Técnicas de enseñanza

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Crítica

La profesora de historia (2014), de Marie-Castille Mention-Schaar

Por Christian de González

Hoy el cine francés parece imparable a la hora de imponer su primacía. Sigue adelantándose al resto de cine europeo y los vestigios del cine alemán e italiano parecen a años luz de lo que fueron antaño. Francia se erige capitán del barco del cine en Europa y de vez en cuando no viene nada mal hacerlo con un tema que nos incumbe a todos.

La profesora de historia es un gran biombo que esconde su temática principal bajo el tema de los campos de concentración nazis. Lo que se desviste detrás parece un guiño amable, comprensible o incluso sofista del estado de los institutos franceses. Una escuela que ya nació en los Estados Unidos en los ochenta y que quería poner el punto de mira en unas aulas cada vez más desvirtuadas, menos genuinas en cuanto a raza, con el único nexo en común de la amalgama de nacionalidades y la conflictividad que ello supone.

Aquí nos encontramos con un film que nos va a narrar el día a día de un aula de un instituto de barrio de la clase baja francesa. En él encontramos la contraposición de algunos estudiantes franceses, casi exiliados (y que, curiosamente, parecen los más “decentes”) entre africanos y gente del este de Europa. Una juventud abandonada por sus progenitores y por la sociedad y que muestra una rebeldía y desgana con las lecciones totalmente insolente. La atención es nula y los borradores vuelan. Los musulmanes no entienden a los cristianos y estos se escandalizan ante la pasividad de los ateos. Todo confluye entre conflictos tibios y un soportarse con resignación que explotará en algún momento. Los profesores, abrumados, presos de esta energía, parecen haber abandonado también. No parece merecer la pena esforzarse ante semejante jauría de hormonas y distintivos raciales.

Pero hay esperanza y esta la dará una profesora de historia que hará las veces de tutora de la clase más imposible de todo un instituto. Una profesora interpretada magistralmente por Ariane Ascaride y que, con su aspecto enjuto, su corte de pelo rígido y su gafas redondas va a suponer un bálsamo a su aula y a toda la película. Esta profesora es la inteligencia personificada y, como toda inteligencia superior, tiene una buena dosis de premonición, paciencia, sabiduría e incluso un encanto subyugante y discreto. Dentro de su sobriedad al vestir y su mutismo se intuye una rebelde salvaje y astuta. Y ese aspecto tan velado saldrá a la luz cuando le propondrá al director del colegio que su clase, el caos de la sociedad francesa reducido a unos pupitres, se presente a un concurso nacional de excelencia del ministerio de educación.  El tema: la vida y muerte en los campos de concentración durante el nazismo.

Aunque está película no nos va a descubrir nada relevante sobre este asunto, sí podremos ver el avance que supone que todos los alumnos, poco a poco y bajo la mirada atenta de una profesora confiada, vayan volviéndose adeptos de una investigación sobre lo que supone un genocidio. Sin proponerlo, pues este realmente no es el fin del desafiante trabajo, va a pacificar las diferentes razas y culturas bajo la óptica de la xenofobia. Es difícil no pensar que la intención de fondo es ponerlos frente al espejo y demostrar a dónde lleva el desprecio. Si resaltamos el fallo principal es la mesura, casi como excusa, de retratar el conflicto. Un intento de agresión a la profesora, una intimidación a una alumna, un chico que hostiga a otro para que cumpla los patrones de conducta musulmanes… la cara y la cruz de dos temas, la tensión racial y su última y fatal expresión, esos campos, llevados a la película sin profundidad excesiva.

Más no importa. La película no va a decaer en ningún momento y parece hecha más para concienciar con amabilidad que para plasmar profundamente una realidad social y otra histórica. A buen seguro la mitad de los maestros franceses van a sentirse identificados con diferentes situaciones, pero sobre todo van a hacerlo sus alumnos. No deja de ser conmovedor verlos trabajar cada vez más en equipo a pesar de sus reticencias iniciales y las diferencias, mucho menos abismales que las que perciben sus ojos adolescentes. Un canto a la unidad y la esperanza, a la fortaleza y convicción absoluta de llevar a cabo un proyecto que despierte la emoción en unos estudiantes, quizá demasiado perdidos y dejados, a los que les bastará incentivarlos y provocarles para que reaccionen con maestría.