Los lobos de Wall Street

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Crítica

Inside Job (2010), de Charles Ferguson

Por Claudia Lorenzo

No sé vosotros, pero yo recuerdo ver Margin Call en casa con mi compañero de piso y quedarnos los dos mirando el uno para el otro alucinados, en parte por el terremoto económico que acababa de organizar una sola institución financiera, y en parte porque todos los términos técnicos estaban pasando por encima de nuestra cabeza como si nos hablasen en chino. Ya mi profesora de secundaria se desesperaba bastante cuando intentaba explicarnos en qué consistía exactamente la Bolsa y nosotros creíamos que nos llevábamos la lección aprendida y comprendida hasta que intentábamos “contarlo con nuestras palabras”.

Inside Job es un documental que pretende contarle a un ciudadano no ducho en finanzas qué narices ocurrió en 2008 para desencadenar toda una crisis de dimensiones epopéyicas que aún seguimos sufriendo. De hecho, la película retrocede a los años 80 y la desregularización del mundo financiero a manos del gobierno de Ronald Reagan para analizar todos los excesos cometidos después y los desequilibrios económicos entre aquellos que causaron la crisis y se fueron a casa de rositas y los que llevan seis años pagándola, con más o menos suerte.

Estrenada en 2010, es interesante ver hoy en día Inside Job como contrapunto a la última obra maestra de Martin Scorsese, El lobo de Wall Street, aunque sólo sea para intentar multiplicar el cabreo de la audiencia por mil. Si bien el documental llena la pantalla de cifras de millones de dólares que se usaron para especular y para enriquecer a los arriesgados banqueros que jugaron con el dinero del resto, el retrato personal de tres horas de Jordan Belfort aparece, desde el fondo de nuestra memoria, y explica exactamente qué hacía la gente con esos billones ganados y tirados a la basura. Y sí, yo soy la primera enamorada de Leonardo DiCaprio en ese filme, pero el mundo que retrata es repugnante.

Inside Job no es un documental amable porque, aunque hace un llamamiento final a la lucha del ciudadano de a pie, tiene un tono bastante deprimente, indiscutiblemente el que requiere la situación. Las entrevistas a algunos de los implicados en el descalabro económico son indignantes porque, además de demostrar la cara dura y el absoluto desinterés de esta gente por las consecuencias de sus actos, les revela como tipos poco astutos, poco rápidos mentalmente. Lo que quiere decir que para conseguir engañar a un pueblo entero, para manipular gobiernos, economías y empresas, se necesita una inteligencia bastante escasa. Es divertido, o tremendamente triste, asistir a las contradicciones de estos señores declarando ante tribunales de justicia o respondiendo a las preguntas del propio director. Al final, la respuesta a la que todos acuden cuando se ven acorralados, como buenos matones de colegio, es la indignación, la amenaza, o el puro berrinche. “Apaga la cámara”, “sólo le quedan tres minutos de entrevista”, “esta charla ha sido una tremenda pérdida de tiempo”, etc, son algunos de los argumentos usados por los entrevistados que se revuelven atrapados entre su silla y la cámara.

Inside Job era, seguramente, un documental interesante de ver en 2010, cuando se estrenó, porque aún existía alguna esperanza de que alguien cogiese al toro por los cuernos y se enfrentase a la situación. El propio director admitió que su voluntad al explicar todo el asunto, presentarlo de forma tan jugosa e indignante, y ponerle nombres y caras a los culpables, era que la gente lo viese y se indignase para, posteriormente, actuar en consecuencia. Desafortunadamente, ahora en 2014 es un documento algo descorazonador. Ver cómo todos aquellos que desfilan por la película han salido indemnes de la desgracia que organizaron hace que la sangre bulla pero también hace que mucha gente vuelva a reflexionar sobre las causas de lo ocurrido y siga buscando opciones a salir de este embrollo de alguna otra forma. Porque necesitamos que exista una alternativa.

Inside Job no es un documental para ver exclusivamente, es una película para pensar, analizar y utilizar como alimento para la reacción. El éxito de Inside Job no es su Óscar, ni su taquilla. Es que se ha convertido en un documento histórico para propagar el cambio. Hay que verlo siempre.