber por cuales más motivos, quiso que fuera ella. Gainsbourg es una actriz que siempre ha llegado muy lejos y Lars von Trier es uno de los directores que le hace llegar lejísimos (ya trabajaron juntos en Anticristo y en Melancolía, ambas experiencias fuertes para la actriz), haciendo que se desnude también interiormente. Destaca el trabajo de otros dos actores que sostienen unos papeles complejos: Stacy Martin y Shia LaBeouf, que ha dirigido cortometrajes y videoclips en los que se aprecia un universo no muy alejado al de Lars von Trier, como se puede apreciar a continuación:

Videoclip dirigido por Shia LaBeouf protagonizado por Mia Goth, que también hace un trabajo excelente en Nymphomaniac

Y un cortometraje dirigido también por LaBeouf. En el minuto 7:40 hay una imagen que recuerda a una de NymphoMANIAC

 

Nymphomaniac cuenta la historia de Joe, una mujer que aparece tirada seminconsciente en el suelo de un solitario callejón con signos evidentes de haber sido golpeada. Un buen hombre llamado Seligman (interpretado por Stellan Skargård), la encuentra y la lleva a su casa para cuidar de ella hasta que se recupere, ya que por algún motivo la misteriosa mujer no quiere llamar a la policía ni a la ambulancia. Es en la casa de Seligman donde Joe, ante la curiosidad de este profesor soltero y judío que vive solo, empieza a contarle detalladamente su historia desde el principio, una conversación que se convierte en una sesión de psicoanálisis. La película es una versión reducida respecto al “montaje del director” que dura 5 horas y media, y está formada por ocho capítulos (estructura que recuerda a Saló y los 120 días de Sodoma, de Pier Paolo Pasolini) fraccionados en dos partes. Una división que Lars von Trier, tal y como se indica al comenzar la película, ha dado permiso para realizar, pero su deseo era el de exhibir la versión íntegra. El volumen 1 trata la primera etapa en la vida de Joe, desde la raíz de su problema que surge ya a muy temprana edad: su adicción al sexo, que empieza siendo un juego morboso y acaba convirtiéndose en una enfermedad que le traerá graves consecuencias. El volumen 2 se concentra en la edad adulta de Joe en la que toca fondo, pero sólo en los peores momentos, que son los de su mayor lucidez, toma conciencia de su estado lamentable. Un problema que está afectando a su salud física y mental, como también pudimos ver en Shame, de Steve McQueen, y está destrozando su vida. Si te gustó mucho o medianamente, querrás ver cómo continúa para saber cómo y porqué Joe terminó en aquel callejón en esas condiciones, pero sobre todo, para ver lo que el trailer y la publicidad (engañosa) promete y no se ha visto en la primera parte. 

Muchos miran a Lars Von Trier como un cineasta de mal gusto por tratar de manera cruda, moderna y personal temas incómodos para el ser humano. Y comprendo a las personas que le rechazan, que no sienten empatía por un artista excéntrico que se adentra en terrenos peligrosos, ocultos, con una forma de expresarse que puede resultar fría y agresiva (y si no se le perdona el comentario desafortunado que hizo en una rueda de prensa del Festival de Cannes, todavía peor). En mi opinión, junto a Michael Haneke o Giorgos Lanthimos (Canino, Alps), entre otros, es uno de los autores cinematográficos contemporáneos que mejor saben adentrarse en la oscuridad de la naturaleza humana, diseccionando así el comportamiento de los individuos que componen nuestra sociedad, sin que éste sea un reflejo exacto de la realidad. Por eso puedo entender a los que prefieren mirar hacia otro lado ante un espejo en cuyo reflejo deforme también puede uno reconocerse.

Creo que no me equivoco al afirmar que Lars Von Trier busca la provocación, y me refiero a su cine en general, no a la campaña de marketing de Nymphomaniac, que también, aunque éste no sea su principal objetivo. En otras palabras, su intención es la de remover el estomago y hacer reflexionar al público, a la par que él también lo hace, por supuesto. Porque su cine a veces pone mal cuerpo, es angustioso, pero es que el arte no es siempre sinónimo de experiencia maravillosa para los sentidos y nuestro intelecto. Debe estimularnos, provocarnos, y no obligatoriamente cosas agradables. Lars von Trier juega a eso: escoge un tema que le interesa, que le intriga, que padece, que siente, él y mucha gente, y lo eleva hasta la máxima potencia filtrándolo por su particular visión y estilo cinematográfico. Y como muchos han hecho a lo largo de la historia del arte, se sirve de la tragedia para hacer poesía. Es uno de esos autores con los que no hay término medio, o te fascina o le aborreces. Ya nos tiene acostumbrados a la controversia que despiertan sus películas. Afortunadamente, él se puede permitir esta libertad de creación gracias a Zentropa, la productora que fundó en 1994, un año antes de que firmara el tratado del movimiento vanguardista “Dogma 95”, ya disuelto.

Yo, que soy de los raros que suelo “disfrutar” con sus películas, Nymphomaniac es la primera de su filmografía que me ha dejado un poco indiferente. Puede que tuviera unas expectativas muy altas y que por eso me decepcionara. Una historia y una protagonista que de entrada suenan muy atractivas, pero ya desde los primeros minutos no conecté lo suficiente con ninguna de las dos. Abusa de la narración de Joe en el presente a la que Lars von Trier recurre cada vez que quiere hacer un chiste (no muy agudos), un paralelismo o una metáfora (estas sí, muy potentes) llenas de referencias religiosas, musicales, literarias, etc., que se explican a través de Seligman, personaje que sabe de todo un poco, al cual el director utiliza para lanzar sus propias opiniones religiosas con un acido sentido del humor. El uso de gráficos que subrayan lo que ya se cuenta visual o verbalmente no me pareció muy acertado, pero entiendo que es un director inquieto, siempre experimentando formas de contar, y eso lo aprecio. Ambos volúmenes se me hicieron demasiado largos, lo que me hace dudar sobre si se podría haber dejado en uno sólo. Por otro lado, resulta curioso el guiño que hace a una escena de Anticristo, y puede que se me escape alguno más. Con lo bueno y con lo menos bueno, celebro que existan cineastas como él, con una fuerte personalidad que se traduce en películas muy interesantes, y recomiendo dar una oportunidad a Nymphomaniac, pues es arriesgada, peculiar… sólo por eso ya merece la pena. Pero aún siendo bastante irregular y menos intensa de lo podía haber sido, hay escenas brillantes (también hay quien no le soporta y la califica como la mejor de su filmografía hasta la fecha). Lo mejor es que vayáis a verla y juzguéis por vosotros mismos. Mientras no meta la pata con otra declaración insolente, cualquier cosa que se diga sobre el cine de Lars Von Trier va en su beneficio. No todos tienen esta suerte. Como dice la primera mujer de Jordan Belfort (que a su manera también es un adicto al sexo) en El lobo de Wall Street, de Martin Scorsese, ante el enfado del empresario al leer una entrevista en la que no le gusta cómo le retratan: “la mala publicidad no existe”. Oslo, 31 de agosto, de Joachim Trier, pariente lejano de Lars, comparte cartelera junto a Nymphomaniac. Su protagonista, Anders, también trata de salvarse, como Joe.

 

ENTREVISTAS

 

Aquí la crítica del volumen 1, por Sara Méndez: http://www.lacriticanyc.com/la-soledad-del-sexo/

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