Partitura cromática del amor

 Ilustración: Anabel Perujo

Los Paraguas de Cherburgo (1964), de Jacques Demy

Por Laura del Moral

En Les Parapluies de Cherbourg el cine es total. La representación audiovisual de la realidad en la medida del deseo. El color es una figura de énfasis en la historia, para destacar los movimientos de alma de los personajes. Esta película cabe cómodamente en el universo ficticio de Demy, que comenzó a delinear con su primera película, Lola (1960). Demy a menudo comentaba que él “trataba de crear un mundo en sus películas”, en el cual los caracteres y situaciones atravesaran de un film a otro.

Nino Castelnuovo y Catherine Deneuve. Foto: Agnès Varda

Con Los Paraguas de Cherburgo, Demy amplió su mundo ficticio, el empleo tan valiente de los elementos como el color, el papel de las paredes y el uso de la música. Pero destaca también junto a estos aspectos la fuerza de la construcción de un magnífico guión original. Las películas de Demy son autónomas, mundos en sí mismas, con aire melancólico y como una especie de cuento de hadas, cargadas también de vida que desafían a un cierto romanticismo innato. Los Paraguas de Cherburgo es posiblemente la expresión más perfecta de la visión del mundo de Jacques Demy, así como de su calidad de artista.

La música, compuesta por Michel Legrand, hace la historia más verdadera y al mismo tiempo más irreal, más mítica. La tensión entre la belleza escarpada auditiva, emocional, expresiva y simultáneamente la distancia que experimentamos. Los Paraguas de Cherburgo habla tanto sobre el amor como sobre la guerra, “una película contra la guerra, contra la ausencia, contra todo lo que odiamos y que arruina la felicidad”. Ambos jóvenes se enamoran en la ciudad con el trasfondo de la Guerra de Argelia. De hecho la película es una de las escasas producciones francesas que trata el tema aunque sea colateralmente. Aunque la narrativa de Les Parapluies de Cherburgo sea sumamente personal, localizada, y temporalmente específica, provee, sin embargo, de una articulación del cuadro nacional e histórico de Francia a finales de los años cincuenta y años sesenta, ese llamado “colonialismo interno”.

La unión del cine y la pintura es quizá una de las más ricas, el manejo del color referencia a la pintura simbólica y psicológicamente. La pintura y por tanto el color han sido objeto de numerosas reflexiones por parte de los cineastas. Eric Rohmer teorizó sobre la pintura y el color, aspectos que para el cineasta eran de gran importancia. Cada uno de sus trabajos tiene su propia gama de colorido acorde con el ámbito social, atmosférico e histórico de la película, ayudando a la cohesión visual y narrativa de ésta. El uso del color en Jacques Demy es aún más completo. Para él, el color junto con la música es un todo. A través de la pintura y el color que inundan toda su filmografía, nos acercamos más profundamente a los sentimientos y emociones de los personajes.

A la izquierda un fotograma de “Los paraguas de Cherburgo”. A la derecha el cuadro “Mujer leyendo una carta”, de Johannes Vermeer.

Demy crea un mundo en donde el color nos lleva a través de la acción y poseen una lógica interna dentro del desarrollo de la película. Sobre esto escribió el pintor Wasili Kandinsky en su trabajo “De lo espiritual en el arte”. El color, tanto para Demy como para Kandinsky, es uno de los principales elementos junto con la música. Demy solía desarrollar sus escenas en base a planos largos en movimiento con un alto sentido de la composición, muchos de ellos rodados en localizaciones exteriores. La película se basa en el color de los papeles pintados de las paredes y el vestuario de los personajes. Este mundo de colores vivos, llamativos, chillones está lleno de referentes pictóricos, especialmente, el fauvismo y Henri Matisse.

Los colores nos conducen a lo largo de la relación amorosa de Guy (Nino Castelnuovo) y Geneviève (Catherine Deneuve). En la primera parte del film se utilizan colores suaves y dulces como el amor eterno que sienten los protagonistas. El mundo de él se está formado de verdes y azules y el de ella, de rosas, violetas y azules claros. Pero estos colores se transforman a partir de su separación en la estación de tren; serán ahora más oscuros y apagados, grises y marrones que manifiestan la tristeza provocada por la separación. El final de esta historia, un reencuentro en la gasolinera de Guy con su familia, bajo la nieve, es frío y distante. Ya no tienen nada que decirse, ya no queda nada entre ellos. Este momento está lleno de colores fríos y oscuros; blancos, negros y grises, ya no hay esperanza de un futuro en común, ahora un universo les separa.

Jacques Demy, con Los Paraguas de Cherburgo y toda su obra, consiguió construir un mundo propio dotado de sensibilidad, plasticidad y personalidad, en el que unió las bellas artes con el cine, concibiendo así su cine de una forma absolutamente artística.

Trailer original:

Segundo trailer (restaurado):