¿Qué es el teatro?

Momento de la representación de Awake

Momento de la representación de Awake

Por Claudia Lorenzo

Os voy a dar información que parece de Perogrullo. Y digo eso porque si veis en la web de La Crítica NYC mis colaboraciones previas al Fringe, está claro que el mundo en el que más cómoda me muevo es el del cine. Hay mucho que no conozco del teatro y prefiero considerar esta cobertura como una serie de crónicas más que de críticas. Primero, porque el poder de las críticas en Edimburgo es demasiado y me parece exagerada la influencia que una opinión puede tener en algo. Segundo, porque como digo, yo sé de cine, pero de teatro no sé tanto. Y, tercero y último, porque a pesar de que un espectáculo pueda ser más o menos fallido, las variantes son infinitas y el trabajo que se encuentra detrás del mismo es mucho más impresionante que la simple puesta en escena. Sobre todo en el Fringe. Así que ahora procedo a daros mi humilde opinión de esponja. Porque si no se pone en pie nada, la única empresa que uno puede tener en Edimburgo en agosto es absorber cuanto más pueda. De todo, hasta del sueño que tenemos y de las ganas de que se largue la gente de la Royal Mile y esta ciudad vuelva a ser normal.

“Awake” es un proyecto creado por Christopher Sivertsen, en el que intenta elaborar una obra alrededor de las enfermedades y de los efectos que tienen en quienes las sufren y quienes están a su alrededor. En general la historia podría describirse como la de un enfermo terminal que tiene que dar malas noticias a su familia y amigos el mismo día en el que estos le preparan una fiesta sorpresa de cumpleaños. Pero la narrativa convencional se mezcla con el baile, la música, los elementos circenses y los movimientos corporales para experimentar alrededor de ese espacio de tiempo, de lo que siente el enfermo, las alternativas que se plantea y las reacciones que vive. En el baño, después de la función (uno de los mejores sitios para poner la oreja sobre recomendaciones y críticas), una señora decía que se había aburrido como una mona. Y algo de eso hay en el medio de la obra. Precisamente porque empieza con una narrativa convencional, cuando los actores se mueven a terrenos más abstractos el público, que intenta darle sentido a todo eso, no se lo encuentra y desconecta. A mí me pasó, hubo un segmento en el centro de la obra en el que me perdí completamente. Tenía la sensación de que, después de todo, me estaban intentando contar algo que yo no era capaz de ver.

Puede que sí, puede que no. Sin embargo, el trabajo físico de los actores, en especial de Siversten, su protagonista, es tan intenso y extenuante que una acaba sintiendo como un enfermo, con sus dolores, angustias y preocupaciones. Las canciones de Maria Sendow, que son lamentos, le ponen a una la piel de gallina y el sufrimiento gratuito de aquel a quien el bicho le come por dentro es extrapolable. Narrativamente, sigo diciendo, no tengo ni idea de qué ocurre entre la primera y la última escena. Emocionalmente yo salí revuelta. “Awake” consiguió hacernos sentir el cáncer desde dentro, lo que me lleva a pensar que alguno de sus objetivos artísticos se ha cumplido.

Y de no entender algo a casi no entender nada. La compañía granadina Vladimir Tzekov (sí, señores, ése es el nombre) presenta en el Fringe el espectáculo “Fantasy n10: The Beauty of Life”. Venía con referencias confusas, entre ellas con la definición del espectáculo como uno de danza. Antes de comenzar, en el programa se nos indica la intención de los artistas de explorar las contradicciones de la vida y las posibilidades comunicativas dentro de ese entorno. Una vez se apagan las luces, más de tres cuartos de hora de imágenes que pueden, o no, tener un hilo (eso depende del espectador) se suceden ante la audiencia. Está claro que el objetivo de la pieza es provocar reacciones. Y digo reacciones, porque no creo que busquen provocar porque sí. La base teórica de lo que exploran en el escenario indica un interés más allá de lo meramente visual. Y todo aquello que se ve es ciertamente incómodo, en ocasiones divertido, en otras confuso, en muchas de ellas repetitivo (un recurso que el público agradece al ser capaz de comprender, aunque sea por un escaso espacio de tiempo, qué está pasando), pero en general algo con cimientos muy interesantes.

Si el objetivo del Fringe fuese traer más de 2.800 espectáculos iguales, todos nos habríamos tirado del North Bridge edimburgués hace dos semanas. Es su eclecticismo y los usos teatrales de técnicas y espacios diferentes los que nos hacen levantarnos día tras día e ir al teatro. Ir a ver “Awake” si se busca un musical convencional, o ir a ver “Fantasy n10” pensando que es danza contemporánea no es sólo erróneo. Es, además, una forma de intentar incrustar algo en una caja en la que no entra.

Y de cómo el teatro, internacional pero también español, se está abriendo paso fuera de esa caja todavía tenemos mucho que aprender los demás. Entre ellos, el cine.