Pórtate mal, lucha contra el SIDA, defiéndete

How to Survive a PlagueHow to Survive a plage (2012) de David France

Por Claudia Lorenzo

En un autobús urbano de Park City (Utah), en enero de 2012, conocí a un hombre que tenía problemas de memoria a corto plazo. “Mi madre está convencida de que salí del coma para convertirme en un hombre heterosexual y mormón. Pero yo creo que salí para contar la historia del SIDA desde el punto de vista de alguien que es VIH negativo”, me dijo sonriendo, tras narrarme su vida en Los Ángeles y San Francisco, la historia de sus parejas y compañeros de piso que murieron de SIDA y la tristeza de aquel que, demente por la enfermedad, le envenenó con medicamentos para el corazón y le dejó en coma durante un mes.

En aquel momento, el documental “How To Survive a Plague”, dirigido por el novel David France, estaba a punto de estrenarse en el festival.

France, periodista antes que documentalista, había cubierto el tema del SIDA desde sus inicios y tenía contactos y un conocimiento exhaustivo sobre lo que había ocurrido en Nueva York en aquellos años.  Basándose en el Greenwich Village, epicentro de la epidemia, France escribió y editó “How to Survive a Plague” a partir de más de 700 horas de material de archivo, grabado en los 80 y 90, mayoritariamente propiedad de la organización ACT UP (acrónimo de AIDS Coalition to Unleash Power, o Coalición del SIDA para desatar el poder) y de su grupo escindido TAG (Treatment Action Group, traducido como Grupo de acción para el tratamiento).

El documental nos presenta a nuestros héroes: Bob Rafsky, Peter Staley, Mark Harrington, David Barr y otros muchos activistas que le dieron un vuelco a la historia del SIDA. Cuando a mediados de los ochenta la comunidad homosexual, la más afectada por el virus, decidió organizarse, tenía un claro objetivo: había que mejorar la investigación de medicamentos para curar la enfermedad y había que hacerlo rápido.  Mientras los políticos o la FDA (Agencia de alimentos y medicamentos de Estados Unidos) se dormían en los laureles, tardaban años en aprobar antirretrovirales o no investigaban lo suficiente como para preguntarse qué era lo que necesitaban de verdad los enfermos de SIDA, ACT UP lograba juntar a miles de personas, durante años, para protestar por el trato vejatorio que sufrían los enfermos y para denunciar el poco interés de las instituciones por poner un tope a semejante atropello. No sólo hombres afectados por el virus se unían a su causa, sino miles de supervivientes, rebeldes, científicos o periodistas.

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Estadística 2008

“How to Survive a Plague” se beneficia tremendamente del material que tiene a su disposición. Aunque incluye entrevistas actuales con muchos de los protagonistas de la época, la historia se cuenta en su mayor parte gracias al metraje reciclado, que nos devuelve a los 80 y los 90 y transmite con cada golpe de cámara la incertidumbre que se vivía en aquel tiempo y la ira y las ganas de luchar que tenían los implicados en detener esa guerra. A pesar de lo emotivo de muchas de sus imágenes, France no elabora un documental sensiblón. Las escenas emocionales se mezclan con enrevesadas explicaciones sobre los diferentes fármacos que había a disposición de los usuarios y las críticas de los activistas de ACT UP a cada uno de ellos. Dejan claro que muy pronto se dieron cuenta de que para sobrevivir el mayor tiempo posible, todos debían investigar y aprender qué se estaban metiendo en el cuerpo, y su conocimiento científico y médico fue una de las razones que hicieron que su causa se moviese tanto como lo hizo.

Porque “How to Survive a Plague”, a pesar de ser triste, es muy esperanzadora. El activismo, como tal, tuvo su recompensa y los medicamentos que mejoraron considerablemente la calidad de vida de los enfermos al final aparecieron. El documental es un homenaje a todos aquellos que pelearon por una causa que muchos no pudieron ver. Pero también es un ejemplo. El activismo funciona. Protestar funciona. Luchar por lo que es justo funciona.

En Sundance, “How to Survive a Plague” se fue de vacío y, a pesar de algún premio aquí y allá, a lo largo de 2012 cayó derrotada por la ola de Rodríguez y su Sugarman, también en los Óscar. Es triste, porque lo que “How to Survive a Plague” se merece, sobre todo, es ser vista y compartida, que el público se emocione con la gente involucrada y alabe su cabezonería. Larry Kramer, dramaturgo y miembro de ACT UP, comenta en el filme que “esto es probablemente lo más grande que el colectivo homosexual ha hecho nunca”. Aún no hay fecha de estreno en España.

El día de su presentación mundial yo estaba allí. Al final del coloquio, todo el teatro se puso en pie y gritó la consigna de ACT UP: “Pórtate mal, lucha contra el SIDA, defiéndete”. Todos sabemos que la batalla no ha terminado. Es bueno recordar, sin embargo, que el gran paso que la humanidad ha dado hacia su desaparición fue gracias a estas personas.

Me encontré a Corey, mi hombre del autobús, un par de días después de la proyección. No se acordaba de mí pero estaba interesado en ver una película, y se la recomendé insistentemente. Al día siguiente volvió a la taquilla, donde yo trabajaba, y me preguntó: “¿Tú eres la que me dijo que fuese a ver ese documental?” Asentí. Me miró y dijo: “Muchas gracias”.

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