Like a complete unknown…

le weekend dentro

Crítica

Le Week-end (2013), de Roger Michell

Por Laura del Moral

Le Week-end son dos actores, Jim Broadbent y Lindsay Duncan, y París de fondo como un tercero. Melancólicos, cómplices y nostálgicos. Un matrimonio que lleva treinta años unido y que aún se sigue redescubriendo. A pesar del tiempo aún queda mucho en ellos de su quizá añorada juventud que bien podría ser la de aquel París de los años 60, con claras referencias al cine francés de aquella época desde el título hasta la escena final en un abierto guiño a la película de Jean-Luc Godard, Banda aparte (Bande à part, 1964).

París ya no el mismo para ellos, se miran y sonríen con nostalgia escuchando las letras de Bob Dylan y el Pink Moon de Nick Drake. Le Week-End explora los acontecimientos agridulces y en parte menos glamurosos de una larga relación, en la ciudad de la luz, en medio de un fin de semana en un país extranjero, arraigados y compartidos por dos amantes, cuya especificidad alcanza una gran universalidad.

El guión de Hanif Kureishi refleja su sensibilidad como dramaturgo; la película a menudo se despliega como teatro cinematográfico, con un lenguaje que trasciende por su honestidad y por los actores a la hora de transmitirla. Meg es la que mejor sabe expresar su falta de satisfacción, aunque los dos tienen sus desilusiones y sus desesperanzas; aún sueña con hacer muchas cosas y se siente anclada en el presente. Nick, al mismo tiempo y de una manera más interiorizada, también vive su propio proceso de autoanálisis y reflexión sobre lo que ha sido su vida como profesor, como marido y como hombre. La rutina, las responsabilidades, las renuncias, las posibles relaciones con otras personas pesan demasiado sobre este matrimonio desilusionado y al mismo tiempo con una enorme complicidad que solo parece posible con el tiempo, una vez alcanzada la madurez. Las dudas, los rencores, las frustraciones y los temores están presentes pero también la inmensa necesidad del uno por el otro.

Nos adentramos en el film a través de una serie de secuencias que producen cierto aturdimiento para ir derivando en una proyección más serena, en una evolución paralela a la que experimentan sus personajes, una especie de viaje de la confusión a la calma, todo ello con diálogos llenos de ironía, a veces tiernos y a veces terriblemente dolorosos. Dos personas en un intento de recuperar lo que fue (o lo que no pudo ser) pero que para ello tendrán que aceptar lo que es, el presente, pero también tener certeza de todas las oportunidades que aún les esperan. Un tercer personaje, interpretado por Jeff Goldblum, aparentemente satisfecho con su vida y lleno de éxito, aparecerá como el necesario impulso externo que en tantas ocasiones hace falta para abrir los ojos a las personas, será el catalizador que devuelva la ilusión a esta pareja.