Los rituales del diablo

Ilustración: Clara Santos

Ilustración: Clara Santos

Por Sara Méndez

Es posible que el cine de Hollywood esté pasando por uno de sus peores momentos, lo cual resulta curioso si tenemos en cuenta la calidad artística de las series televisivas americanas actuales. Por suerte, la originalidad desperdiciada por una industria que se empeña en hacer remakes y súperproducciones sin alma narrativa ha encontrado una vía de escape en la televisión.

En los últimos años se han ido forjando fantásticas historias temporada tras temporada entre las que cabe destacar Breaking Bad, Mad Men o Juego de tronos. A la lista de éxitos se une la serie original de la cadena HBO True Detective, creada por Nic Pizzolatto y dirigida por Cary Joji Fukunaga.

La nueva serie ha fusionado por primera vez el cine y la televisión para crear un producto impecable que ha cautivado a la audiencia no sólo en Estados Unidos sino también en Europa. Con una mezcla perfecta de drama, acción y misterio, la primera temporada de True Detective se divide en ocho episodios de una hora cada uno durante los cuales se va narrando la historia de dos detectives que durante diecisiete años siguen la pista de un asesino en serie que se dedica a sacrificar a mujeres y a niños en rituales satánicos en el estado de Luisiana.

Como si de una película extremadamente larga se tratase, True Detective cuenta con la calidad interpretativa y direccional propia del buen cine. Matthew McConaughey (quien recibió el Oscar a mejor actor este año por su interpretación en Dallas Buyers Club) y Woody Harrelson (a quien hemos visto recientemente en Los juegos del hambre) dan vida a Rust Cohle y Marty Hart, respectivamente. Con un juego de flashbacks que nos traslada del presente a los años 90, True Detective nos va descubriendo la complicada relación entre Cohle y Hart por medio de entrevistas a través de las cuales se van revelando progresivamente las razones que les llevaron a trabajar juntos y los motivos que provocaron su distanciamiento durante años.

Intuitivo y solitario debido a un pasado trágico y al abuso de drogas, Rust contrasta con su afable compañero, quien compagina su vida familiar con algún que otro escarceo amoroso. Pero es precisamente esa dicotomía entre los personajes lo que da profundidad a la historia y lo que nos engancha a la serie. Como escenario de fondo tenemos el asesinato de Dora Lange, en sí mismo intrigante,  pero es la relación que Rust establece entre la muerte de la joven y la desaparición de mujeres y niños a lo largo de los años lo que convierte el caso en una historia apasionante donde la corrupción política y eclesiástica están a la orden del día.

Con una fotografía cautivadora y localizaciones cargadas de significado, True Detective recoge la belleza de los campos de Luisiana y los mezcla con la brutalidad de los crímenes de forma magistral. Y es que tanto los aspectos visuales como los excelentes diálogos son elementos claves para el triunfo de la serie, aunque sin duda lo más atrayente son sus personajes y en consecuencia, las maravillosas interpretaciones de McConaughey y Harrelson.

Ahora que el caso está resuelto, la serie en forma de antología debe buscar nuevos protagonistas que consigan cautivar a la audiencia de las misma forma que lo hicieron Rust y Marty. Los productores ya están a la busca y captura del nuevo reparto pero todavía no hay nada firmado, aunque se especula que el próximo dúo esté formado por féminas. Por su parte, Pizzolatto y su equipo están interesados en lugares remotos y poco frecuentes como base para la nueva temporada de True Detective. Con un formato abierto, la idea del creador de la serie es desarrollar nuevas historias que de alguna manera estén relacionadas con el tono y la esencia que transmite el título de la serie, más que por la narración en sí o el tipo crímenes. Lo que sí se ha establecido es que la segunda temporada no estará dirigida por un solo director sino por varios. Decidan lo que decidan, esperemos que los nuevos episodios estén cargados de la misma sensibilidad artística.