San Sebastián: segunda jornada

Crónica del 61 Festival de San Sebastián

Sigue faltando algo

Por Claudia Lorenzo

Hay determinadas experiencias que te arruinan el futuro. Tamaña tragedia me sucedió a la hora de ver, casi seguidas, “Mon âme par toi guérie” y “Gloria”. Por decirlo de forma delicada, el sopor de la primera impidió que disfrutase de los detalles contemplativos de la segunda.

Al cine frances le pasa, en algunos ámbitos, lo mismo que al español, que se mete todo en la misma cajita. Así dices que casi te duermes en la última de Dupeyron y la gente dice eso de “a mí es que el cine galo…”. Yo hacia esa misma observación y seguí con ella hasta que el año pasado una ristra larguísima y variadísima de películas de los vecinos me emocionó. Cada una en su estilo. Así que hoy en día les tiendo ilusionada una mano y les doy oportunidades.

“Mon âme par toi guérie” tenía muchísimos puntos para ser una rareza bella. Su protagonista hereda el don curador de su madre y tiene que aceptarlo y ponerse a trabajar en ello tras un accidente. El problema es que eso tarda como treinta minutos en pasar, y el protagonista se come gran parte del segundo acto intentando aceptarse. No contentos con eso, se introduce a calzador una historia de amor que podría haber sido central si no empezase tan tarde. La coherencia y las relaciones entre los personajes se diluyen en una maraña de sensaciones, con bonita fotografía, sí, pero con poca claridad. Hacía muchísimo tiempo que no sentía que una película de dos horas durase tanto, pero culpo de ello a tantos inicios y tantos finales en la historia. Al frente de tamaño desastre encontramos a un actor de fuerte presencia y mirada bondadosa que se convier en la única razón, con diferencia, por la que nos importa algo de lo que pase en pantalla. El nombre de este señor es Grégory Gadebois.

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Tras este momento homenaje al sueño eterno vino la vitoreada, adorada y premiada en Berlín “Gloria”. ¿Y qué decir de esa historia y de ese personaje? Sin recordar así de pronto quién era la competencia en Alemania es indudable el hecho de que Paulina García se come la pantalla con patatas y que se merecía aquel premio a la mejor actriz. Bella sin ser repelente, con personalidad, risa contagiosa y espíritu ligero, desnuda física y sentimentalmente, la Gloria del título se confunde con García mientras busca el amor y la felicidad. Como acompañante tiene a Sergio Hernández, quien interpreta a Rodolfo, un personaje difícil del que hay que enamorarse con posibilidad de desenamorarse después. Es complicado entender qué ve Gloria en él, además de compañía, pero le toleramos durante un rato y deseamos que al final merezca el cariño de la protagonista. Personalmente, loca como estaba por ver algo más de acción en la pantalla tras la debacle francesa, encontré determinados argumentos secundarios algo repetitivos e innecesarios. Ahora bien, el gato feo que se le cuela en casa me pie a recordar el capítulo de “Friends” en el que Rachel compra un minino de raza similar ante el espanto de sus amigos. Gloria tampoco hubiese estado de acuerdo.

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El año pasado Sundance sorprendió premiando a la imperfecta pero valiente “Bestias del sur salvaje” y la sección Perlas de San Sebastián se la trajo con orgullo. Este año se ha vuelto a repetir el proceso, con la diferencia de que ahora ya no estamos hablando de un relato enmarcado en el realismo fantástico sino de una historia basada en algo que ocurrió de verdad, encendió ambientes y creó opiniones y discusiones en Estados Unidos. Salido de la cantera de “Friday Night Lights” o “Parenthood”, Michael B. Jordan interpreta a Oscar Grant, un cabra loca que vive en los barrios perifericos de San Francisco, que tiene una hija y una novia, y varias condenas de cárcel por tráfico de droga. Es 31 de diciembre y él no se atreve a decirle a su familia que le han echado del trabajo, así que intenta llamar a todas las puertas susceptibles de abrirse.

Después del asesinato y posterior juicio al culpable, el asunto de Trayvon Martin este año recordó los sucesos desencadenados en California tras una violenta agresión policial a un joven afroamericano en la estación de tren de Fruitvale. De eso va la ganadora de Sundance, y lo cuenta en el minuto uno. Sin embargo, su tratamiento del personaje protagonista es a veces demasiado cariñoso, si no exagerado. Es curioso que la película se presente con esa teoría debajo del brazo, ensalzando a Oscar, porque lo ocurrido en el episodio violento sería igual de horroroso si él hubiese tenido más oscuros que claros en su personalidad. El cabreo y la indignación del final se diluyen por el tratamiento algo santificado de su protagonista. Así todo, “Fruitvale Station” es una película que se deja ver y que cuenta una historia necesaria a cargo de actores impecables, desde el ya mencionado B. Jordan a Octavia Spencer pasando por Melonie Diaz. Es triste sin embargo que el caballo ganador en Park City este año no nos produzca el mismo asombro que la visión de la obra de Benh Zeitlin el año pasado.

Hoy desembarcan los Cuarón y su “Gravity”. Las expectativas son altísimas.

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