Sol y pesetas

Adrián Expósito como “Pablo” y Luisber Santiago como “Juan” en “2 francos, 40 pesetas”

Crítica

2 francos, 40 pesetas (2014), de Carlos Iglesias

Por Genoveva Santiago

El regusto de esa palabra: pesetas. Así sabe esta película del actor y director Carlos Iglesias, segunda parte de su elogiada, Un franco, 14 pesetas (también dirigió en 2011 Ispansi, que significa “Españoles” en ruso, y que cuenta una historia ambientada en la Guerra Civil española en la que miles de niños fueron mandados a la Unión Soviética para protegerlos). Si bien es cierto que esta nueva película viene cargada de más comedia y despojada de ese aire nostálgico indiscutiblemente palpable en la anterior, la de ahora llega en un momento especialmente sensible.

2 francos, 40 pesetas nos sitúa en 1974, siete años después de que Martín y su familia dejaran Suiza y regresaran a Madrid. El hijo de Martín decide hacer un interrail con un amigo para volver a visitar el país en el que creció de niño. Además, con motivo del bautizo del hijo de Marcos, los antiguos amigos se reencontrarán y se producirá una nueva invasión de españoles que revolucionará la sosegada vida suiza.

El cineasta Carlos Iglesias

El cineasta Carlos Iglesias

Un buen ejemplo de cómo un contexto histórico-social cambia la recepción y el impacto que pueda tener una película. En este caso se trata de una comedia coral, de esqueleto totalmente clásico, con situaciones estrafalarias pero creíbles, una chispa especialmente española y un tacto muy humano en su narrativa. Una obra popular, castiza, dedicada al gran público, pero que no por eso renuncia a la inteligencia y el buen hacer. Sí, se puede hacer una comedia española para todos los públicos y además resultar entrañable. Y eso seguramente suceda porque bajo las risas y lo hilarante de ciertas situaciones subyacen todo el rato las preguntas del momento: ¿qué supone ser español, ahora y antes? ¿Cuáles son nuestras raíces y qué queda de ellas?

Nadie que tenga la osadía de vivir en España en 2014 y estar en los 20 o los 30 se libra de esa conversación. Sí, en España tenemos sol y cañas en las terracitas en plena calle. Pero lo que tenemos hoy día por encima de todo es ese sentimiento de nostalgia por nosotros mismos, ése que precisamente consigue destapar esta película. España vive hoy una situación muy miserable, que nos convierte a todos en miserables. Porque en este país somos especialistas en disfrutar de las cosas baratas. Somos un país de calor y de verano, el tiempo más feliz. Y, sobre todo, somos un país de resistencia. Porque aquí estamos, a pesar de todo, aunque cada vez somos menos.

Mis padres, como los de Carlos Iglesias, emigraron a Suiza, país donde yo nací. Treinta años después, España vuelve a ser un país de emigrantes. “2 francos, 40 pesetas” nos muestra muy acertadamente cómo, a pesar de esto, nuestro carácter compartido sigue siendo el mismo: cálido, familiar, alborotador, y muy entrañable. El calorcito que no se apaga en el corazón atravesado como el ojo en la película de Buñuel.

Divertido, ligero, y a la vez valiente retrato de un país desdichado de gente alegre. Una película fresca, sincera y muy humana. Se agradece el buen rato en el cine, aunque cueste más de una lágrima.