El cine como espejo

Crítica

“Stories We Tell” (2012), de Sara Polley

Por Claudia Lorenzo

Hace años, Sarah Polley, la mujer que conquistó al mundo con su interpretación de Ann en “Mi vida sin mí”, decidió adaptar un texto de Alice Munro sobre una pareja de ancianos y convertirlo en su ópera prima, “Lejos de ella”. La misma Isabel Coixet dijo que, cuando la actriz le pidió su consejo, aunque ella la animó, pensó que estaba loca por enfrentarse a semejante monstruo. En 2011 reformó a Seth Rogen y le hizo pasar por un marido cariñoso pero poco apasionado en “Take this Waltz”, una historia con visos de romance encantador que, delicadamente, era un puñetazo en la tripa en toda regla y que le dio a Michelle Williams una de sus mejores interpretaciones. Y en 2012, de repente, le dio la vuelta a la cámara y decidió basarse en su propia historia, en su propia vida, para reflexionar sobre el poder de lo que contamos, y la verdad que se incluye en cada narración, en el documental “Stories We Tell”, presentado en Venecia, Toronto y, ahora, en el Atlántida Film Fest, que puede verse online en Filmin.

“Stories We Tell”, un poco como “Searching for Sugar Man”, es una película que gana cuanto menos se sabe de ella. Es más, yo no vería ni el tráiler, que desvela demasiado. En ella Sarah Polley entrevista a miembros de su familia para contar, una y otra vez, la historia de sus padres, de sus hijos, y de toda la gente afectada por sus vidas. Un argumento que puede parecer simple se convierte, a la vez, en un relato de misterio, en una narración costumbrista de una familia que podría ser la de cualquiera y, sobre todo, en una reflexión sobre el poder de las historias, en particular del cine, para hacernos pensar y digerir todo aquello que nos rodea, como espectadores pero también como autores. El engaño y la realidad se mezclan en la obra más personal de alguien que, si no estaba en los radares del mundo entero antes, debería empezar a estarlo ahora. Sarah Polley tiene mucho futuro como directora y se lo está labrando, no sólo paso a paso, sino riesgo a riesgo. Es un honor ser testigo de ello.