Perderse para encontrarse

Crítica

El viaje de Bettie (2013), de Emanuelle Bercot

Por Rau García

Catherine Denueve, actriz parisina de gran personalidad que ha trabajado (desde los 13 años) en películas tan dispares como Los paraguas de Cherburgo, Las señoritas de Rochefort o Piel de asno de Jacques Demy, Belle de jour y Tristana, de Luis Buñuel, El amor es un extraño juego, de Alain Cavalier, El último metro, de François Truffaut, Repulsión, de Roman Polanski, Indochina, de Régis Wargnier, El ansia, de Tony Scott, Pola X, de Leos Carax o Bailar en la oscuridad, de Lars von Trier, o Ocho mujeres, de François Ozon, brillando en todas ellas con luz propia, por citar sólo algunas de las más emblemáticas. Además de por su belleza y magnetismo, destaca sobre todo por su carácter, aunque a lo largo de su extensa carrera también ha hecho papeles frágiles o melancólicos con la misma credibilidad.

El viaje de Bettie (Elle s´en va, título original en francés) es un guión especialmente escrito para ella, un homenaje en forma de historia de ficción, de alguien que parece conocerla bien, no tanto a nivel humano, sino a través de la pantalla, de sus personajes. El espectador cinéfilo podrá descubrir referencias lejanas a algunas de las míticas escenas de la actriz. La directora y autora del guión, Emmanuelle Bercot (Los infieles, Backstage) no desmiente que pueda haberlas, pero afirma que no fue intencionadamente. La misma Catherine Denueve ha reconocido evocarle a Drôle d´endroit pour une rencontré, de François Dupeyron, entre otras. Ya desde el principio de la película, por su forma de filmarla, es evidente la admiración de Bercot por Denueve (antes de mostrarnos su rostro, empieza siguiendo tan de cerca su característica melena rubia que el público casi puede olerla). Da la sensación de que Bettie tiene mucho de Catherine, tanto que a lo largo de la película no conseguí olvidarme de la actriz y concentrarme en el personaje. Pero creo que, en este caso, esto es algo muy positivo. El placer de fumar o la energía y el espíritu libre, independiente y joven que Bettie va recobrando poco a poco son rasgos que coinciden plenamente con la personalidad de Denueve. Además, Bettie es un personaje muy profundo en cuanto a que se nos muestran sus diferentes facetas de hija, madre y abuela. De hecho, la película tiene un fondo muy familiar.

El punto de partida de este viaje surge cuando Bettie (que fue Miss Bretaña cuando era joven), descubre que su amante le ha abandonado. Esto, sumado a que vive bajo el mismo techo que su madre, con la que también trabaja, y que el negocio que regenta, un pequeño y buen restaurante, últimamente le está dando problemas por no estar llevando una correcta gestión, le crea una angustia que tarde o temprano tendrá que explotar por algún lado. Su forma de reaccionar a esta asfixiante situación es huir, pero ella todavía no lo sabe cuando sale por la puerta de atrás del restaurante a dar un paseo en coche para coger aire. Un paseo de varios días que le llevará por caminos inesperados. A partir de ese momento la película se convierte en una road movie con un toque cómico y romántico. Betty conduce su coche sin rumbo aparente y se pierde, pregunta a los lugareños, consulta los mapas de carretera… pero el viaje transcurre verdaderamente en su interior.

Los personajes secundarios que van apareciendo a su paso cobran una especial importancia. La mayoría no son actores profesionales, sino auténticas personas de los sitios por los que pasa Bettie que la directora previamente seleccionó. Por ejemplo, la escena en que el anciano tarda una eternidad en liar un cigarro es una pequeña perla con mucha gracia y verdad. También hace su primera aparición en el cine la cantante Camille, en el papel de hija de Bettie. La música tiene mucha presencia en determinados momentos en los que la letra subraya de manera explícita lo que ya se entiende como metáfora visual, pero obviando esto, es igualmente emotivo (como cuando suena la hermosa canción This Love Affair, de Rufus Wainwright mientras Bettie conduce sin saber bien lo que está haciendo ni a donde se dirige).

Aunque la dirección me desconcertó en algún momento puntual y a veces tuve la impresión de que la historia no tenía ritmo, es una honesta y sencilla película de mensaje optimista recomendable para los enamorados de Catherine Denueve (que se come la pantalla, como siempre), pero sobre todo para las personas que coincidan con la edad de su personaje, unos sesenta y pocos, o le superen. Esto no quiere decir que no la puedan disfrutar jóvenes también, pero el nivel de empatía con la protagonista será mucho mayor (y si se es mujer, aún más), por los temas que se plantean, a veces con dureza, pero siempre con humor. El viaje de Bettie es un canto a sentirse vivo, a reunir el valor para romper con la monotonía y a renunciar a nuestra estabilidad si no nos está haciendo feliz, es volver a permitirse hacer alguna locura de vez en cuando, es darse otra oportunidad, y al amor, es saber aceptar hacerse mayor y enfocarlo como una segunda juventud, tomar las riendas (después de haberlas abandonado) y el tiempo para pensar, para ver las cosas con perspectiva y por tanto, con claridad. Es perderse para encontrase.