Propaganda en las ondas

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Crítica

Good morning, Vietnam (1987), de Barry Levinson

Por Paco Montalbán

En 1964 los EEUU decidieron apoyar con un envío masivo de tropas, al gobierno de Vietnam del Sur, que resistía el empuje de los comunistas del Norte y de la guerrilla del Vietcong que operaba en el interior del país. Un año después aterriza en Saigón el aviador y locutor Adrian Cronauer (Robin Williams) para incorporarse a la plantilla de Radio Fuerzas Armadas de los EEUU. Con el objetivo de mantener el contacto con casa, conservar el espíritu norteamericano y animar a los soldados, la emisora emitía noticias censuradas, una música plana con sonidos orquestales al modo Percy Faith, Mantovani, o Ray Conniff y alguna aparición esporádica de Paul Anka y Frank Sinatra; hasta el capellán militar tenía su programa. Sus ondas sonoras se propagaban desde la capital hasta los lugares más recónditos de la jungla donde operaban los soldados. La aparición de Croanuer, procedente de Creta donde el general Taylor, al mando de la emisora, había oido sus programas, supone todo un revulsivo. Con su fuerza explosiva, Cronauer despierta a los soldados a las 6 de la mañana con su grito de guerra goooood morniiiiing, Vietnam. A un ritmo vertiginoso, con una rapidez de reflejos inusitada, se inventa diálogos; imita las voces de actores, de cantantes como Mick Jagger o Tina Turner y del propio vicepresidente Nixon; cuenta chistes –“acabo de llegar de Creta donde todas las mujeres se parecen a Zorba”-; recrea dibujos animados, y todo ello al ritmo del rock and roll de la época, que nunca había emitido la emisora. Desde el primer programa se gana a la tropa desplegada por la selva vietnamita, y a todos sus compañeros radiofónicos, salvo a los mandos intermedios –el teniente Hauk (Bruno Kirby) y su sargento primero (J. T. Walsh)- que le recriminan su actitud e intentan reconducirle; pero Cronauer cuenta con el apoyo del general y de los soldados que incluso llegan a fundar un club de fans. Su simpatía se extiende a los civiles y, en sus ratos libres y para conquistar a una vietnamita, enseña un inglés callejero a un grupo de asiáticos. Pero el contacto con la chica y su hermano le hará cambiar poco a poco la visión sobre la presencia de las tropas norteamericanas en Vietnam.      

En clave de comedia trágica, la película contrasta la forma de hacer radio –oficial y censurada versus divertida e informativa-, pero también el punto de vista del americano y el del vietnamita. La preparación del ejército en Vietnam se plasma en imágenes de convoyes militares, lanchas y barcazas armadas, helicópteros, movimiento de tropas y aviones de transporte, sobre las que suenan los ritmos supersónicos de Martha y Las Bandellas, los Beach Boys, Frankie Avalon, Them, James Brown, Wilson Pickett, Las Silhouettes y muchos más artistas que programa Cronauer y que eleva la moral de los soldados. Un viaje al interior con su amigo vietnamita permite captar la belleza del país: planos de la inmensa jungla vietnamita con todas las tonalidades del verde, inmensos arrozales, lluvias monzónicas, exuberantes palmeras y dispersas casas de bambú configuran el teatro de operaciones bélico. “¿Cómo se puede hacer la guerra en la selva? No se ve nada; es como ir de caza con Ray Charles como guía”. Pero a medida que pasa el tiempo la guerra se hace evidente. La ofensiva del Norte y el terrorismo interior del Vietcong es contrarrestado con el envío de 150 000 americanos soldados más y da pie a las imágenes más duras de la película con bombardeos tomados desde el aire, atentados terroristas urbanos, manifestaciones y represión policial, ataques de helicópteros, sacos terreros, ametralladoras, y todo ello mientras, paradoja visual, suena la música más bella de Louis Armstrong interpretando What a wonderful world. Cronauer quiere informar de los hechos pero la censura militar no se lo permite. Memorable secuencia la del partido de beisbol con los alumnos vietnamitas mientras suena el Lets dance.

Robin Williams (1951-2014) destapó el tarro de sus esencias en este papel en el que, a un ritmo frenético, no para de improvisar, de gesticular, de inventar y de parodiar. Fue candidato al Oscar al mejor actor principal, que se acabó llevando Michael Douglas por Wall Street.

Good morning, Vietnam plantea que la guerra no sólo se circunscribe al campo de batalla, sino que se traslada al control de la opinión pública y de la propia tropa mediante la propaganda y, en aquél tiempo, la radio era el canal adecuado. Porque la primera víctima de la guerra es la verdad.

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