Los sinsentidos de la guerra

Benicio del Toro
Crítica

Un día perfecto (2015), de Fernando León de Aranoa

Por Sara Méndez

En una guerra siempre hay otras guerras. Guerras silenciosas que sólo conocen los que están en medio del caos. Guerras sin armas pero igual de dañinas. Guerras que continúan incluso después de haber firmado tratados de paz. Este es el tipo de guerra que plasma Fernando León de Aranoa en su último trabajo, Un día perfecto, basada en la obra Dejarse llover de Paula Farias y protagonizada por Benicio del Toro y Tim Robbins.

En algún lugar de los Balcanes a mediados de los años noventa, un grupo de trabajadores humanitarios trata de sacar un cadáver de un pozo para evitar que contamine el agua que abastece a la comunidad local. Pero lo que a primera vista parece una tarea fácil se convierte en una odisea a través del desierto cuyas estrechas carreteras zigzagueantes les llevan de un lugar a otro en busca de una solución que parece no llegar.

La ingenuidad de Sophie (Mélanie Thierry) contrasta con el distanciamiento emocional de B (Tim Robbins) y de Mudrá (Benicio del Toro), quienes han vivido demasiadas guerras. Como responsable del grupo, Mudrá trata de llevar a cabo su trabajo obviando protocolos que lo único que hacen es crear obstáculos a la vez que intenta evitar a Katya (Olga Kurylenko) con quien mantuvo una relación dos años atrás y quien se ha unido a ellos para hacer un informe sobre el trabajo que están llevando a cabo. A los cuatro expatriados se unen Damir (Fedja Stukan), intérprete del grupo, y Nikola (Eldar Residovic), un niño de diez años que sueña con reunirse con sus padres tras la guerra.

Entre la tragedia prevalece el humor, clave en la película, que de forma enérgica se cuela en cada escena para retratar el dolor y el sinsentido del conflicto bélico donde el protocolo anula a la razón y la irracionalidad al sentido común. Y es que esta es una película que incita a la reflexión. Sin embargo, Aranoa hace un gran trabajo mostrando los pequeños detalles que componen la vida de los personajes y creando una realidad que traspasa la pantalla gracias al talento de los actores y que queda grabada en la mente como si hubiéramos estado allí, luchando con ellos.

Aranoa mantiene el nivel de tensión al límite dejando entrever la muerte a cada paso y creando conflicto en cada escena sin recurrir a explosiones o muertes cruentas, y jugando con la fotografía, realizada por Alex Catalán, cuya gama cromática contrasta con el drama que viven los personajes y cuyos planos generales enfatizan la magnitud del conflicto.

Emocional y sincera, Un día perfecto no habla de héroes sino de personas que simplemente intentan ayudar a pesar de la frustración, de las dificultades y de la soledad.