San Sebastián 2012

 Ben Affleck AFP PHOTO/ RAFA RIVAS

Ben Affleck AFP PHOTO/ RAFA RIVAS

Buen cine político y Oliver Stone

Por Luis Perdices de Blas | San Sebastián

Entre las escasas películas no europeas o estadounidenses incluidas en la sección oficial hay que destacar “The Attack” de Ziad Doueiri que es una adaptación de la novela de Yamina Khadra publicada en 2006. Ziad Doueiri es un director libanes que fue ayudante de cámara de Tarantino y cosechó excelentes críticas con sus dos anteriores películas “Beirut West” (1998)  y “Lila says” (2004). “The Attack” expone el dilema moral de un prestigioso cirujano de origen palestino que vive placenteramente en Israel cuando la policía le informa de que su esposa es la causante de un atentando suicida que ha provocado diecinueve muertos. El largometraje busca una explicación de por qué una mujer culta, de costumbres occidentales y que vive una vida acomodada en Tel Aviv decide autoinmolarse. Esta es la misma pregunta que nos hicimos millones de personas tras conocer el perfil de los terroristas que atentaron contra las Torres Gemelas y el Pentágono el 11 de septiembre de 2001.

El planteamiento del filme es muy ecuánime al presentar sus personajes los argumentos aducidos por israelitas y palestinos. No se centra ni en las repercusiones políticas de este enfrentamiento entre un Estado (Israel) y otro que intenta serlo (Palestina), ni en las religiosas entre judíos y musulmanes, sino en las cotidianas de aquellos cuidadanos de a pie que sufren el conflicto, en este caso el médico protagonista de la cinta interpretado magníficamente por Ali Suliman, su familia, amigos y compañeros de trabajo. La película no termina tras los títulos de créditos, sino que incita a la reflexión sobre un problema político que acapara por desgracia los titulares de los periódicos con más frecuencia de lo deseado.

Como en otros festivales se ha comentado que tal director o actor “hace un cine comprometido”. Esta es una coletilla que se emplea con frecuencia para evitar críticar una película mala como “Savages” del consagrado director Oliver Stone presentada en la sección “Perlas”, en la que se narra la vida de dos pijos californianos que trafican con marihuana. Lo único que queda de esta película son las declaraciones del director criticando a un expresidente español, que nos guste o no fue elegido democráticamente aunque defraudó incluso a algunos de sus votantes por su apoyo a la invasión de Irak con argumentos fatuos.

Este sentido crítico de Stone es laudable pero pierde credibilidad al no emplearlo cuando rodó “Comandante” (2002) y “Looking for Fidel” (2004), dos cintas en las que coquetea con el dictador Fidel Castro. “The Attack”, en cambio, es una película que trata un tema político-social importante, “comprometida” si nos gusta  emplear más esta palabra vacía de contenido, y su director no tiene que hacer ninguna declaración política porque su trabajo es bueno ensimismo y no sólo entretiene, sino que incita a la reflexión y al diálogo, un camino que puede dar mejores resultado que la violencia y el estado de sitio para resolver el enquistado conflicto palestino-israelí.  A final, “Dans la maison” ha ganado la Concha de Oro.

Dans la Maison y Blancanieves se pelean por el premio de Argo

Por Claudia Lorenzo | San Sebastián

La Sección Oficial es ese monstruo en todos los festivales, la sección en la que un certamen se juega su prestigio y, en ocasiones, la que menos apetece ver. La que pare los premios a obras suculentas que luego llenan las secciones de joyas en otros festivales, esas en la que se oculta la flor y la nata de la cosecha anual, lo mejorcito una vez escogido todo lo que sobra. Enfrentarse sólo a la sección oficial en un festival puede ser tedioso y a veces horrendo. Pero también satisfactorio.

Tras la competición en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, y el triunfo español, sólo se escucharon suspiros de alivio. No tanto de orgullo patrio como ajeno, por un jurado que le había dado la Concha de Oro a la favorita, Dans la maison, de François Ozon.

Ozon se trajo bajo el brazo una comedia que reflexionaba sobre el poder de las historias, de las narraciones. Un poco como Sherezade y su sultán, el protagonista se va dejando enredar en la madeja narrativa que le presenta uno de sus alumnos del instituto, un aprendiz de escritor que se inspira en casa de un compañero de clase, mientras observa a su familia. El tono morboso que va aumentando a lo largo de la narración no hace sino incidir en el poder de la ficción para despojarnos de todo pudor a la hora de observar a alguien o incluso espiar. Nuestro profesor protagonista llega hasta límites insospechados por mantener la intriga del cuento, real o no, que su alumno le entrega, por fascículos, todos los días.

Dans la maison, que tiene un guión de hierro y se merecía más que ninguna otra ese premio, es una película que alivia cualquier sección oficial. Está bien hecha, bien escrita, bien interpretada y bien dirigida. ¿Entonces, cuál es el problema? Probablemente sea una mezcla de sensación de deja vu con una frialdad que hace que la historia sea una comedia para los espectadores pero también un entretenimiento pasajero, que no emociona más allá de las dos horas. Con todo lo bueno y lo malo que eso conlleva, porque nadie ha dicho nunca que las películas entretenidas no merezcan la pena.

Pero como festival de cine parece que hay que premiar lo arriesgado. En este caso eso era una obra un tanto larga, con alguna cojera pero con mucha valentía, llamada Blancanieves. Pablo Berger ha hecho de lo difícil algo fácil. Michel Hazanavicius presentó una película muda y en blanco y negro el año pasado en Cannes, una historia bonita de ver que, sin embargo, usa la forma para llegar a donde el fondo no alcanza. Porque si The Artist hubiese tenido diálogos y color no hubiese sido lo mismo.

Sin embargo Blancanieves usa el fondo, la historia, para llegar a la forma. Si Maribel Verdú, que interpreta a la madrastra, hablase y vistiese de rojo en vez de en escala de grises, Blancanieves sería igualmente fantástica. Pero no es necesario que tenga nada de eso, porque la historia no lo pide. Cuando The Artist sólo llegaba a homenaje, Blancanieves se erige como una película representativa más, que homenajea a los clásicos pero que es original. Ése era, para mí, el premio de San Sebastián este año.También FernandoTrueba presentó su nueva película, El artista y la modelo, historia de un escultor que vuelve a trabajar gracias a una joven escapada de un campo de refugiados que acepta posar para él. Jean Rochefort, el eterno marido de la peluquera, borda el papel de artista frustrado que redescubre la belleza que siempre ha estado allí y Aida Folch lo da todo, en desnudez física y emocional, al contemplar a ese anciano que revive mirándola. La película no es para todos los paladares pero sí que es bella y presenta a Trueba como el mismo creador que reflexiona sobre su obra.

Javier Rebollo, con la discutida El muerto y ser feliz, le dio el premio a mejor actor a José Sacristán y Penélope Cruz, con la nueva película de Sergio Castellito, Venuto al mondo, se llevo los abucheos del personal, en un melodrama un tanto exagerado que mezcla la historia de una pareja italiana que no puede tener hijos con el conflicto de los Balcanes. Historia que prometía, el caso de Venuto… es complejo de analizar, porque mantiene la dignidad hasta un punto en el que se precipita barranco abajo sin nada que la rescate.

Y el gran tesoro de la sección oficial, la película fuera de competición ya trillada en Toronto y Telluride, fue la tercera obra de Ben Affleck como director, una historia redonda, dirigida con pulso narrativo, que tuvo a los 2.000 espectadores del Auditorio del Kursaal al borde del asiento hasta que irrumpieron todos en una ronda de aplausos. Argo recuerda a los mejores thrillers de los 70 y 80 y, a la par que ensalza la actividad de un hombre de la CIA en un caso concreto, se ríe de su industria más popular, la que nos ocupa en este momento: el cine. Pero, ¿acaso no lo hacemos todos, en un momento u otro?.