Terror de lenta digestión

Crítica

Compliance (2012), de Craig Zobel

Por Claudia Lorenzo

“Compliance” es, probablemente, la película que más me ha disgustado ver desde que tengo memoria. No quiero decir que sea “mala” (no lo es), ni que sea repugnante, pero hace que “Old Boy”(2003) parezca un paseo por las nubes, por la simple razón de que, en “Compliance”, toda la solución a los problemas de los personajes está al otro lado de una puerta.

Una hamburguesería en algún pueblo perdido en la América profunda recibe la llamada de quien dice ser un agente de policía, que acusa a una de las cajeras de haber robado a un cliente. La supervisora del local es persuadida para ejercer de figura de la autoridad mientras la policía llega al “lugar del crimen”. Lo que siguen son como dos mil violaciones de los derechos de cualquier ciudadano, por no decir un atentado al sentido común y una apología de la violencia verbal y psicológica que deja a cualquier espectador, probablemente revolviéndose en su silla a los treinta minutos, anonadado y tremendamente incomodado. “Compliance”, parte de Sundance 2012, generó en el festival independiente tanto escándalo como alabanzas. El escándalo imagino que deriva directamente de los sentimientos del espectador que la está viendo, que quiere hacer cualquier otra cosa más que estar en ese cuartucho trastero con la chica acusada y quien sea que esté vigilándola. Para que se hagan una idea, Buried era una apología de los espacios abiertos al lado de la claustrofobia que genera “Compliance”. Ahora bien, las alabanzas, que también las hubo, derivan de sus maravillosos actores (a más de uno no conseguiré sacármelo de la cabeza en años) y del pulso y la cabezonería con las que la película cuenta lo que ha venido a contar. En ningún momento se achica ni decide no ir más allá para dar un respiro. “Compliance” es una historia cuesta abajo en la montaña rusa y no deja de bajar hasta que no ha completado su carrera.

Probablemente hay que indicar que el nivel de idiotez humana que retrata la película está inspirado en hechos reales y que, aunque parezcan inverosímiles al contarlos, ganan en la gran pantalla. Y seguramente ese sea su mayor logro, hacernos creer en la ficción algo que sucedió de verdad. No todos lo logran, y mucho menos con semejante material de origen.