Pocas sorpresas y demasiados sobres

Crónica de los Premios Goya 2013

Por Claudia Lorenzo|Madrid

A la sombra de las nominaciones hechas públicas hace un mes, no se podía pedir a los Premios Goya de este año que sacasen un conejo de la chistera, porque ya sabíamos más o menos lo que iba a pasar. Son de agradecer las pequeñas alegrías, como que Jota Bayona sea el mejor director (aunque yo tengo una gran debilidad por Alberto Rodríguez) o que “Una pistola en cada mano” se llevase el único premio al que optaba, el de actriz secundaria para Candela Peña, una de las más reivindicativas de la noche. También fue de agradecer el monólogo introductorio de Eva H, cargado de ironía y de pullas a repartir, y la versión institucional y dura del presidente de la Academia, Enrique González Macho, criticando el aumento del IVA, los recortes, la televisión pública y las descargas. Lo de la piratería, sin embargo, debería tratarse otro día, ya que la fomenta la mala costumbre española de no pagar si dan algo gratis, pero también la incapacidad nacional de adaptarse a los tiempos y ajustar la oferta a la demanda, mucho más amplia y variada que en tiempos anteriores.

Candela Peña ayer recogiendo su Goya

Candela Peña ayer recogiendo su Goya

Pero vamos a lo que nos ocupa, la ceremonia que celebra un año de cine español. A tenor de lo visto, parece que en nuestro país este año se han hecho tres películas: la que se llevó el dinero, la que se llevó los premios y la de animación:

La que se llevó el dinero, “Lo Imposible”, no es que tenga parte de culpa en la recaudación récord del cine patrio este año, es que la tiene casi toda. De 106 millones, más de 40 le corresponden a ella, dato que parece que se olvida cuando se nos llena la boca con la cantidad de espectadores que hemos tenido este año. Es una película grande, una superproducción, algo a lo que hizo referencia Bayona al subirse al escenario para recoger su premio, defendiendo que “hacer películas grandes no significa ser arrogante, igual que hacer películas pequeñas no significa ser pobre, y España necesita películas grandes, medianas y pequeñas”. Alejandro Amenábar, antiguo niño prodigio del cine español y hoy director consolidado, entregó ese premio en lo que pareció una justa sucesión. Lo imposible también se llevó a casa el Goya a mejores efectos especiales, el de mejor sonido, el de mejor dirección de producción y el de mejor montaje.

La que se llevó los premios, “Blancanieves”, diez goyas, es un proyecto altamente personal de Pablo Berger, que demuestra que el cine español no es un género, sino, simplemente, una nacionalidad, y que el espectro que abarcan las películas de los nuevos directores es más amplio que nunca, incluso cine mudo y en blanco y negro. Ambiciosa y exitosa, “Blancanieves” ha sufrido cierta sobreexposición desde su estreno en San Sebastián, haciéndonos creer que era la única merecedora de premios. Acabó con Goyas a mejor película, actriz, actriz revelación, guión original (por qué no es guión adaptado escapa a mi conocimiento), música original, canción, dirección de fotografía, dirección artística, vestuario y maquillaje y peluquería.

El director de "Blancanieves" Pablo Berger

El director de “Blancanieves” Pablo Berger

La tercera que menciono, “Las aventuras de Tadeo Jones”, otro taquillazo patrio, era firme candidata al Goya a la Mejor Película de Animación pero sorprendió, además, con premios a la mejor dirección novel (pasando por encima de Paco León) y al mejor guión adaptado. Una pena no haber tenido oportunidad de disfrutar más de “O Apóstolo”, otra de las nominadas en su categoría, que ha sufrido una distribución penosa.

Los Goya de ayer, además de por ser la ceremonia reivindicativa que se suponía, en la que la mayoría de los discursos derrocharon elegancia, ironía o ambas cosas (no miro a José Corbacho, que metió su arenga con calzador), destacará por el cambio generacional que tanta falta le hace a nuestro cine. Pablo Berger, Alberto Rodríguez y Jota Bayona ya son cineastas experimentados que no traen su primera película a los Goya, pero que muestran lo que se puede hacer en este país con la narrativa cinematográfica. Es una pena que “Grupo 7”, cine de género en el país, que buena falta nos hace, se fuese sólo con dos premios, el de mejor actor revelación y el mejor actor secundario. Tocaba que se lo diesen a Sacristán, nunca nominado, pero Antonio de la Torre hacía un papelón en el thriller político ambientado en Sevilla. Fernando Trueba, todo un señor, artífice de grandes películas de la historia del cine español, se fue a casa de vacío con “El artista y la modelo”.

Los peores momentos, que probablemente los hubo, no cuentan al lado del gran error de Adriana Ugarte y Carlos Santos, que confundieron el sobre que indica quién gana con aquel que indica quién recoge los premios, en el Goya a la mejor canción. Le dieron el triunfo a “Els Nens Salvatjes”, de Pablo Cervantes, cuando la ganadora era “Blancanieves”. Una pena para “Els Nens Salvatjes”, triunfadora en el último Festival de Málaga, que también se fue de vacío.

Lo mejor de la gala, sin ninguna duda, fue el monólogo de Conchita, la gran Velasco, premio de honor, relatando la frustración que le supuso no ganar el Goya por “Más allá del jardín” y que su sobrina, Manuela Velasco, tuviese uno. También tuvo su puntillo Resines riéndose de su rap del año pasado, un momento vergonzoso que este año el actor llevó con mucha elegancia y unas cuantas piruetas. Los discursos de Maribel Verdú (Goya a la mejor actriz protagonista), Candela Peña (Goya a la mejor actriz secundaria) y Javier Bardem (productor del ganador al Goya al mejor documental) se llevaron la palma en cuanto a reivindicación y clase, mientras que Almodóvar dejó claro, con unos inseparables Carlos Areces, Raúl Arévalo y Javier Cámara, que la máquina de promoción de Los amantes pasajeros está ya a pleno rendimiento.

Julián López, Ernesto Sevilla y Joaquín Reyes

Julián López, Ernesto Sevilla y Joaquín Reyes

El año que viene será un año Almodóvar. Nunca se sabe si sucederá como con “Volver” (riada de premios) o como con “La piel que habito” (escasez de los mismos). Se auguran meses duros  y escasos en cine español y, sin embargo, tal vez precisamente porque vayan a ser menos las películas, una espera que aumente la variedad. Como dijo Eva Hache al finalizar su monólogo introductorio: “No me gustaría irme sin mencionar esas películas que, a pesar de unas críticas maravillosas e interpretaciones fantásticas, no han conseguido ninguna nominación. Lo que pasa es que me sucede como a vosotros, los académicos, que no me acuerdo de ninguna.”

Pues a ver si el año que viene, con tanto fervor por el cine español como tenemos, se nos ocurre echar la vista atrás y acordarnos de todas. Nos vendría muy bien.