No es una comedia romántica cualquiera

Rachel McAdams como "Mary" y Domhnall Gleeson como "Tim" en ABOUT TIME, de Richard Curtis.

Rachel McAdams como “Mary” y Domhnall Gleeson como “Tim” en ABOUT TIME, de Richard Curtis.

Crítica

“About Time” (2013), de Richard Curtis

Por Claudia Lorenzo

Richard Curtis es un clásico de la cinematografía británica y mundial. Tras ser el responsable de los guiones de “Cuatro bodas y un funeral” (1994), “Notting Hill” (1999) y “El diario de Bridget Jones” (2001), se lió la manta a la cabeza y escribió, dirigió y contrató a casi todos los actores británicos para “Love Actually” (2003), que se convirtió en un éxito absoluto. Gusten o no las comedias románticas, y obviando algunos pasajes de esta última película o la totalidad de la secuela de Bridget Jones, innecesaria y nefasta, Curtis es un maestro de la escritura. Combina como pocos logran hacer hoy en día la sensibilidad del romance con la hilaridad de la comedia para ofrecer productos de alta calidad. Por eso, que su última película como director y guionista, “About time” (2013), fuese la proyección sorpresa en el Festival de Cine de Edimburgo llenó a muchos, y entre ellos a esta fan que escribe, de alegría.

A partir de este momento, no tengo claro cómo hacer mi crítica. Hay dos opciones, o bien Curtis tenía la intención de contarnos una aventura en el tiempo y se encariñó con sus personajes demasiado como para hacerles sufrir, o ha creado el MacGuffin de la comedia romántica y ha transformado el chico-conoce-a-chica en una historia en la que nos da igual, pasado un tiempo, que el chico conozca a la chica.

Si el problema es la primera opción, no le culpo. La historia de Tim (Domhnall Gleeson), pelirrojo enamorado del amor, que conoce a Mary (Rachel McAdams) y dedica todos sus esfuerzos y el mayor de los secretos que le desveló su padre (Billy Nighy) a mantener ese amor, es tentadora. El secreto, el gran secreto, es que los hombres de su familia pueden viajar en el tiempo (con algunas reglas de por medio). El objetivo de Tim es conseguir a Mary y, ya que está, arreglar algún que otro problema que se le pone por delante. Dicho esto, os sorprenderá saber que “About Time” no emplea todo su tiempo en la clásica estructura de comedia romántica. Es más, emplea tan poco en ella que parte del metraje se convierte en una tortura para el espectador que crea que, cuando menos lo esperemos, todo se desmoronará. Pero a Curtis le encantan Tim y Mary. Para ser más específicos, a Curtis le encanta Tim, impecablemente interpretado por Domhnall Gleeson, que destila autenticidad, ternura y bondad por cada poro de su piel y de su sonrisa. Que Mary se enamore de él es inevitable. Ahora bien, a media película una se pregunta qué más va a pasar, cuál va a ser el punto en el que la historia dé un vuelco.

Y ahí se descubre el MacGuffin de Curtis. “ About Time” no va de viajes en el tiempo, ni siquiera va de la conquista de una enamorada. La película se desnuda y nos confiesa que no podemos dar marcha atrás a todo pero que sí podemos abrazar un presente al lado de los nuestros, de la familia, de los amigos, de la gente que nos quiere. Curtis, o su estudio, nos han vendido una comedia romántica sobre viajes en el tiempo que muchos no han tardado en comparar con el día de la marmota de Bill Murray, pero nos entregan una historia muy diferente, mucho más costumbrista, más sencilla, alejada de famosas que se enamoran de libreros o de fiestas navideñas llenas de amor por todas partes. Aquí Curtis aprovecha la química de sus actores, como pareja pero también como integrantes de una familia más grande, y disecciona la felicidad, la razón por la que algunos disfrutan de ella y otros no. Siempre enmarcándola en un Londres que claramente le encanta o en la costa de Cornwall en unos paisajes a los que cualquiera se mudaría en un abrir y cerrar de ojos.

El MacGuffin tiene sus problemas. Para empezar, las reglas en principio claras de los viajes en el tiempo empiezan a liarse a la mitad, con una explicación que intenta darles sentido pero que no va acompañada de los actos. Y después, por mucho que nos encanten los personajes, hay una sucesión de escenas que cargan al personal con tanta bondad y capacidad de resolución. Al fin y al cabo, las historias se hacen a base de conflictos y hay un momento en el que esta película carece de ellos. Para acabar, aunque es marca de la casa, la música está permanentemente presente en el filme. Demasiado.

Todo esto lo soluciona sin embargo el cariño del autor por la historia de una familia que disfruta de la vida, una lanza rota a favor de los pequeños placeres y, sobre todo, una conclusión muy emocionante que demuestra por qué Billy Nighy es el monstruo que es y por qué, aunque parezca cursi, el optimismo de Curtis nos conquista una y otra vez.

1 Comment

Comments are closed.