Los últimos días del Fringe

Diablito Tango

Diablito Tango

Por Claudia Lorenzo

No sé tenéis alguna amiga africana. Yo, afortunadamente, tengo dos. Cada vez que sé de ellas o que las veo, un vendaval de alegría me revuelve el pelo. Las risas que tienen, los colores con los que visten o la felicidad con la que viven son incomparables. Al menos yo no he encontrado nunca nada igual.

En “Flamenco Global”, el espectáculo de fusión musical del guitarrista Ricardo García, una de las bailarinas, africana, sale al escenario dando saltos y, mientras mueve las caderas, sacude los brazos, se mueve como una loca y no deja de sonreír. Verla no sólo hipnotiza sino que emociona. Dan ganas de unirse a la fiesta en la que se mezclan músicos españoles, senegaleses o nigerianos. García, un veterano ya del Fringe, viene cada año con un espectáculo diferente, pero siempre internacional. En el de este año hay flamenco, funk, danzas africanas, conciertos de Aranjuez y muchas palmas.

En la otra punta de la ciudad, cerca del Haymarket, Javier Cárdenas, Nesrine Belmokh y Matt Baker, todos ellos músicos de la Orquesta de la Ópera de la Comunidad Valenciana, interpretan con Diablito Tango clásicos del género y también de otros. Belmokh, cantante, nos hace saber que la única regla para versionar una canción en su grupo es que el intérprete original esté muerto. Así Carlos Gardel se mezcla con Serge Gainsbourg o Amy Winehouse, mientras el público admira la voz de esta violonchelista de profesión, la maestría con la que Cárdenas, violista en la orquesta, maneja el bandoneón o la técnica con la que Baker improvisa en el contrabajo. Aprovechando su estancia escocesa, Diablito Tango dará tres conciertos en Edimburgo, uno en Glasgow y otro en Birnam. Vista mi experiencia, público no les faltará.

En el centro de New Town, en Merchants Hall, un edificio construido en el siglo XIX que albergaba hasta hace poco a la Sociedad de Comerciantes de la ciudad, Carmen García Lorca pone cada día en pie su monólogo “The Phantom of the Fringe”, escrito por Óscar Guedas. En él, una actriz venida tan a menos que ha muerto ofrece su última interpretación a un público expectante por ver a un fantasma de verdad. Repasando los amores y desamores de su carrera, así como los altibajos que ha sufrido, el “fantasma” se enfrenta a su propia realidad e intenta aceptarla. La obra se beneficia tremendamente del espacio en el que se representa, una antigua habitación con muebles oscuros, chimenea y cuadros viejos, y pone en situación a la audiencia nada más cruzar la puerta.

Al otro lado del pasillo, en la sala de enfrente, Elena Velasco, Maialen Goñi, Ane Fernández y Ane Sánchez interpretan en euskera “7-tik 3”, obra que crearon hace dos años en sus clases de teatro y que, al triunfar en el concurso Misión GT Misioa, organizado por la Tarjeta Joven del Kutxabank, ganó el premio de venir a Edimburgo a ser vista en el mismísimo Fringe. Con sobretítulos en inglés, la pieza cuenta una historia de jóvenes universitarias, compañeras de piso, que se enfrentan a sus problemas personales la noche antes de los exámenes. Discusiones sobre amor, familia, amistad y relaciones se entremezclan en un texto que le resonará mucho a aquellos que vivan en una edad cercana a sus protagonistas.

Ya veis que cuando hablo de producciones españolas no hablo de un solo género inamovible. Todas estas opciones son igualmente válidas y aceptadas en el Fringe, y eso es lo que hace grande al festival. Lo bonito es venir. El jurado está deliberando aun si la parte difícil es mantenerse aquí durante un mes sin parar.

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