Tantas expectativas

Ma Ma

Crítica

ma ma (2015), de Julio Medem

Por Sara Méndez

Resulta difícil hacer una crítica de una película como ma ma cuando el resultado no es lo que esperabas, cuando la crudeza cae en el sentimentalismo y lo trágico adquiero tintes cómicos sin quererlo.

El último trabajo de Julio Medem (director de Lucía y el sexo o Los amantes del círculo polar) ha generado tanta expectación que la decepción al ver ma ma ha sido aún mayor. Tras leer una entrevista con Penélope Cruz, protagonista intachable del film y quien decía haber hecho el papel de su vida, y algunas declaraciones de Medem, las expectativas eran altas, pero desafortunadamente la historia pierde fuerza a medida que avanza.

Magda (Cruz) es una mujer separada que se ha quedado sin trabajo y a cargo de su hijo Dani (Teo Planell). Cuando su ginecólogo (Asier Etxeandía) le diagnostica un cáncer de mama, Magda afronta la situación con positivismo. En medio de la tragedia conoce a Arturo (Luis Tosar), un ojeador de fútbol que pierde a su familia en un accidente de coche. Juntos superarán el dolor y crearán un nuevo hogar pero cuando todo parece ir bien, la vida les golpea de nuevo y pone a prueba el amor y las ganas de vivir de los protagonistas.

A pesar de caer en ocasiones en la sensiblería, ma ma posee escenas llenas de vitalidad donde los diálogos cobran protagonismo. Cruz y Tosar hacen un dúo excepcional en el que se alimentan de las emociones del otro para crear una sintonía y un lirismo que, por desgracia, se pierde a lo largo de la película. Por su parte, Etxeandía sorprende en el papel de Julián, personaje clave en la historia, pero las excesivas (¿y acaso necesarias?) actuaciones musicales debilitan el tono del film hasta el punto de generar risas entre el público.

Un aspecto que se mantiene fiel al estilo de Medem es la fotografía, en la que predominan las tonalidades frías pero donde también cobra fuerza el rojo, para representar el amor y la vida. Es en los pequeños detalles del día a día donde surge la magia del film, en el canto a la vida de Magda, en la ímpetu de esa mujer que no se rinde ante su enfermedad,  y en ese corazón palpitante y esa niña de ojos cristalinos que se cuela en la vida de Magda y que hacen del ma ma una historia especial. Pero el afán por edulcorar el film para que este no caiga en el melodrama es lo que hace que la historia pierda su fuerza innata.