Teorías y conspiraciones

Stanley Kubrick en el rodaje de 2001 o, tal vez, de la llegada del hombre a la luna.

Stanley Kubrick en el rodaje de 2001 o, tal vez, de la llegada del hombre a la luna.

Crítica

Room 237 (2012), de Rodney Ascher

Por Guillermo López García|New York City

La habitación en la que Jack Torrance (Jack Nicholson) encontraba el cuerpo desnudo de una mujer que al poco de tocarla se convertía en una vieja despellejada-un fantasma que hacía estallar la violenta locura del protagonista de “El Resplandor” (1980)- era la habitación 237 del Overlook Hotel. El número al que hace referencia el titulo del documental sobre la obra maestra de Stanley Kubrick fue elegido a conciencia por el maestro para -según aseguran varias teorías- señalar su autoría en el montaje del Apolo 11. El número 237 era el del estudio donde supuestamente se filmó la gran mentira de la humanidad contemporánea. Pero que Stanley Kubrick se hiciera cargo de la llegada del hombre a la luna no es una novedad. Tampoco es el único mensaje que dejó el genio americano en su película. Ni mucho menos.

A veces delirante y  siempre entretenido, el documental se nutre de testimonios de los más sagaces, y algo disparatados, cinéfilos obsesionados con El Resplandor. Gente que ha sido capaz de ver la película de principio a fin y de atrás adelante de forma simultánea para tratar de adivinar los secretos que se esconden entre las imágenes.

Nunca vemos el rostro del entrevistado, solo escuchamos sus voces que acompañan a las imágenes de las películas de Kubrick, sobre todo de El Resplandor. Secuencias a cámara lenta que permiten apreciar una pegatina de “mudito” el más inocente de los siete enanitos, pegada en la pared de la casa de Danny (Danny Lloyd); la extraña mirada y el tono sombrío de Bill Watson (Barry Dennen) cuando Torrance es entrevistado por primera vez en el Overlook; un poster de esquí que parece ser un minotauro (dentro del laberinto) y una infinidad de detalles que escapan al espectador que ha visto la película solo un par de veces y en una proyección tradicional.

Los expertos en la materia afirman que Kubrick quiso hacer una película sobre el genocidio: de los indios nativos de EEUU o de los judíos o de ambos. Las teorías son respaldadas por imágenes que pueden ser interpretadas de varias formas. Todo es muy subjetivo y depende del espectador, de cada uno de los espectadores que contemplan una obra de arte y que depositan sus inquietudes y conocimiento sobre la obra observada. La importancia de la película (El Resplandor) reside en su potencial para aportar a cada uno lo que necesita. Las interpretaciones pueden ser infinitas. Los temas que trata son lo suficientemente universales para llegar a cualquier cultura y a todo tipo de personas. Es una obra cumbre de la historia del cine.

El documental es altamente recomendable (si se ha visto El Resplandor, sino no se moleste) y propone un nuevo tipo de conversación sobre el medio cinematográfico, sobre la cultura pop y sobre el poder infinito de internet a la hora de aportar un espacio ilimitado abierto al diálogo. Es en la red donde comienza todo y es allí donde surgirán nuevas teorías, ideas y conceptos que serán rebatidos hasta la saciedad en una especie de laberinto sin salida donde los llamados “nerds” o “freaks” son los reyes.