Los olvidados

les_chevaux_de_dieu_2

Abdelhakim Rachi, Hamza Souidek, Abdelilah Rachid y Ahmed El Idrissi Amrani

Crítica

Los Caballos de Dios (2012) de Nabil Ayouch

Por Guillermo López García

Nabil Ayouch (París, 1969) de padre marroquí y madre tunecina plantea en esta película algunas de las causas que llevaron a un grupo de jóvenes del barrio de chabolas de Sidi Moumen (Casablanca) a cometer los atentados en la ciudad marroquí en 2003. Ayouch observa: “Yo recordaba a los habitantes de este barrio como muy pacíficos y abiertos, así que, cuando sucedieron los atentados de 2003, no entendí por qué catorce chicos de Sidi Moumen se habían hecho saltar por los aires. No me parecía posible. Aquellos hechos supusieron un enorme trauma para Marruecos porque se esperaba que fueran obra de terroristas entrenados, llegados de Afganistán o de Irak, y no que sus autores fueran unos chicos de un barrio chabolista del que nunca habían salido hasta entonces.”

Al poco tiempo de los atentados Nabil Ayouch rodó un cortometraje de 16 minutos después de hablar con familiares de las vícitmas, con los supervivientes y con las familias de los autores de la masacre (el atentado más importante de la historia del país, dejando cuarenta y cinco víctimas mortales). Después del primer acercamiento al tema y pareciéndole que faltaba mucho que contar el director regresó a Sidi Moumen: “Volví e hice un trabajo casi de antropólogo: hablé con la gente y me reuní con las asociaciones, porque durante el tiempo transcurrido habían surgido en el barrio numerosas iniciativas como reacción a los atentados. Además, compré los derechos de adaptación de libro de Mahi Binedine Les Étoiles de Sidi Mumen, cuyo enfoque era el mismo que el de la historia que yo quería contar.”

Los chicos de la película no aparecen practicando ningún tipo de religión hasta que tienen 20 años. Pasan el día en la calle, jugando al fútbol, bebiendo, trabajando en oficios miserables y mal pagados, siendo abusados por alguien más fuerte que ellos, de broncas con la policía o escuchando música. La vida que todos estos chicos de un barrio pobre de Casablanca, Marruecos, llevan en la infancia y adolescencia no se diferencia de la puedan experimentar cualquier otro grupo de chavales de barrios pobres en cualquier otra parte del mundo. No tienen esperanza de una vida mejor, no imaginan un mañana y su presente lo ocupan tratando de sobrevivir en un entorno hostil.

En la película es el hermano mayor, Yacine (Abdelhakim Rachid) el que pasa un tiempo en la cárcel, dónde conoce a otros hombres que le empujan a cambiar de rumbo, a dedicar su tiempo a Alá y abandonar su estilo de vida. Es la cárcel -la institución que les debe reformar- la que sirve de espacio para que personas que nunca se habían planteado una forma de vida dedicada a la yihad conozcan a líderes de diversos grupos que los inician y preparan para que después ellos puedan volver a sus pueblos y adoctrinar a otros jóvenes. Es Yacine el que al salir de prisión arrastra a su hermano pequeño, Hamid (Abdelilah Rachid), y a su grupo de amigos de toda la vida a unirse al grupo fundamentalista local.

¿Y cómo se logra convencer a los chicos de los poblados sin interés en política y religión para que se unan a la guerra contra Occidente?, pues ofreciendo una visión dignificada de su pueblo, de su cultura y sobre todo del Islam. La única vía para la ‘reinserción’ es respetar al pie de la letra las enseñanzas del Islam (su interpretación más radical). Pasar a formar parte de un grupo que lucha por los intereses de sus semejantes, que les presta dinero en momento de necesidad, les da de comer a ellos y a sus familiares, les hace sentirse renovados, purificados y con un sentido vital que antes no tenían. Ahora son parte de algo, y de algo grande, que además les ayudará a tener una vida de ensueño cuando mueran y se conviertan en mártires.

Al fin y al cabo Europa lleva años dejándoles de lado, impidiendo su entrada, torturándoles e ignorando sistemáticamente los problemas políticos de los países árabes. La forma de vida Occidental está en decadencia, la falta de referentes y la ausencia de interés por la promoción de la integración dejan a los más necesitados sin un modelo al que aspirar, aparecen entonces los radicales para llenar el vacío.

Al principio la película llevaba el mismo título que el libro pero el director consideró que podía interpretarse como una idealización de los kamikazes. El titulo definitivo viene de un texto sobre la yihad de la época del Profeta: “Volad, caballos de Dios, y las puertas del paraíso se abrirán para vosotros”. Esta frase ha sido incluida en numerosas ocasiones en la terminología yihadista moderna por Bin Laden y en sermones televisivos.

Los Caballos de Dios es una película fundamental para comprender un poco mejor los orígenes de los terroristas que vemos todos los días en televisión y a los que solo podemos poner nombre y rostro (en el mejor de los casos) pero de los que no sabemos nada y que representan a organizaciones como Al Qaeda o ISIS pero que son víctimas de un modelo social que tarda demasiado en reaccionar, que es injusto y que no proporciona las herramientas adecuadas para la integración de tantos millones de jóvenes sin futuro a lo largo del planeta. Algo estamos haciendo mal y el tiempo se está acabando.

Deja un comentario