¿Qué invadimos ahora?

¿Qué invadimos ahora?

Crítica

Alicia Moore en la Europa de las Maravillas

Por Joaquín Torán

El Michael Moore más tendencioso e histrión se da cita en ¿Qué invadimos ahora?, su último trabajo documental. Moore aprovecha la premisa de su película para marcarse unas vacaciones en toda regla por Europa y el Mediterráneo, en pos de un Estado del Bienestar que extrapolar a Estados Unidos.

El cineasta de Flint (Michigan, 1954) rueda una sátira que, en apariencia, pretende ridiculizar a su tierra y loar a Europa. Es bien sabido que Moore es un firme partidario de la descabellada teoría de que Estados Unidos ingrese en la Unión Europea (mucho nos tememos que, de concretarse semejante dislate, el país norteamericano terminaría por fagocitar y carcomer las estructuras sociales y políticas del Viejo Continente). La defensa de esta premisa se percibe en cada arrebolado fragmento de su metraje, en el que se desvive por los parabienes europeos.

No parece el mejor momento para que Europa predique con el ejemplo, por su nefasta gestión de la crisis de los refugiados, por sus recortes y ciegos «ajustes» en la senda de la austeridad, por el auge imparable, cada día más preocupante, de la extrema derecha. Y sin embargo, la imagen que proyecta Moore del fatigado continente parece más salida del Génesis: Europa es el Edén sobre la tierra, un lugar que dista de ser perfecto pero donde sus ciudadanos viven en condiciones muy saludables. Para adelantarse a las debidas objeciones, en un momento muy temprano de un filme excesivamente largo (dura sus buenos 119 minutos), el director afirma estar interesado en «mostrar tan sólo las flores y no las hierbas». Es decir, sólo lo mejor. Los europeos le debemos de estar agradecidos a Moore por situarnos en el país de las maravillas.

Moore esquiva totalmente a España. Viaja a Francia y luego retrocede hasta Portugal, sorprendiéndose por sus fiestas del trabajo y su legislación laxa sobre drogas. Entre medias de ambos países hay una tierra incógnita, los leones a los que temían los antiguos romanos. España no tiene nada que aportar al discurso de Moore, a pesar de que algunas de las ventajas que coloniza en otros países se practican y predican aquí desde hace décadas.

A pesar de que su documental no tiene ninguna pretensión objetiva, hay que reconocer que Moore mantiene intacto su sentido del humor: su lengua sigue siendo afilada y su mente es muy rápida. Hay frases muy graciosas y momentos desternillantes. El tono es desenfadado, a pesar de la presunta gravedad con la que se pretende abordar la situación de crisis moral de Estados Unidos. Para un europeo concienciado política y socialmente, ¿Qué invadimos ahora? será un entretenimiento ligero y que no debe de tomarse demasiado en serio. Para un estadounidense, el público al que va dirigido el producto, quizás la película incite a la nostalgia; puede que incluso dé ideas a todos aquellos artistas e intelectuales que están considerando abandonar su país ante la seria amenaza de una posible administración Trump.

Michael Moore, armado simplemente con la bandera de las barras y las estrellas, recorre Europa con afán colonizador: su idea de base es la de invadir países sin disparar a nadie ni llevarse el petróleo, y apropiarse de cuanto permita mejorar a su nación. Así, pasa por Italia, Francia, Islandia, Finlandia o Portugal, entre otros, para traerse de vuelta vacaciones pagadas; una alimentación sana para los niños; una lucha contundente contra los excesos bancarios; una jornada laboral de sueldos y horarios dignos; educación universitaria subvencionada por el Estado; un sistema penitenciario inclusivo y que realmente favorezca la reinserción, o un sistema que legalice ciertas drogas sin que los índices de delincuencia se disparen ni aumente la población carcelaria. Moore se sienta ante unas autoridades que, muchos nos tememos, sólo le reciben por ser quién es y por la publicidad gratuita que brinda en el documental a su gestión, y ofrece, suponemos que tras mucho rebuscar, una imagen amable de empresarios que -es muy probable- actúen ante la cámara. Por muchas milongas que cuente el de Flint, este crítico, que conoce bien la realidad de aquel país, se resiste a ver con simpatía a los empresarios italianos, una calaña sin escrúpulos que se cuenta entre la peor ralea de su especie.

Nótese ahora un detalle sutil: en su peregrinar europeo, Moore esquiva totalmente a España. Viaja a Francia y luego retrocede hasta Portugal, sorprendiéndose (con sumo aparato de gesticulación) por sus fiestas del trabajo y su legislación laxa sobre drogas. Entre medias de ambos países hay una tierra incógnita, los leones a los que temían los antiguos romanos. España no tiene nada que aportar al discurso de Moore, a pesar de que algunas de las ventajas que coloniza en otros países se practican y predican aquí desde hace décadas. No será extraño que más de un espectador patrio tuerza el gesto o se le congele la risa cuando tome conciencia de que algunos de los problemas que el director intenta atajar requieren de recetas parecidas a las que está exportando. El desdén de Moore es el ejemplo sangrante y manifiesto de la escasa presencia que tenemos en el panorama internacional, magnificado hasta lo obsceno por el torpe gobierno de Mariano Rajoy, ese señor de provincias que dijo una vez en Nueva York: «denme un puro y me moveré por el mundo». La elección de Italia como país ejemplar para tomarse unas vacaciones pagadas a lo largo de todo un calendario plagado de días festivos, se debe de entender como una victoria del discreto pero muy eficaz marketing diplomático del país transalpino. Matteo Renzi tiene motivos para sacar pecho. Ni siquiera la extemporánea y mentirosa carta de turno del «presidente» español podrá cambiar el hecho de la insignificancia hispánica. A ojos de Moore y del mundo.

El documental se cierra con unas consideraciones sumamente discutibles que sacan a relucir el inevitable patriotismo de Moore. El ubicuo cineasta, encantado de conocerse en todos sus planos, se retrata en unos inacabables minutos finales en Berlín que sirven de epílogo y resumen a sus intenciones políticas y morales. A buen seguro, habrá apuntado unos cuantos destinos para su delicioso exilio en caso de concretarse el Apocalipsis Trump.


 

 

Título original: Where to Invade Next (2015)

Duración: 119 min.

País: Estados Unidos

Director: Michael Moore

Guión: Michael Moore

Fotografía: Jayme Roy, Richard Rowley

Reparto: Michael Moore

 

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