San Sebastián comienza

Crónica del 61 Festival de San Sebastián 

Ladrones en Zugarramundi y matrimonios en París

Por Claudia Lorenzo

Desde que somos niños, las brujas ejercen un poder de fascinacion sobre nosotros. Son esos seres temibles pero atrayentes, con los que no queremos soñar pero de quienes queremos disfrazarnos en Carnaval. Historiadores recientes y, sobre todo, historiadoras, reivindican hoy en día que esas figuras de mujeres sabias y poderosas no eran tanto temibles como temidas por el género masculino de la época, una tesis más triste y menos mitológica, pero probablemente más acertada, que la que nos venden desde hace siglos.

En “Las brujas de Zugarramurdi” Alex de la Iglesia ahonda en la magia y el terror que producen estas mujeres para establecer comparaciones entre el sexo masculino y el femenino. Siendo sinceros, ninguno de los dos sale muy bien parado. Tanto ellas, malas como la tiña y convencidas de su supremacía reprimida a lo largo de la historia, como ellos, simplones y, ciertamente, bastante tontos, tienen su dosis de crítica, redimida por un representante de cada género en quien “triunfa” la bondad (aunque esta tesis se podría discutir, los personajes de Hugo Silva y Carolina Bang no son ejemplos excelsos de generosidad en la mayoria de los segmentos de la película).

El principio de la historia, el atraco, la posterior huída y la llegada al pueblo perdido, están contados con un ritmo frenético y apasionante. Se suceden las carcajadas y, desde ya, reivindico al personaje de Mario Casas, con menos luces que una lamparita fundida pero con una gracia y un encanto tal que hacen que el actor gane con sus líneas y que el personaje se beneficie de su acertada interpretación.

Es sin embargo el último tercio, banquete y “fiesta final incluída” lo que hacen de la película algo imperfecto. Alargados innecesariamente para dar respuesta y solución a cada una de las líneas argumentales y personajes, lo que debía ser una exhibición de poderío femenino se convierte en una batalla que quiere ser imparable pero en realidad es eterna.

Es el humor de su creador el que hace de la película algo tan grato de ver, pero hay un cierto punto machista y una lucha de sexos, en ocasiones innecesariamente exacerbada, que deja un regustillo algo amargo. Tal vez habría que hacer un segundo visionado e intentar descifrar qué nos quiere decir De la Iglesia en su historia: ¿acaso son todos los tíos tontos pero relativamente buenos y todas las tías listas como el hambre pero unas brujas, o sólo los casos que nos ocupan?

Roger Michell, director de la maravillosa “Notting Hill” (con guión del también presente en Donostia con “About Time”, Richard Curtis), nos cuenta en “Le week-end” la historia de un matrimonio que, nido vacío y treinta años de vida conyugal mediante, decide celebrar su aniversario volviendo a París y recreando un viaje que hicieron en el pasado. La edad y el cansancio hacen mella en ambos, interpretados por el siempre magnífico Jim Broadbent y la bella Lindsay Duncan, y los días en Francia les hacen ver que tienen que solucionar muchos aspectos personales antes de ser capaces de disfrutar el uno del otro de nuevo.

A la salida, en una vista rápida de Twitter, mucha gente comentaba el parecido de la historia con la trilogía “Antes de…” creada por Richard Linklater, Ethan Hawke y Julie Delpy. La comparación probablemente se da gracias a la tercera película de esa saga, más agridulce que las anteriores, y que deja un sabor de boca parecido al de “Le week-end”. El problema con la de Michell es que a sus personajes no les conocemos tanto como a Jesse y a Celine, y no sabemos por qué se enamoraron, por qué siguen juntos y, a la vez, por qué tienen esos conflictos carnales que no parecen corresponderse con el resto de sus sentimientos. Hay un muro impenetrable en la historia que cuesta derribar a pesar de los dos grandes actores, y es por eso que sus dramas no nos afectan igual que las discusiones de los chicos de Linklater. Jeff Goldblum es un hilarante comparsa que parece recién salido de “Parque Jurásico”.

Ya está, La Crítica NYC ha llegado a San Sebastián. Entre los platos fuertes de la semana, “Gravity” o “Prisoners”. Y en todo el catálogo posibles sorpresas. Allá vamos.

 

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