Paréntesis en la realidad

Leonardo DiCaprio & Guillaume Canet

Leonardo DiCaprio & Guillaume Canet

Crítica

La Playa (2000), de Danny Boyle

Por María F. Valencia

Basada en la novela del escritor inglés Alex Garland (Londres, 1970), La Playa (The Beach, 2000) funciona como un filme cargado de símbolos en el que un joven americano, Richard (Leonardo DiCaprio), deja atrás una vida monótona en busca de algo que vaya más allá de lo cotidiano, una aventura que lo lleve a experimentar nuevas sensaciones.

El comienzo en blanco y negro parpadeante  se transforma poco a poco en colores, dejando entre ver aquello que le espera a Richard, su despertar a una nueva vida…y a la muerte. Richard llega a Tailandia para encontrarse con un mundo ruidoso y apabullante. Confirma su hambre de nuevas experiencias al probar sangre de serpiente. Es solo el comienzo.

El filme alcanza un climax temprano -un tanto hitchcokiano– cuando el chico se encuentra con Duffy (Robert Carlyle), personaje decisivo el cual ilumina a Richard y le introduce al secreto de La Playa: un paraíso alejado de los vicios de los comunes y desafortunados que no la conocen, una especie de sociedad utópica. Duffy le hace entrega del mapa. Se forma un lazo entre los dos hombres que no se romperá. Un personaje que acompañará a Richard hasta la tierra prometida, habitando sus sueños y pesadillas. Después de convencer a sus nuevos compañeros de viaje, una pareja de franceses, François (Virginie Ledoyen) y Étienne (Guillaume Canet) de que lo acompañen a la aventura, los tres emprenden un largo viaje, en el que tendrán que nadar kilómetros hacia una isla, cruzar un sembradío de marihuana altamente protegido por un grupo de narcotraficantes locales, saltar un despeñadero considerablemente alto hacia un lago. Una aventura en toda regla.

Después de la dura travesía no tardarán en descubrir que nada es lo que parece. Los habitantes de la isla les reciben y les llevan ante Sal (Tilda Swinton) la líder de la pequeña comunidad. A pesar de tratarse de una sociedad alejada del Sistema, geográficamente porque a la magnífica playa paradisíaca la protegen inmensas murallas naturales de roca, han tenido que establecer un orden el cual ha requerido de cierto tipo de liderazgo y Sal se ha encargado de mantener de una forma algo autoritaria como aprendemos más adelante.

Richard, François y Étienne se incorporan a las tareas de esta sociedad autónoma y paralelamente su relación irá evolucionando peligrosamente mientras vamos conociendo la comunidad y su funcionamiento y no tardamos en advertir el comienzo del declive de aquella sociedad ideal. Boyle nos lo cuenta a través del primer derramamiento de sangre del tiburón del que se jacta Richard de haber matado, después a través de la venganza de la naturaleza cuando otro tiburón ataca a dos de los habitantes de los cuales uno sobrevive pero en terribles condiciones, con un pierna gangrenada y que ocasiona su terrible marginación del grupo. El rompimiento con la armonía finalmente llega con la información de que cuatro jóvenes están en la isla adjunta acercándose cada vez más a su destino, el paraíso. Lo han logrado gracias a que alguien les ha dado una copia del mapa de Duffy. Richard admite su culpabilidad y es enviado por Sal a detener a los foráneos. Comienza un montaje de un DiCaprio delirante tratando de sobrevivir en la jungla, con alucinaciones de video juegos y visiones de Duffy.

The-Beach

Virginie Ledoyen, Leonardo DiCaprio & Guillaume Canet

Richard despierta de su fantasía y decide que es tiempo de marcharse del paraíso que ya se ha comenzado a desmoronar. Los agricultores de la isla aledaña ya no confían que los habitantes de la playa estén guardando el secreto y ponen a prueba la lealtad hacia la causa de Sal frente a toda la comunidad. Y entonces ella demuestra qué tan lejos está dispuesta a ir, y lo que está dispuesta a sacrificar, para mantener el orden. La utopía llega a su final y cada uno sigue su propio camino. Es con la fotografía que Richard recibe de François tiempo después que se nos plantea la idea, no de un paraíso, si no de un universo paralelo, un paréntesis en la realidad que se vuelve la realidad misma por un momento.

Cuando la película se estrenó la crítica consideró que se trataba de un intento mediocre de adaptar una novela tan aclamada como la de Garland, ya que aunque no la definen como terrible, simplemente la describen como sosa y falta de sustancia. El  filme, sin embargo, tuvo un especial impacto en todos los involucrados, deseosos de probar algo nuevo, desde Danny Boyle (director) y John Hodge (guionista) que ya habían trabajado juntos en Trainspotting (1996), el inigualable Angelo Badalamenti (música original) hasta DiCaprio que aún experimentaba el furor de las masas causado por Titanic tres años antes. Pero hay algo clave que Boyle nos quiere decir, con una preciosa cinematografía, más allá de la transición a la vida adulta por medio de una acumulación de experiencias, algo más allá de un triángulo amoroso, y eso son aquellas metáforas que utiliza acerca de nuestra sociedad, la naturaleza del ser humano y su instinto de superviviencia, la búsqueda de la felicidad y el no confundir esa búsqueda con el puro acto de sentir.