Melodías de Nueva York

Begin-Again

Crítica

Begin Again (2013), de John Carney

Por Claudia Lorenzo

Entre mis cruzadas particulares está la defensa a ultranza de las buenas comedias románticas, las Harrys y Sallys del mundo, que necesitan abogados que hagan entender al mundo que, cuando están bien hechas, son películas igual de maravillosas que los dramas. Ahora que el filme protagonizado por Meg Ryan y Billy Crystal acaba de cumplir 25 años se suceden los artículos que valoran el estado actual del género. La conclusión es catastrófica, pero entre análisis de estrellas, directores y público, todo el mundo se olvida de algo esencial. Las comedias románticas con un buen guión escasean hoy en día. Mucho. Aquellas que son divertidas y juguetonas, inteligentes y emotivas, brillan por su ausencia. Y el género parece que se mezcla con otros para hacerse más popular cuando, si alguien se limitase a trabajar en él con calidad y con personajes decentes y complejos, daría a luz a proyectos que merecen tanto la pena como El lado bueno de las cosas.

Así que me sorprende encontrar entre el marketing de Begin Again que la clasifican como tal, como una comedia romántica ideal para el verano, cuando hacerlo es innecesario y no le hace ningún favor a una historia que se sostiene sola.

Begin Again, obra de John Carney, el mismo director que Once, parece que repite la historia triunfal de los dos personajes que se conocen, deciden crear música juntos, y acaban grabando un disco a lo loco por toda la ciudad. En Begin Again, Keira Knightley interpreta a Gretta, una estudiante británica que se muda a Nueva York cuando su novio Dave (Adam Levine) recibe la oferta de una discográfica. Ruptura amorosa mediante, Gretta se encuentra un día interpretando una composición propia en un bar de Manhattan cuando el recientemente despedido productor de música Dan (Mark Ruffalo) descubre en la desnudez de su interpretación un diamante en bruto. Le ofrece a la cantante un trato que no llega a buen puerto con su antigua discográfica y, desafiando el estado actual de la industria, ambos deciden grabar el disco en la calle. Lo que era una relación profesional se convierte en una amistad profunda entre dos personas que se ayudan mutuamente a superar los baches de su vida mientras se dedican a producir lo que mejor saben hacer: música.

Si el argumento suena tópico e idealista es porque lo es, y ésa es su mejor baza. Begin Again y John Carney nunca dejan de admitir que este filme es un homenaje al artista – que no a la industria- y a Nueva York, un decorado increíblemente aprovechado en todas y cada una de las escenas. Que sus personajes viven alejados de la realidad, en un mundo en el que el músico triunfa sobre las discográficas, y que el verdadero arte encuentra su camino puede sonar demasiado optimista, pero es una argumentación que merece la pena ver y escuchar por la sonrisa que le deja en la boca al respetable. Tampoco evitan mostrarnos, con pura lujuria, todos y cada uno de los rincones más o menos icónicos de Nueva York que llegan al corazón, así como la belleza que se siente al tener el placer de pasear por ella. Y elige presentar una relación diferente a lo que se pueda esperar de una película anunciada – muy erróneamente- como comedia romántica. Tanto Once como Begin Again muestran la influencia de una relación importante en la historia de sus personajes, evitando resolverlas fácilmente según tópicos.

Mark Ruffalo, últimamente casi omnipresente, es siempre una buena razón para acudir al cine, ya sea en Los Vengadores, en donde se acopla a un elenco grandioso, Amor sin control, una historia con fallos en cada giro de guión que, sin embargo, él consigue salvar en la parte que le toca, o The Normal Heart, el telefilme de HBO basado en la obra homónima de Larry Kramer que tiene tropemil nominaciones a los Emmy. Keira Knightley, por su parte, tiene el dudoso honor de polarizar al público en general, pero suele ser buena cuando no muy buena, y aquí logra desaparecer en un personaje que tiene menos potencial que el de Ruffalo pero que ella logra llevar a su terreno. Es probablemente Levine el menos agraciado del elenco, ya que sus intervenciones evocan en cierto modo a su vida real como líder de Maroon Five y su personaje se recuerda demasiado a sí mismo.

Begin Again se disfruta cuanto más están juntos en pantalla Knightley y Ruffalo, cuyas interacciones son interesantes y, simplemente, bonitas. Hay conversaciones que seguiríamos escuchando mucho más tiempo, empeñando los minutos que pasamos mirando a Levine, y, aunque hay diálogos que podrían haber sido algo más pulidos, el resumen general es que verlos escuchar a Frank Sinatra por Times Square es una gozada.

Y la música, si bien no resulta tan memorable como la de Once – qué maldición le ha caído a Carney intentando hacer otra historia sobre un tema parecido-, es suficientemente interesante como para vendernos la pasión de Dan por producirla. Knightley hace un buen trabajo interpretando los temas con una voz imperfecta pero tan delicada que llega al alma, mientras Levine hace de Levine. No se llevará el mismo Óscar que Glen Hansard y Marketa Irglova, pero Begin Again es una historia utópica y mágica, que hace que uno abandone la sala feliz, cantando y con ganas de caminar por la Gran Manzana. Y es una sensación que siempre merece la pena.