El día más feliz en la vida de Olli Mäki

Noquear el corazón

Por Elios Mendieta

Cuenta Norman Mailer que el combate entre Muhammad Ali y George Foreman en Zaire, en 1974, fue el primero que le recordó a una partida de ajedrez debido a la gran cantidad de estrategia empleada por ambos. Por su parte, la vida de Olli Maki, un joven boxeador de la campiña finlandesa, también se parece a un tablero ajedrezado, pero por razones muy distintas a las que cuenta Mailer. Para Maki el único objetivo es ser feliz junto a la mujer de la que se ha enamorado, y para ello no existe campeonato mundial de peso pluma que se lo pueda impedir. Su estrategia vital, en consecuencia, se encamina hacia la armonía total de felicidad y amor.

El director Juho Kuosmanen se alzó con el gran premio de Mejor Película en la prestigiosa sección Un certain regard del pasado Festival de Cannes con esta cinta sobre boxeo en la que, curiosamente, lo pugilístico pasa a un segundo plano. Cuenta la vida de Olli Maki, apodado en el mundillo como el “Panadero de Kokkola” que, tras varios éxitos como boxeador a nivel nacional, es elegido para representar a su país en el gran campeonato mundial de peso pluma. Lo único que tiene que hacer es perder peso, entrenarse y concentrarse. Pero esto último se dificulta ante la aparición en escena de Raija, de la cual declara sentirse totalmente enamorado. Como atacado por Stendhal cada vez que cruza su mirada con la de ella Maki entra en un estado de embriaguez en el que no le importa nada más que la mujer a la que ama. Ni siquiera su estricto entrenador consigue que su cabeza se centre en el boxeo.

Kuosmanen –en su ópera prima- construye un retrato sencillo de la bondad y el amor, donde destroza todos los patrones y los tópicos que se habían dado en las películas pugilísticas a lo largo de la historia: desde la maravillosa Toro salvaje hasta el documental Cuando éramos reyes

Todo lo que el personaje hace a lo largo del metraje parece tener un claro objetivo: ser feliz con Raija. En este propósito, el gran obstáculo es el citado preparador del boxeador –un antiguo campeón mundial del peso pluma que presume de sus fotos con Frank Sinatra-, que emplea en la preparación del joven aspirante métodos que pueden calificarse de “fascistas” en el sentido que Walter Benjamin dejó escrito en La obra de arte en la época de su reproducción mecánica: “la consecuencia lógica del fascismo es una estetización de la vida política”. Y es que, al igual que en cualquier campaña política existe una creciente y cautelosa preocupación por mantener una imagen cuidada del personaje, el entrenador pretende construir el camino hacia la gloria de Maki bajo la luz de los focos, las cenas de gala ante autoridades y patrocinadores, y demás parafernalia mediática, con el objetivo de embellecer un progreso que en Maki se presenta como tortuoso. Es decir, una estetización total de la faceta pública del boxeador, que atenta con la tranquilidad y la ambición vital del “Panadero de Kokkola”.

Por tanto, Kuosmanen –en su ópera prima- construye un retrato sencillo de la bondad y el amor, donde destroza todos los patrones y los tópicos que se habían dado en las películas pugilísticas a lo largo de la historia: desde la maravillosa Toro salvaje hasta el documental Cuando éramos reyes, entre tantos otros. En esta cinta, el héroe no desprende los parámetros acuñados al modelo hegemónico reiterativo y hasta un tanto machista que hasta la fecha han imperado en el cine de boxeo. Aquí, el joven Maki es un héroe en el que la sencillez, la bondad y la cercanía humana se imponen frente a los ataques de testosterona.


 

Título original:Hymyilevä mies (The Happiest Day in the Life of Olli Mäki) (2016)

Duración: 92 min.

País: Finlandia

Director: Juho Kuosmanen

Guión: Mikko Myllylahti

Fotografía: Jani-Petteri Passi 

Música: Laura Airola, Joonas Haavisto, Miika Snåre

Reparto: Jarkko Lahti, Eero Milonoff, Oona Airola, Joonas Saartamo, Olli Mäki, Mika Melender, Raija Mäki, Joanna Haartti, Niklas Hyvärinen, Pia Andersson, Deogracias Masomi, Jarmo Kiuru, Marko Wilskman, Shamuel Kohen, Antti Naakka

Deja un comentario