Sangre light

DRACULA DENTRO

Crítica

Drácula: La leyenda jamás contada (2014), de Gary Shore 

Por Pablo Álvarez

Desde que el escritor irlandés Bram Stoker publicara su novela hace ya 117 años, la figura de “Drácula” ha servido de inspiración a numerosos largometrajes. Actores como Bela Lugosi, Christopher Lee, Frank Langella o Gary Oldman, han sido algunos de los más famosos dentro de la larga lista de aquellos que han tenido el honor de interpretar al rey de los vampiros. Una lista a la que ahora se suma Luke Evans, quien protagoniza esta cinta caracterizada por proponerse reinterpretar el mito de tal modo que esté en sintonía con la sensibilidad de la actual generación de espectadores.

La película cuenta la historia del príncipe Vlad lll de Valaquia, un legendario guerrero famoso por infundir temor a sus enemigos en el campo de batalla con su sola mención, que ahora disfruta de tiempos más apacibles junto a su bella esposa Mirena y su hijo Íngeras. Sin embargo, cuando una nueva amenaza se cierna sobre su reino, deberá recurrir a una fuente de poder oscuro para proteger a los suyos, aunque esto pueda implicar quedar maldito para toda la eternidad.

El debutante Gary Shore llamó la atención del estudio con su trabajo en “The cup of tears”, un tráiler falso en el que dejaba entrever su capacidad de concebir imágenes visualmente impactantes, con la ayuda de los efectos digitales. De este modo Shore se hizo con las riendas de un proyecto, cuya concepción se distancia del clasicismo de otras versiones y que toma como referencias principales el anime japonés y las últimas entregas de la saga de videojuegos “Castlevania”. La tragedia, la muerte y la sangre siguen formando una parte importante en el origen del personaje, pero en esta ocasión se ha optado por dotar al relato de un tono épico cercano al de la franquicia de El señor de los anillos, en el que las escenas de batallas y la acción priman más sobre los aspectos terroríficos. La imagen que se ofrece del personaje se aproxima a la de un antihéroe cuyos poderes son más propios del cine basado en cómics que del género de terror, quedando despojado de la maldad que le ha caracterizado en otras versiones. El principal atractivo de la cinta radica en la espectacularidad de sus efectos visuales, en su acertado diseño de producción y en la enérgica partitura compuesta por Ramin Djawadi. Sin embargo se echa en falta una mayor profundidad en determinados aspectos de su argumento, que de haber sido más explorados hubieran enriquecido una historia con tanto potencial como esta, lo que se traduce en una trama bastante genérica que no está a la altura de lo esperado.

El ascendente Luke Evans resulta lo suficientemente carismático como protagonista de la función en el papel de Vlad, tanto en la faceta de padre y esposo, como en la de guerrero sanguinario, mostrando intensidad tanto en los instantes dramáticos como en las escenas que requieren una mayor presencia física. Sarah Gadon, vista en cintas como Enemy o Cosmópolis, da vida a su mujer, constituyendo uno de los principales elementos a la hora de humanizar al mito. Dominic Cooper interpreta al villano Mehmed, apareciendo de forma esporádica a lo largo del film y resultando bastante desaprovechado. Por su parte Charles Dance aparece tan inquietante como de costumbre en la piel del siniestro Calígula.

La última película basada en el mito de Drácula se presenta como un producto lo suficientemente entretenido, que no obstante también supone una oportunidad perdida a la hora de crear un relato verdaderamente interesante sobre la génesis del vampiro más famoso de la historia.

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