Poesía grabada en sangre

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Crítica

Sólo Dios perdona (2013), de Nicolas Winding Refn

Por Sara Méndez

Sólo Dios perdona, el último film escrito y dirigido por el cineasta danés Nicolas Winding Refn, es pura poesía. Poesía de color carmesí. Feroz, brutal y a la vez bella, Winding Refn explora una vez más, la condición (in)humana del ser humano dejando al desnudo los sentimientos más oscuros de sus personajes. Seres que buscan venganza, amor y compresión pero todos ellos rotos por la vida, corrompidos por el odio, los celos y el dolor.

Tras el asesinato de su hermano mayor, Julian (interpretado por Ryan Gosling) se ve forzado a vengar su muerte presionado por su manipuladora madre (la maravillosa Kristin Scott Thomas), quien vuela a Bangkok para reconocer el cuerpo de su hijo muerto. Envueltos en el mundo de la droga y la prostitución, las cosas se complican con la aparición de una especie de Dios justiciero (Vithaya Pansringarm).

A pesar de las críticas recibidas en el Festival de Cannes y de las comparaciones con Drive (2011), Sólo Dios perdona es, desde un punto de vista estético, una verdadera obra de arte. Lírica tanto en el ritmo como en la narración, la fotografía, realizada por Larry Smith, cobra especial importancia. Cálida como la sangre, cada fotograma es, en sí mismo, una pieza sublime.

La interpretación de Gosling (con quien el cineasta trabajó en su anterior film) es verdaderamente cautivadora. Su mirada muestra el alma quebrada del niño que fue y la bondad que se esconde tras la violencia de sus actos. A su lado, Kristin Scott Thomas se transforma para dar vida a una madre opresiva y cruel que maneja a su antojo la vida de los que la rodean. Su trabajo como actriz es irreprochable pero su personaje resulta un tanto exagerado.

Al igual que el director coreano Chan-wook Park (autor del film de culto Old Boy), Winding Refn hace de la violencia arte. A pesar de la virulencia de algunas escenas, la brutalidad queda normalmente fuera de plano y muestra únicamente trazos de lo que sucede, o en muchos casos, el resultado.

Los planos a cámara lenta, la música (que hay que reconocer en ocasiones recuerda a la banda sonora de Drive) y los diálogos, escuetos y fríos como la hoja de una catana, son elementos verdaderamente poéticos que junto a la fotografía, ya mencionada, trasladan el cine de Refn a una dimensión superior donde la sutileza es protagonista, y donde la realidad y los sueños se entremezclan de manera sagaz.

La tensión y el desasosiego son sensaciones que acompañan a lo largo de esta especie de tragedia griega donde la venganza se cobra una vida tras otra. Puede que a algunos la historia les resulte un poco lenta pero la belleza del film es, sin ninguna duda, merecedora de ser alabada. Las comparaciones son odiosas y en este caso no hay necesidad de hacerlo. Ambas películas llevan claramente impreso el sello inconfundible del director danés, pero Sólo Dios perdona no tiene nada que envidiar a su predecesora. Al contrario, la poesía que Refn consigue en este film es superior al de cualquiera de sus anteriores obras.