“Roma o morte”

Crítica

La gran belleza (2013), de Paolo Sorrentino

Por Rau García

El artista que pasa por una crisis de creatividad es un personaje que siempre ha seducido al cine y a la literatura. Sin ir más lejos, el protagonista de 8½, de Fellini, Guido Anselmi, interpretado por Marcello Mastroianni, se parece mucho (aunque más joven) a Jep Gambardella, protagonista de La gran belleza, de Paolo Sorrentino, papel que encarna magistralmente el actor Toni Servillo. Y no sólo por su forma siempre elegante de vestir y su carisma, sino por las coincidencias, aunque con matices, en su forma de ser, de ver el mundo, de entender la religión, de relacionarse con las mujeres y con el arte. La esencia de Fellini (y la de su La dolce vita), igual que los guiños a directores como Scola, Ferreri o Monicelli, también están muy presentes, no en la obra global de Sorrentino, sino en esta película en concreto, que es todo un homenaje a estos autores y a su cine, y una declaración de amor a Roma y a los romanos, con sus virtudes y sus defectos.

Jep Gambardella es un galante escritor que alcanzó un relativo prestigio profesional gracias al éxito de su única novela publicada hace ya muchos años, titulada “El aparato humano”. Ahora se dedica eventualmente a hacer entrevistas, un trabajo que ni le llena ni necesita. Después de mucho deambular y reflexionar, preso de una nostalgia y un desencanto que le paraliza, se está planteando volver a escribir, pero no termina de hacerlo. Le falta motivación e inspiración. Le sobra frustración y melancolía. Mientras, frecuenta la vida nocturna y los lugares más exclusivos y excesivos de Roma, solamente accesibles para una superficial semi-alta sociedad en decadencia (a la que en la película se llega a denominar “fauna”), que casi entran en trance, poseídos por su espíritu joven, en las fiestas que organizan frente al emblemático cartel de Martini. Quizá sea para sentirse el “rey de la mundanidad” y olvidar las duras verdades que unos a otros se ocultan o se lanzan como puñales en las conversaciones que mantienen en la terraza de su apartamento con vistas al Coliseo. Unos personajes estrambóticos entre los que se encuentra una mujer que marcó a Gambardella, que podían haber caído en la vulgar caricatura, pero la dirección de Sorrentino y la calidad de los actores, mayoritariamente provenientes del teatro, consiguen hasta que se les coja cariño. De hecho, me costaría bastante elegir a uno sólo como favorito, porque a parte de lo cómico implícito en estos geniales personajes, todos tienen una cierta fragilidad, detrás de esa capa de cinismo y dosis de botox, con la que me fue fácil conectar, aunque a priori estén a años luz de mí. Entre tanto, el escritor busca la belleza en las ruinosas entrañas de una ciudad que sirve de metáfora del romántico deterioro humano que Gambardella encuentra a su alrededor, y que él mismo padece, hasta que empieza a reaccionar.

Después de Il divo (que vuelve a estar de actualidad por la corrupción política) y Un lugar donde quedarse, en la que Sean Penn interpreta a un personaje inspirado en Robert Smith, lider de The Cure, una película que no llegó a cuajar, pero que tiene muchas cosas en común con ésta, como el estilo narrativo o la importante presencia de la música, entre otras, La gran belleza se está convirtiendo en su merecida consagración como director y guionista con gran personalidad y sensibilidad al que a partir de ahora no hay que perder la pista. Tengo que destacar también la fotografía, la música, la dirección de arte y ya puestos, cada departamento de esta producción italiana. Y cómo no, el trabajo de Toni Servillo, que sostiene con solidez el protagonismo de una película con una estructura libre que puede no convencer a parte del público. Merece la pena ver esta película hipnótica en el cine, por la abrumadora belleza, de la imagen y la palabra. Una Roma que a unos les resultará más o menos familiar, pero que otros desconocen por completo. Afortunadamente para ellos, Paolo Sorrentino posee una maleta llena de llaves con las que nos irá abriendo las puertas de rincones escondidos, pero también turísticos, de la ciudad.

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