Los recovecos de la memoria

Edwin Honig  (1919 - 2011)

Edwin Honig (1919 – 2011)

Crítica

“First Cousin Once Removed” (2012), de Alan Berliner

Por Claudia Lorenzo

Hay muchas películas hechas sobre la memoria, sobre su pérdida, sobre el Alzheimer. El documental español “Bicicleta, cuchara, manzana”, sobre la demencia de Pasqual Maragall es uno de los más interesantes. Como experimento cinematográfico, y como aventura espacio-temporal, “First Cousin Once Removed” es, sin embargo, algo que deja sin palabras.

Alan Berliner, director de los documentales “Nobody’s Business” (1996) o “Wide Awake” (2006), entrevista aquí al primo de su madre, Edwin Honig, antiguo poeta y traductor de obras españolas o portuguesas de Calderón, Lorca o Pessoa, enfermo de Alzheimer y, probablemente, de soledad. Condecorado por los gobiernos de ambos países ibéricos por su ayuda a la distribución de la cultura de la zona, Honig fue un académico muy exigente consigo mismo y con todos aquellos que le rodeaban, incluyendo sus hijos, con los que mantuvo una relación difícil.

Decir que el documental vive una época interesantísima creo que sería quedarnos cortos. Con el pelotazo del año pasado de “Searching for Sugarman” o “Senna” el anterior, y con “Stories We Tell” que lleva esta temporada el mismo camino (y muy justamente), es interesante analizar la labor de un género considerado como menor que experimenta, analiza, narra y se reinventa constantemente.

Berliner, en su nueva película, pretende llegar hasta el significado de la memoria y de cómo una persona se define por sus recuerdos. Para ello entrevista durante varios días a su familiar, Honig, un hombre que ha perdido totalmente la conciencia de sí mismo. “Sé que he vivido un pasado”, dice, “pero no lo recuerdo”. Al tratar de descubrir a la persona que aún es bajo esa maraña de olvidos, Berliner nos cuenta quién fue Edwin Honig, y por qué merece la pena dedicar hora y media de nuestra vida a su persona.

No es sólo porque haya tenido una historia trágica cuando era niño, historia que se le repitió en la mente una y otra vez mientras aún recordaba. Tampoco porque haya sido poeta, aunque resulta aliviador y escalofriante que, sin ser muy consciente de lo que dice, siga hablando en verso en las entrevistas. Ni siquiera por ver en pantalla algunos de los gestos y expresiones que, inevitablemente, cualquier enfermo de demencia acaba por desarrollar: la mirada perdida, los sonidos guturales, la niñez mental, todos ellos incómodos de experimentar en primer plano.

No, lo interesante de “First Cousin Once Removed” va más allá del personaje y tiene que ver con el narrador de la historia y con el sentido que le da al argumento: la pura definición de qué significa nuestra vida pasada para nuestro yo presente, cómo ha afectado lo ocurrido y olvidado a aquellos que nos rodeaban y que nos rodean. Así como en “Stories We Tell” Sarah Polley analizaba la forma que tenemos de narrar nuestra historia desde un punto de vista particular, y cómo perturba eso al relato, Berliner aquí se pregunta cómo se ve el relato perturbado por no tener ya ese punto de vista particular y saberlo.

Porque lo más triste de la película y de la enfermedad es darse cuenta de la lucidez que posee Honig en sus momentos de demencia, de lo consciente que es del estado en el que está y de lo impotente que se siente ante él. Cuando Berliner le pregunta qué le diría a los miles de personas que verán la película, Edward Honig, responde “Les diría que recuerden no olvidarse de nada más”. Y mientras lo dice mira a cámara, sonríe y sabe de qué habla.