Perfección apocalíptica

mad1

Crítica

Mad Max: Furia en la carretera (2015), de George Miller

Por Pablo Álvarez

Si por algo será recordado el presente año cinematográfico es por haber recuperado numerosas franquicias exitosas del pasado para ofrecer sus nuevos capítulos, tales como Jurassic Park, Terminator, Star Wars o Mad Max. De todas ellas era ésta última la que había dejado un mayor margen de tiempo desde el estreno de su anterior entrega, que vio la luz en 1985. Desde entonces, el ansiado proyecto de una secuela sufrió continuas demoras hasta ahora, con un film dispuesto a transportar a las audiencias a toda velocidad hacia un adrenalítico viaje a través de un mundo en el que impera la locura.

En esta nueva aventura, Max Rockatansky (Tom Hardy) continúa su lucha por la supervivencia en un paraje post-apocalíptico. Cuando su camino se cruce con el de la aguerrida Furiosa (Charlize Theron), se establecerá una alianza entre ambos para mantenerse con vida mientras huyen de una amenaza mortal que les acecha pisándoles los talones.

Hoy en día cualquier proyecto de estas características suele suscitar mucha expectación entre los aficionados, y en este caso confluían principalmente dos factores que hacían que las ganas por ver el resultado final se incrementaran sustancialmente. Por un lado, suponía el estreno de un largometraje que llevaba gestándose desde hace años y cuya producción parecía que iba a seguir retrasándose indefinidamente. Por otro significaba el regreso tras las cámaras del artífice de esta mítica franquicia con la que se inició como realizador de largometrajes allá en el año 79. Y es que si hay algo que resulte especialmente elocuente en esta película, es el hecho de que haya tenido que ser un autor como George Miller, de 70 años de edad, el que imparta una lección magistral de cómo hacer un blockbuster a tantos aspirantes con ínfulas. No resulta exagerado afirmar que el trabajo del director australiano en este film es una proeza digna de pasar a los anales de la historia del séptimo arte. Miller orquesta con maestría una sinfonía de imágenes en las que el caos y la hipérbole llevada hasta el paroxismo se conjugan, creando algunas de las mejores secuencias de acción jamás vistas en pantalla. A pesar de la gigantesca escala de las persecuciones y de la cantidad de vehículos utilizados en ellas, cada elemento aparece meticulosamente ubicado dentro del plano consiguiendo paradójicamente una perfecta armonía. El veterano director de fotografía John Seale forma equipo con el realizador para lograr unas imágenes de una innegable belleza plástica, dotando a las vastas localizaciones desérticas de un halo de irrealidad.  A esto hay que sumarle los no menos sorprendentes diseños de producción y de vestuario, que consiguen trasladarnos completamente al implacable mundo de las tierras baldías en el que se desarrolla la historia. Igualmente, la contundente banda sonora compuesta por Tom Holkenborg funciona como perfecto acompañamiento de las escenas insuflándolas de energía.  Pero todos estos elementos no serían suficientes para conformar un nuevo clásico si no fueran acompañados de una trama igualmente efectiva. La aparente sencillez argumental de la cinta encierra numerosas metáforas y lecturas, en la que subyacen temas tan profundos como la sublevación de la mujer dentro de la sociedad patriarcal establecida o el lavado de cerebro al que se ven sometidos los niños soldado.

Tom Hardy se apropia del papel que hizo famoso en su día a Mel Gibson, en una nueva muestra de que es uno de los mejores actores en activo. Su Max resulta tan carismático como desquiciado por las visiones que le atormentan de su pasado, mostrando un nivel de demencia similar al de aquellos contra los que se enfrenta. Pero si hay algo que sorprende en esta ocasión es que el protagonismo principal acaba recayendo en el personaje que interpreta Charlize Theron: Imperator Furiosa. La actriz crea a una heroína fuerte, noble y letal dando forma a un nuevo icono femenino del género que se añade a la prestigiosa lista formada por nombres como Ellen Ripley, Sarah Connor o Trinity. Por su parte, un irreconocible Nicholas Hoult da vida al perturbado Nux con la eficiencia a la que nos tiene acostumbrados, mientras que el papel de villano de aspecto inolvidable recae en Hugh Keays-Byrne como Immortal Joe. Curiosamente Byrne ya interpretó el papel del malvado líder Toecutter en la cinta original.

Cualquier calificativo se queda corto para describir la excelencia alcanzada por Miller con esta obra a todos los niveles. Mad Max: Furia en la carretera no sólo supone una de las mejores películas de acción jamás realizadas, sino que se presenta como un claro exponente del poder cautivador del cine como creador de realidades alternativas, capaces de provocar las más intensas sensaciones en el espectador. Una obra maestra atemporal y valiente, además de un verdadero regalo para los cinéfilos.