Soderbergh siempre vuelve

Matt Damon como Scott Thorson y Michael Douglas como Liberace en BEHIND THE CANDELABRA

Matt Damon como Scott Thorson y Michael Douglas como Liberace en BEHIND THE CANDELABRA

Crítica

“Behind the Candelabra” (2013), de Steven Soderbergh

Por Claudia Lorenzo

Soderbergh lleva haciendo su última película un par de años. Al menos esa es la sensación que le entra a una cuando, a pesar de las amenazas, cada tres meses alguna de sus obras se pasea por los cines. Con justicia habría que decir que en Estados Unidos “Behind the Candelabra” no se ha estrenado en ninguna sala y ha sido emitida por HBO (rompiendo récords en el canal de televisión por cable). Si los productores o distribuidores creían que ver a Michael Douglas y Matt Damon montándoselo constantemente iba a escandalizar a los ciudadanos de su país, estaban muy equivocados.

Con guión de Richard LaGravenese, que adapta las memorias de Scott Thorson (Damon), un jovencito que iba para veterinario y se quedó en amante joven de Liberace (Douglas), la película recorre los años de su relación, desde el comienzo apasionado e idealista hasta el final en el que Scott, corrompido por el poder y la gloria de su amante, pero también traicionado, monta en cólera.

Liberace, un pianista de tremendo éxito en Estados Unidos, con shows en Las Vegas, mansiones fabulosas y una increíble adicción a las horteradas, fue uno de los artistas más populares y mejor pagados de los 60, 70 y 80. Ídolo de las damas, demandó a periodistas que le acusaron de ser gay en vida y negó esa orientación sexual públicamente. Murió por complicaciones asociadas con el sida en 1987.

Como personaje, Liberace es un caramelo, y así  se lo toma Michael Douglas. Egocéntrico, divertido, exagerado, católico devoto, generoso pero celoso, preocupado por la estética y por el control, hiper-profesional, travieso… Douglas, símbolo de la sexualidad en el cine, se desnuda a la hora de interpretar a este icono con un compromiso tal que cuesta poco olvidarse de quién está detrás del personaje. Es un triunfo pensar que Soderbergh decidió esperarle cuando el actor tuvo que parar de trabajar por el cáncer, porque la ternura que emana en cada una de sus frases merece la pena.

Matt Damon, el protagonista real de la historia, tiene un trabajo algo más complicado, que salva con tremenda profesionalidad. Scott Thorson es un personaje enmarañado. Al comienzo de la historia no está claro si le gusta Liberace o el poder que el pianista emana. Mientras la ficción se desarrolla, es complicado encontrar el momento en el que ese sentimiento inicial se transforma en cariño, porque está claro que en algún punto lo hace. Por ello, el segundo acto de la película, repleto de detalles y momentos entre la pareja, nunca parece que toma vuelo completamente, y arrastra parte del argumento por lugares demasiado comunes y confusos. Los pormenores parece que forman una montaña cada vez más y más alta, pero una se pregunta si la montaña no será ya lo suficientemente alta como para pasar a la siguiente etapa. Matt Damon hace lo mejor que puede el papel de amante desorientado con esta indefinición.

A pesar de ello, son las peculiaridades las que convierten “Behind the Candelabra”, o tal vez Liberace, en un tema tan atractivo. Desde su voluntad de adoptar a Scott como hijo (¡¡!!) hasta sus operaciones de cirugía plástica, hechas a pares a imagen y semejanza de una versión joven del artista -con un gran Rob Lowe como plastificado cirujano de por medio-, muchos detalles de la historia hacen del personaje una visión tan seductora. Con las estupendas interpretaciones de todo el elenco, incluida la señora Debbie Reynolds, es una pena que le falte esa chispa, o esa fluidez en el medio, para llevarnos al final con emoción.

Pero resulta un placer disfrutar de tanto histrionismo y descubrir que Soderbergh, al contrario que otros muchos de su generación, nunca se ha tomado demasiado en serio a sí mismo.

Se estrena en España el 26 de agosto en Canal +. De momento no hay fecha para su estreno en cines.