Nowhere Boy

NOWHERE BOY(2009)

Dir. Sam Taylor-Johnson

Por Genoveva Santiago| Madrid

Es de John Lennon de quien estamos hablando. Abre la película la silueta de un joven colegial corriendo en una ambientación de calles y edificios típicamente ingleses, acosado por gritos femeninos. Estamos hablando, pues sí, de John Lennon, el Lennon de ayer, adolescente, germen del mito, joven promesa, futuro cautivador de masas.

Esta película de fotografía impecable, sobresaliente banda sonora e interpretaciones verdaderamente excelentes, es una joya entretenida, sutil y absorbente, incluso sugestiva, que nos sumerge a modo de drama en esta etapa crucial de la vida del mito, transportado aquí a uno más del común de los mortales, con sus vicios, sus diabluras y sus desgracias. Y es que más allá del hecho de que el protagonista se llame así, “Nowhere boy” no es en sí una película sobre los Beatles, sino un drama humano e intimista bien construido que nos acerca de una manera inacostumbrada al legendario Lennon y consigue que durante los créditos finales, mientras escuchas “Mother”, de pronto adquieran más matices los paroxismos de intensidad y los abismos melancólicos que sobrevuelan las canciones de Lennon. Con una espléndida ambientación en el Liverpool de los años 50, nos sumergimos en la vida de un chaval que se debate entre la rigidez victoriana de su tía Mimi, que le ha criado, y el desenfreno de una mujer libre y descomedida: su madre, que le abandonó. ¿Quién diría que de tal tensión surgiría un genio? El chico intenta descubrir poco a poco qué ocurrió entre sus padres.

Durante la primera parte, el 400 coups particular del joven Lennon, asistimos al despertar de su pasión por la música. Son destacables los momentos subjetivos, muy logrados, como cuando él comienza a aprender a tocar la guitarra lenta y concienzudamente mientras el resto del mundo funciona a cámara rápida a su alrededor. Es magia cómo la música nos mece durante todo el metraje, así como es absolutamente hipnotizadora la interpretación de una Kristin Scott Thomas dura pero amorosa a la par, una Anne-Marie Duff totalmente chiflada pero tan convincente, un Thomas Brodie Sangster interpretando a un sensato y candoroso joven McCartney, y Aaron Johnson en el complejo papel de Lennon, que se lleva el protagonismo absoluto de la cinta.

Podría decirse que es una película de directora, así, en femenino, ya que es innegable que la historia es tratada desde un prisma femenino y no profundiza tanto en la relación entre los chicos de la banda, como por ejemplo sí hace “Backbeat” de Iain Softley, ni encumbra al genio por encima de la historia, como la fraccionaria y desmedida “I’m not there” de Todd Haynes. No, Sam Taylor-Wood consigue que en principio sea irrelevante el hecho de que el personaje sea un futuro miembro de los Beatles, pero poco a poco al sumergirnos en la inestable adolescencia de John, su desequilibrada madre, la severidad de su tía, sus escarceos amorosos, sus travesuras por las calles, sus lecciones de guitarra… De pronto, sin darnos cuenta, hemos comprendido íntimamente la génesis de los Beatles. Hemos asistido a la más tierna infancia de los Beatles, y cómo continúa la historia… eso ya lo sabemos.