Moral versus amistad en la Viena de la postguerra

Alida Valli como “Anna Schmidt”, Joseph Cotten como “Holly Martins” y
la sombra de EL TERCER HOMBRE: Orson Welles como “Harry Lime”

Critic’s pick

El tercer hombre (1949), de Carol Reed

Por Paco Montalbán

 

Viena, 1947. Finalizada la II Guerra Mundial, la capital asutríaca es dividida en cuatro sectores que son gobernados por cada una de las potencias aliadas vencedoras de la contienda: EEUU, URSS, Reino Unido y Francia. El escritor de novelas baratas del Oeste, Holly Martins (Joseph Cotten), aterriza en la ciudad convocado por su amigo Harry Lime (Orson Welles) quien le había ofrecido un trabajo. Pero cuando va a su encuentro, descubre que ha muerto atropellado por un coche y que ya ha sido enterrado. También descubre que la policía militar inglesa, administradora de ese sector de la ciudad, iba tras sus pasos por ser sospechoso de pertenencia a una banda que traficaba con medicamentos en el mercado negro. Tras interrogar a Martins por si conociera algún dato, la policía inglesa le invita a que vuelva a los EEUU. Pero la acusación del Mayor Calloway (Trevor Howard) y la información que le da el portero del edificio, único testigo presencial, de que en el accidente había un tercer hombre, le estimulan a quedarse y reconstruir los hechos, porque sospecha que su amigo ha sido asesinado. Sobre los escombros a los que ha quedado reducida la ciudad, Martins va contactando con el barón Kurtz, el doctor Winkel y el rumano Popescu, todos amigos de Harry, y con su novia Anna Schmidt (Alida Valli), que es investigada por la policía militar soviética. La trama ya está servida y su resultado es una obra maestra en la creación de los ambientes, la puesta en escena, la caracterización de los personajes, el hilo narrativo o la interpretación artística, y todo ello bajo las notas sencillas pero clásicas de la cítara del compositor austríaco Antón Karas.

Película en blanco y negro, que abarca varios géneros, entre ellos la intriga y el suspense, con estructura clásica y desarrollo lineal del argumento, en la que el espectador va descubriendo con creciente interés, al mismo tiempo que el investigador, el alcance de la trama. La decadencia de la Viena de la postguerra, la capacidad de adaptación a las circunstancias de sus habitantes, la militarización de las relaciones, el intento de poner orden por parte de las potencias y deshacer los vestigios del Tercer Reich, la destrucción de edificios como hito permanente en cualquier parte, el ambiente de los bares y teatros, el afán de sus moradores por recuperar el esplendor cultural perdido, y la existencia en paralelo de delicuencia organizada para sacar provecho de una situación de escasez de cualquier cosa –alimentos, ropa, gasolina, neumáticos, café o penicilina- mediante el control del mercado negro y el estraperlo, marcan el escenario donde se desarrolla la acción. En el desolado paisaje de la ciudad, sobreviven parajes urbanos míticos, como los puentes sobre el Danubio, la noria del Prater o el sistema de alcantarillado de la capital, que son escenarios vitales para sostener, con mayor plasticidad, el hilo conductor de la película. Contribuyen a este estilo de narrar el sobrio vestuario plagado de uniformes militares, trajes oscuros, abrigos, gabardinas y sombreros, que reflejan la realidad postbélica, mientras que la iluminación indirecta, que deforma las sombras proyectadas sobre las paredes y los adoquines del pavimento, configuran una composición en claro contraste lumínico.

El guión es del británico Graham Greene (1904-91), narrador con especial brillantez en temas de la guerra fría, pero siempre dotados de un enfoque moral con el que pretende iluminar la confusión de los tiempos. De hecho, uno de los temas básicos que plantea la obra es si la amistad está por encima de la moral, o de si los gobiernos tienen mayor legitimidad para matar que los hombres individuales, siempre que las víctimas sean desconocidas para los asesinos. Precisamente, Lime justifica su delictiva actividad en el anonimato de las víctimas potenciales y asume la misma legitimidad que los gobiernos para desencadenar unas guerras que los soldados no han pedido. De alguna manera Lime se considera un agitador cultural y sostiene que “en la Italia de los Borgia hubo asesinatos, guerras, violaciones, traiciones, conspiraciones y todo tipo de conflictos, pero floreció el Renacimiento de las Artes, con Miguel Ángel y Leonardo da Vinci. Sin embargo, los suizos, con quinientos años de democracia, paz y prosperidad han inventado … el reloj de cuco”.

La película está plagada de escenas paradigmáticas que más tarde han sido adoptadas en otros filmes. En una de ellas, Harry Lime espera, oculto en la sombra de la noche en el quicio de una puerta y del que solo se ven sus zapatos que lame su gato, a que su amigo Martins se marche. Ante los gritos de este, un tanto borracho porque ha sido rechazado por Anna, se enciende la luz de una casa y el cono luminoso impacta directamente sobre la cara, en primer plano, de Lime. Enmarcado por el sombrero, el abrigo y su bufanda negros, el óvalo de su rostro concentra toda la luz filtrada por la ventana, mientras que la burlona sonrisa con la que Lime recibe a Martins cuando es descubierto, contrasta con todo el estupor de este, que lo creía muerto. Esta presentación del personaje marcó un hito que otros creadores imitarían más adelante.

En otra de ellas, la conversación de los dos amigos subidos en la noria del Prater, por sus encuadres, pero sobre todo por su corrosivo diálogo, marcan uno de los instantes más brillantes de la obra. Pero el momento más mágico es el de la persecución por el interior del alcantarillado de Viena. La capital del antiguo Imperio Austro-húngaro estaba dotada de unas infraestructuras acordes con su importancia internacional, y su alcantarillado es una obra maestra de la ingeniería sanitaria. Las aguas residuales urbanas y las de la lluvia recogida por los imbornales de las calles, son vertidas directamente al Danubio –entonces no había depuradoras-, a través de una red de cloacas que evacúan caudales de distinta magnitud. Mientras las aguas circulan por tramos abovedados, pozos, vertederos, rápidas, la persecución se materializa con todos los recursos disponibles por la policía militar británica e internacional; soldados armados, perros y policías van a la búsqueda de un hombre que huye desesperado. La secuencia dura ocho minutos y se sostiene a base de primeros planos, picados y contrapicados, que permiten visualizar encuadres insólitos, escorzos violentos, miradas angustiadas, ruido de botas, cascadas de agua, ladridos, pitidos, gritos, ecos, linternas, gestos o respiraciones agitadas; el desenlace de la persecución lo borda la imagen del exterior, al nivel del pavimento, con esos dedos que atraviesan los huecos de la tapa metálica de una alcantarilla, y que acarician la gélida atmósfera del sector soviético, donde el fugitivo se considera a salvo; esta secuencia es uno de los hitos más elevados de la cinematografía de suspense.

Por si fuera poco, la apoteosis culmina con el plano final con la cámara situada en la avenida principal del cementerio y con el foco centrado en una figura que camina despacio hacia el espectador, enmarcada por sendas filas de árboles; Anna avanza majestuosa con su gabardina y sombrero hacia la salida, en una perspectiva cónica bordeada por las hojas caídas y los árboles del otoño vienés y, a medida que su figura se agranda y suena por enésima vez la cítara de Karas, Martins, apoyado en una pila de troncos, espera su última oportunidad.

El tercer hombre fue producida por Alexander Korda y David O. Selznick y obtuvo el premio a la mejor película en el Festival de Cannes de 1949. Considerada durante mucho tiempo como una de las diez mejores películas de la historia del cine, la obra es el resultado de la conjunción de varios factores al combinar un guión con fundamento histórico -que preludiaba el inicio de la guerra fría- y con una intriga envolvente, una puesta en escena sobria que resalta los valores de los personajes en unos escenarios reales, un debate moral sobre los límites de la amistad cuando se vulnera la ley, una interpretación impecable, un rodaje dinámico y una banda sonora tan brillante que, sesenta y cinco años más tarde, tiene casi cien versiones en spotify.

Su director Carol Reed (1906-76) había comenzado a rodar en los años treinta y consiguió con esta película su consagración internacional. Formó parte de la unidad fílmica del ejército británico durante la II Guerra Mundial, para el que hizo varios documentales, lo que le proporcionó una información muy valiosa para describir los entresijos militares. Reed también filmó otra obra maestra, El tormento y el éxtasis (1965) película que trata sobre las tortuosas relaciones entre Miguel Ángel Buonarotti (Charlton Heston) y el hiperactivo Papa Julio II (Rex Harrison), obsesionado por pasar a la posteridad por sus obras artísticas –suyo es el encargo de la Capilla Sixtina- en una época en la que el catolicismo se defendía con las armas.

La pareja Joseph Cotten (1905-94) –amigo incondicional en la película, a quien sólo la evidencia más descarnada y el amor hacen cambiar de actitud- y Orson Welles (1915-85) –que encarna a Lime, personaje centrado en sí mismo que no duda en aprovecharse de los demás para conseguir sus objetivos- ya había trabajado junta en el teatro, con la Mercury Company. En el cine coincidieron en películas de este último como Ciudadano Kane (1941), rodada para la RKO y considerada como una de las primeras obras maestras del cine, sobre la vida del magnate de la prensa William Hearst, o Sed de mal (1958) en la que Welles interpreta a un policía corrupto, junto a un policía mexicano Charlton Heston, en una historia de frontera. El personaje de Anna, perdidamente enamorada de Lime y para quien los demás le son indiferentes, está interpretado por la actriz italiana Alida Valli (1921-2006) habitual en obras de Visconti, Antonioni, Bertolucci o Passolini.

La película dispone, además, de un ritmo narrativo tan dinámico –véase el inicio con el planteamiento general hasta la llegada de Martins al cementerio, o la entrevista con el mayor Calloway cuando este le va desgranando las acusaciones a Lime-, y elegante que perdurará a lo largo del tiempo.

http://www.youtube.com/watch?v=asbB8Ikd-GQ