¿París aburrido?

Laine Mägi & Jeanne Moreau

Laine Mägi & Jeanne Moreau

Crítica

Una dama en París (2012), de Ilmar Raag

Por Christian de González

Estonia se cuela en Francia. “Una dama en Paris” cuyo título original es “Una estoniana en París” quiere mostrar la relación entre países de la Europa del Este con la Europa más occidental. No son los estonianos la típica nacionalidad que uno espera en Francia, pero el cine francés, muy liberal y tirado a las izquierdas políticas y  a la inclusión de diversas gentes, vuelve a explotar hasta el paroxismo su diversidad cultura. A estas alturas, casi un género en sí mismo dentro de la cinematografía francesa.

Con esta película vamos a descubrir que hay un grupo de ciudadanos de Estonia que viven en París y que como tantas otras nacionalidades, se reúnen para añorar su patria. Un nacionalismo inútil que menudea ante la imponente capital de Francia, capaz de erradicar en meses estas diferencias y tragarse cualquier pasaporte. Una vez que se vive en París, se es parisino sin más.

Esa mirada ajena del nuevo paseante es un gran acierto por parte de su director, del cual resulta difícil no imaginar que ha vivido una situación parecida. Anne es una ciudadana de Estonia que recibe una oferta de empleo desde París: Cuidar a una solitaria y empoderada dama de la sociedad francesa. El contraste no resulta tan bestial como en principio nos pueda parecer. Estamos en una película de “clase media” en todos los sentidos. Ni Anne ni esta gran mujer llamada Frida distan tanto. Se intuye que Frida ha vivido la vida al máximo y ya en su senectud quiere seguir haciéndolo. Su pasado no es desvelado pero entendemos que se casó con un rico hostelero que le cedió su gran café parisino, que rompió matrimonios y no desperdició amantes. Ínfulas de una Edith Piaf venida a menos que se conformó con vivir bien, comer bien, vestir bien y recordar lo que es estar viva en más de un escarceo. Y fue uno de los últimos amantes el que ahora le ha buscado una cuidadora de Estonia y procura su bienestar estoicamente, a pesar de los arranques de insolencia infantil de la anciana.

A medida que la película avanza a un ritmo desolador creemos que nos vamos a encontrar con una versión extraña del último clásico del cine francés: Intouchables. De otra manera, con diferente estilo, pero algo parecido. La contraposición de una inmigrante vivaz y una anciana insoportable cuya unión varia la vida de ambos. Pero nada de eso. Aunque desde un punto de vista más maduro, la película no avanzará por esos derroteros, ni por otros. No avanzará; eso es todo. Una mujer que ronda los cincuenta, muy curtida como para dejarse tomar el pelo por una vieja caprichosa y un viejo amante que hereda su café y tiene una paciencia infinita. Y en eso estamos. Parece que Anne la sacará del atolladero, pero no. O si, pero vagamente, tan vagamente como todo el metraje. La película transcurrirá entre tópicos fácilmente identificables en personas con esas características, entre concatenaciones de hechos nada sorpresivos, en frases que uno espera que se digan, como si todo diese igual: los personajes, la interpretación, la película…todo. El indudable potencial que tiene la ciudad, incluso, está desaprovechado. Es una estoniana en París, pero podría haberlo sido en cualquier otra parte. La ubicación es demasiado pretenciosa como para no usarla. Si remarcas una ciudad en un título o tiene un peso en la historia, la ciudad debe significar algo, cosa que aquí no sucede salvo algún plano nocturno resaltable. Ni siquiera con la excusa de salir a pasear en la noche se puede disfrutar de las calles de la ciudad. Una vez más, nada parece importar. Vale este lugar como cualquier otro.

En definitiva, una película sin emoción, insulsa, silenciosa, pausada y con un potencial que ha sido ignorado por completo. Ni siquiera valdrá para los amantes de los medios tiempos y las películas calmadas. La desolación de una clase media hastiada y de una alta que ya no es lo que era. Una pena.