Traumatismos en familia

Nora Navas en Todos queremos lo mejor para ella

Nora Navas en Todos queremos lo mejor para ella

Crítica

Todos queremos lo mejor para ella (2013), de Mar Coll

Por Claudia Lorenzo

La Geni ha tenido un accidente. No sabemos muy bien de qué, ni cómo. Ha pasado tiempo, un año. Según sus allegados, suficiente como para levantar la cabeza y seguir adelante. Pero Geni sigue coja, con dolores de rodilla y grandes problemas para hablar cuando se pone nerviosa. Ante una insensibilidad que al principio parece aberrante, su familia le recrimina que no se esfuerce más e intente hablar mejor. Pero Geni no puede, ojalá pudiese. Como buena humana, finge estar mejor de lo que se siente, y decide ponerle buena cara al mal tiempo. Pero eso dura poco.

En clases de guión siempre enseñan que un personaje normalmente quiere una cosa pero necesita otra. El final feliz, de algún modo, será aquel que le dé lo que le hace falta, no lo que ansía. Geni quiere ser ella hace veinte años, quiere que su madre no se hubiese muerto a la vez que ella planeaba dar la vuelta al mundo, y quiere que la vida de su mejor amiga del colegio se convierta en la suya. Geni también tiene muchos problemas para decir qué quiere, pero tiene más para averiguarlo por ella misma. Lo que ella necesita es descubrirse. Así que a lo largo de varios días en invierno nos introducimos en su casa, aquella en la que vive con su marido que la cuida e increpa a partes iguales. También conocemos a sus hermanas, a su padre, a su psicóloga. Y, finalmente, nos reencontramos con Mariana, compañera inseparable en la adolescencia que se fue por otro camino y que ahora se vuelve a cruzar en su vida provocando, sin quererlo, multitud de reacciones alrededor.

Geni es Nora Navas, ganadora de la Concha de Plata y del Goya a la mejor actriz por su papel en Pa Negre. Más bien se podría decir que Navas es Geni, se la echa a la espalda y sujeta, como Marian Álvarez en La herida, todo el peso de la historia y del trauma ella solita. A su alrededor destacan Pau Durà, Clara Segura, Àgata Roca, Jordi Costa y Valeria Bertucelli. Y a la cabeza de la historia está Mar Coll, directora y coguionista de su segundo filme.

Que a Coll le interesan los asuntos de casa es algo que queda patente tras observar su ópera prima, Tres días con la familia, y la que ahora nos ocupa. Si bien Navas es el eje sobre el que todo gira, la mayoría de las escenas en las que estamos con ella, ella está con alguien más, rodeada de aquellos que, como reza el título, “quieren lo mejor para ella”. Todos sabemos, sin embargo, que la confianza da asco, y asco parece que da en este caso, en donde sus cercanos no dejan de repetirle lo que tiene que hacer para ser feliz, o lo que ellos creen que debería hacer para ser feliz. Estar indecisa, permitirse parar y recapacitar parece que es imposible cuando ya ha pasado un año del accidente. El trauma de Geni, sin embargo, no es necesario para entender y empatizar con su confusión. La buena voluntad pero equivocada actitud de su familia tampoco.

Todos queremos lo mejor para ella es una película pequeñita, que disecciona a personajes muy humanos y reconocibles, y que en ocasiones es una delicia gracias a Navas. Pero la distancia a la que nos cuenta la historia, aunque no juzga a nadie y eso se agradece, tampoco nos permite entrar de lleno en la aventura de Geni, y acabamos sintiendo lo que le pasa como si le ocurriese a alguien lejano, del que hemos oído algo, pero cuya alma no acabamos de alcanzar. Y el desconcierto que provoca la música, que recuerda a Woody Allen sin que el tono de la película concuerde con ella la deja a una con la mosca tras la oreja. ¿Será que estamos todos tan confusos como ella? ¿Será que Coll quiere llegar a eso?